De la evolución (II)

•Octubre 15, 2009 • Dejar un comentario

Hace poco vi un debate entre científicos que estudian la evolución de las especies y un grupo de personas que defienden el diseño inteligente. Lo vi por You Tube. A continuación pongo la primera parte. El debate entero es de aproximadamente 75 minutos dividido en ocho partes. Vale la pena verlo.

Hace años de ese debate. La ciencia biológica ha avanzado mucho desde entonces. Nuevos y emocionantes descubrimientos han aparecido desde los últimos diez años, y la humanidad se beneficia en la medida en que comprendemos nuestra relación con nuestros ancestros.

Otra cosa muy diferente ocurre con el creacionismo. No pretendo discutir acá la veracidad de dicha corriente ideológica, porque obviamente no la tiene. Pero, ¿por qué es que una idea tan descabellada se mantiene en pie, con tanta fuerza, a pesar de que ella misma cae por el peso de sus ideas?

Aparte de los intereses políticos que se benefician por mantener esta idea en pie, también cabe decir que dicha tendencia sobrevive debido a las dudas que puede generar la evolución de las especies en un lego, todo combinado con un apego a una ideología fantástica, sea religión, ufología o qué se yo, que explica mágicamente aquello que por métodos científicos aún somos incapaces de explicar.

Observen este debate y otros similares que circulan por You Tube. Los defensores del diseño inteligente basan su tesis en una cantidad de exigencias de explicaciones a los científicos. “¿Cómo explican la evolución de un ojo?”, “¿Cómo explican lo del banano?”… Cuando dichas preguntas son rebatidas debidamente otras toman su lugar, todo para reducirlo a un “¿Cómo lo sabes?”

En otras palabras, es una combinación de misticismo y el dios de los huecos (o Deus Ex Machina, o Argumentum Ad Ignorantiam).

Pero, en fin, esas son mis conclusiones. Siéntanse ustedes libres de sacar las suyas propias al ver estos videos y tratar con los defensores de aquella idea.

15 de octubre

•Octubre 15, 2009 • Dejar un comentario

Cambio de tercio para esta ocasión. Un hermoso mensaje de un gran científico, para variar. A veces necesitamos ver las cosas desde otro punto de vista para recordar hacia dónde vamos, o qué pretendemos.

Ver Medios

Respuesta a un fanático

•Octubre 15, 2009 • 4 comentarios

Mi padre siempre me ha inculcado una sencilla frase: “el fanatismo es la antítesis de la propia fe”. No necesariamente la fe religiosa, sino lo que los humanos sostenemos como la “creencia sobre aquello en lo que no hay ninguna evidencia”. Podemos tenerle fe a un extraño para que nos acompañe a la casa, tener fe en que no caiga gota de agua alguna del cielo, en fin, infinidad de cosas.

El fanatismo, por otro lado, esa vejación al intelecto, la arremetida irracional contra la esencia del hombre, siempre se puede ver como inmoral. Sólo fue hasta mi época de universitario (en mi ingeniería industrial, mi periodismo y comunicación social, incluso en mi maestría) en la que pude vislumbrar este terrible mal que esparcen los maliciosos y acogen los ingenuos y débiles de mente.

Un lector podría inferir por el título de este post que pienso responder a la acción de un fanático mío. Nada más alejado de la realidad. En este caso se trata de un fanático a una ideología paquidérmica, retrógada y retardataria.

El nombre de este fanático es Opus Prima. Algunos quizá hayan visto su blog, en el que se encuentran escritos inspirados en la doctrina católica más exasperante, esa que sólo puede entregar el Opus Dei. Aquellos que han tenido la gratificante experiencia de llevarle la contraria (no muy difícil) se han encontrado con diversas evasivas, incluso, en los peores casos, la eliminación de comentarios o, algo que es infinitamente peor y una auténtica falta de respeto y educación, la edición de los mismos.

Hace poco escribió un tema con respecto a la homsexualidad, puntualmente sobre una aglomeración de la comunidad LGBT en la ciudad española de Zaragoza. En él se puede apreciar términos peyorativos con respecto a esta tendencia como “trastorno” o “patología” y términos que apuntaban a la inmoralidad de dicho comportamiento.

Tras una discución en la que debidamente se le señalaron las falencias de su argumento, y una reiterativa y sistemática alteración y supresión de comentarios que harían enrojecer de la envidia al séquito de Chávez, se decidió por crear una entrada que él mismo calificó de “pura ciencia”. En ella se señalaron diversos estudios con respecto a la homosexualidad, así como lo poco fructífero que ha sido desde el campo biológico darle explicación a esta singularidad, pero el grueso del artículo supone señalamientos desde la bioética y el juicio de la moral cristiana.

Facsímil de la respuesta a un fanático

Facsímil de la respuesta a un fanático

Yo, consciente de que la razón se encontraba de mi lado, puse a continuación el siguiente comentario:

Interesante, sin duda. Me impresiona también que te hayas quedado despierto hasta tan tarde invirtiendo esfuerzos en el blog.

Vamos, entonces, por partes. Enuncias en tu escrito que hay tres posibles motivos de la homosexualidad, la decisión personal, la que se da por influencia cultural y la que tiene que ver con el origen biológico. Por ende, si vamos a hablar de una posible patología (aunque ni siquiera en tu escrito se denomina así en ese particular caso) sería la última, pues las otras dos, como bien debes saber, son juzgadas a la luz de una moral o una ética determinadas. Tú, por ejemplo, por tu trasfondo cristiano, lo consideras negativo, como lo haces acá:

Cada una de estas interpretaciones desarrolla una interpretación distinta de la homosexualidad; en el primer caso es culpable, en el segundo es una marioneta de sus tendencias alteradas y en el último caso padece una influencia externa negativa.

Ahora, si nos enfocamos estrictamente en el ámbito del estudio biológico, o de aquello que diferencia a un homosexual o a un heterosexual, no vemos en ninguna parte el uso de la palabra “patología”, salvo unas cuantas apelaciones a diferencias que, aunque existentes, son difícilmente concluyentes con respecto a este tema. Lo podrás apreciar en tu propio escrito, el cual, por cierto, bastante diverso con opiniones citadas de filósofos, psicólogos y otros estudiosos de variadas áreas.

Podemos apreciar sin embargo, en el muy completo estudio que se puede apreciar en el trabajo de María Barinaga, Is homosexuality biological?:

Es improbable que un rasgo tan vago, inexacto y difuso como la orientación sexual esté determinada por un solo gen o que la homosexualidad sea el producto de un grupo único de factores.

Los datos disponibles permiten concluir que la homosexualidad no es un estado de intersexualidad, y que esta concepción parece ser el resultado de una aproximación cultural.

La información disponible indica que se conoce poco sobre los factores biológicos involucrados en la predisposición de la orientación sexual y la forma como actúan a nivel cerebral y como interactúan con los factores de crianza.

Hasta la fecha las investigaciones han tratado de encontrar diferencias anatómicas y funcionales entre heterosexuales y homosexuales. Sin embargo, sólo han mostrado diferencias consistentes entre hombres y mujeres.

Sin duda, se necesita mayor claridad conceptual para adelantar y profundizar en la investigación sobre los factores predisponentes de la orientación sexual y sus múltiples implicaciones en otros contextos, como el psicológico o el social.

Tal vez sea preciso mirar el tópico desde la perspectiva evolutiva que considera los aspectos positivos de la homosexualidad para la conservación de la especie y estudia la interacción de factores constitucionales predisponentes con factores ambientales.

El establecer las bases biológicas para la homosexualidad no eliminará las connotaciones sociales negativas sobre la misma a corto plazo, pero permitirá una mejor comprensión de la conducta sexual humana desde la perspectiva médica.

Ahora, yendo al lado psicológico, apreciamos que, como te he dicho en ocasiones anteriores, la OMS excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud en 1990, y que la Asociación Americana de Psiquiatría hizo lo propio mucho antes, sacándola del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en 1973.

Eso nos deja, entonces y siguiendo la línea de pensamiento que has expuesto en tu escrito, con la decisión personal o la influencia cultural. Por supuesto, y espero concuerdes conmigo, en ninguno de esos dos casos puede llamársele trastorno, patología, enfermedad o algo parecido.

Eso sí, y como apunté antes, se puede juzgar (o prejuzgar, si alguien deseara) desde un punto de vista moral, ético, religioso, ideológico… tú nómbralo.

Pero sí, interesante tu escrito, sin duda.

El comentario fue borrado.

Al percatarme de ello, comenté “muchísimas gracias por borrarme el comentario. Tú pásalo bien en la llanura de la ignominia y la lesión al conocimiento”. Lo realmente patético es que este mismo comentario fue editado, dejando sólo la segunda oración, seguida de una verborrea enfermiza de su parte, por supuesto, haciendo creer que eso fue lo único que quise decir. Lamentable.

Para completar, tuvo el descaro de escribirme a mi correo, donde sólo espero recibir cosas serias, y me advierte lo siguiente:

Apreciado amigo, si borré tu comentario es por la hipocresía con la que actuas, ¿rigor académico? Por supuesto que no tienes ninguno, y todo aquello que no aporta nada, piense igual o diferente, lo suprimo. Desde la ignominia en laque actúo estoy con todo el derecho de hacerlo. Sigue con tu blog y con tu amigo anarel, otro sabio intelectual. Saludos.

Me llama hipócrita un tipo que es incapaz de escribir un párrafo completo sin contradecirse.

Si algo me molesta es que este individuo venga a decirme lo que es el rigor académico, donde la investigación es crucial. Él, que se conforma con elucubraciones fiolosóficas ignorando el elemental deseo de la aspiración al conocimiento. Yo, en cambio, me he partido el lomo la última etapa de mi vida haciendo periodismo investigativo en un país donde difícilmente se puede ejercer esta noble profesión.

Me causó curiosidad fue que mencionó a Anarel, propietario del blog El Rey Carmesí (otrora Oscuridad Carmesí). ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

Mi respuesta, por supuesto, no se hizo esperar, por muy indignado que estuviera.

Ahora resultaste comediante. Encuentras cualquier excusa para quitar todo aquello que sea contrario a tu ideología enfermiza. Me causa gracia que hables de rigor académico cuando tu propio blog es una monumental oda a la mediocridad, y con actitudes así es que lo confirmas. Hipocresía es decir hablar de parte del saber y el conocimiento cuando sólo hablas de estupideces como la homosexualidad.

Por cierto, me da igual lo que pienses de Anarel. Es más, llámalo como quieras. Se nota que estás tan fastidiado con él que lo ves en cualquiera que te lleve la contraria, o que comente en su blog. A duras penas me hablo con él, salvo uno que otro esporádico comentario en su blog, pero lo bueno de él es que tengo la certeza de que no va a censurar comentarios que son bastante constructivos, a diferencia tuya, que emulas a Goebbels hasta en la prosa.

Tú sigue también con tu blog de ideología supremacista. Lo último que oirás de mí será la publicación de la respuesta que tan descaradamente censuraste. Una vez demuestras que una discusión bien entendida contigo es imposible, y que no dejas de ser más que un fanático religioso.

Un saludo, y mucha suerte con la ignominia, porque la vas a necesitar.

PD. Un último consejo… redundancias como lo de “sabio intelectual” sólo remarcan tus asombrosas limitaciones intelectuales, ya de por sí obvias. Evítalas… o mejor no, porque desentonaría con el blog.

La dirección de correo del destinatario se ha ocultado, en respeto a los más elementales derechos a la intimidad

La dirección de correo del destinatario se ha ocultado, en respeto a los más elementales derechos a la intimidad

De más está decir que la dirección correo electrónico del susodicho ya está en la sección “spam” del mío. Allá sus mensajes se encontrarán con otras diatribas de su calaña. Por mi parte, nunca más volveré a su blog. No me interesa. No más enlaces a ese sitio para ilustrar una idea. No lo merece. Lo que realmente me causa gracia de todo esto es que la defensa de la homosexualidad no es de mis mayores intereses, salvo lo que una mente socialmente responsable ordenaría. Sólo conozco a un homosexual declarado y me cae como una patada en los testículos.

¿Qué aprendí de todo esto? El fanatismo se presenta con muchos rostros, pero en su fundamento coinciden en prácticamente lo mismo: una reacción alérgica hacia cualquier cosa diferente; el uso de nimiedades y excusas para justificar su pensamiento o su comportamiento; un apego irracional a una ideología que al final diluye la humanidad del individuo, difuminándola en el trasfondo de sus violentas querellas.

Recomendaría a personas como Anarel, que suelen vejar y burlarse del pensamiento de este tipo de personas, que invirtieran su esfuerzo en fijarse en temas que realmente valgan la pena: prestarles atención a estas corrientes es otorgarles relevancia. Bien decía Oscar Wilde, “prefiero que hablen mal de mí a que no hablen en absoluto”.

¡Qué cosas! Una frase célebre de un homosexual.

Mensajes a un Nobel

•Octubre 11, 2009 • 3 comentarios

Entre la carta enviada a Barack Obama por el cineasta estadounidense Michael Moore y la reflexión que hace José Saramago en su blog con respecto a la entrega del Nobel de Paz para el líder de la “primera potencia del mundo”, uno podría intuir que durante años no ha habido un depositario de tantas esperanzas de tantos y tantas.

Con una popularidad en su propio país que desciende día tras día por medidas que provocan polémica, en especial en los sectores más conservadores, la relevancia de Obama trasciende aún más con este homenaje.

Me pregunto yo entonces, ¿cómo se tomaría la gente una guerra contra Irán, o un recrudecimiento del enfrentamiento en Afganistán, por ejemplo, ahora que se cumplen nueve años de la invasión al país asiático? ¿Sería acaso mejor cuidar su imagen de benefactor mientras que en Oriente Medio se establece un polvorín?

Quizá haya sido imprudente de parte de Oslo otorgarle el Nobel a Obama, dada la coyuntura, pues en efecto ponen al mandatario en una interesante (y complicada) dicotomía, pero también es cierto que, fuera de la esperanza y el símbolo que muchos encuentran en este hombre, se premiaron un discurso y una actitud.

Hay quienes dicen que existe una paz más allá de una guerra. Otros, que la paz es en realidad un lenguaje de conciliación y tolerancia. Supongo que hay razón en ambas afirmaciones, así como es menester aceptar que el término “paz” tiene ahora un amplio espectro y difícilmente es lo mismo de una persona a otra.

Que el señor Obama haga lo que su conciencia dicte, entonces, pues todos confiamos (todavía) que lo hará bien.

Obama

Religión (III) (y de la esfera pública)

•Octubre 11, 2009 • 6 comentarios

Las declaraciones en días pasados de Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, con respecto a la religión y su lugar en la sociedad francesa han causado revuelo no sólo en ese país, sino en comunidades seglares y de doctrinas diferentes a la cristiana (particularmente la judía).

Dejando un lado la extravagante personalidad del señor Sarkozy y el mórbido interes que orbita su vida personal, propongo entonces analicemos de entrada este llamado “regreso a las raíces cristianas de Francia” por parte de un hombre que, según él, es un católico poco practicante. Prevé que con esa reconciliación se puedan evitar desastres como los catastróficos enfrentamientos del siglo pasado que, como se puede apreciar en el artículo vinculado en el primer párrafo, supone éstos se debieron a una “ausencia de Dios”.

Muy a mi pesar, nada más distante de la realidad. Precisamente los mayores conflictos del siglo XX (señalando especialmente las guerras mundiales) empezaron por una macabra distorsión del autoinculcado derecho divino por parte de inmisericordes agresores, obviamente aumentado por determinados intereses políticos y económicos. Sorprenden además actitudes de instituciones religiosas como la Iglesia Católica que, sabiendo que personajes como Hitler pertenecían a su comunidad (expresamente), nunca hubo una verdadera reacción moral de su parte, salvo una tibia amonestación verbal erigida años después cuando la gente esperaba que se tomaran cartas en el asunto como la excomunión.

En fin. Equivocado el señor Sarkozy, pues en lugar de ausencia había una perenne presencia “divina” en estos enfrentamientos, sólo que, como suele ocurrir en la aplastante mayoría de los casos, se encontraban versiones personales de un Dios que justificaban acciones brutales y sádicas.

Pasando por alto este leve pero vergonzoso desconocimiento de la historia moderna, sería acorde suponer que lo que el presidente francés aconseja es un fortalecimiento en el marco moral de una sociedad que ve cada día más fuera de rumbo. Sectores de la sociedad defienden determinada postura, obedeciendo a su vez su fuerte ideología religiosa, evidentemente cristiana, quienes también confían, al igual que el político francés, que la tradición nacional es sinónima de dicha doctrina.

Tal vez sea así, pero veo en ello dos errores y presunciones que no se pueden hacer. Primero, en un mundo globalizado como el que tenemos hoy sería aventurado, incluso ingenuo, suponer que la religión vuelva a ser partícipe activa de la educación y la política de un país que con el pasar del tiempo se torna más multirracial y multicultural; si se quisiera hablar de un fortalecimiento en la moral nacional también se debería barajar la posibilidad de otorgarle protagonismo a otros credos, cosa de por sí insostenible porque, como bien es sabido, cada religión mantiene su propia moral “absoluta”. Sería como mezclar agua y aceite. Bien decía Adam Smith que una mano invisible siempre se encarga de regresar las cosas a un estado de equilibrio.

Segundo, el establecimiento de normas morales acorde a la doctrina cristiana sería un retroceso intolerable en materia política. La esfera pública no se encuentra en estos momentos para una “invasión” de dogmas y líneas de comportamiento que, por la naturaleza de las mismas, pertenecen más a la privacidad del hogar que a una plaza de acceso común. Lo correcto en este caso sería alentar a un fortalecimiento ético desde casa (fiel a las creencias particulares de cada familia) para la formación adecuada de ciudadanos prestos a contribuir a la sociedad.

Todo eso por un lado. Ahora, retomando la actitud nacionalista harto conocida de Nicolás Sarkozy, bien podría decirse que dichas declaraciones no son más que una agitación de la política francesa, insinuando que todo aquello que no es cristiano no debería llamarse francés. Una actitud retardataria y, si me lo preguntan, bastante hipócrita para un estado que fomenta la integración cultural en todo el mundo excepto en su propio territorio.

Consideremos, entonces, dejar las creencias místicas para la casa, y la razón y el conocimiento para la esfera pública.

8 de octubre

•Octubre 8, 2009 • 2 comentarios

Dejé un “poco” descuidada la sección Medios. Así que sería bueno ponerse manos a la obra y adelantar. Después de todo, la peor diligencia es la que no se hace.

Un poco de rock pesado esta vez, con un mensaje profundo para variar.

¿Estás ahí, Dios?

•Octubre 5, 2009 • 4 comentarios

Una de las conclusiones que una persona puede sacar después de encarar a un creyente (sin necesidad de nombrarlo bajo ninguna doctrina) es que sus creencias son, en pocas palabras, carentes de sentido.

¿Dejar de comer durante un mes (Ramadán)? ¿Sólo comer alimento que ha sido sancionado por una personalidad religiosa (Kosher)? ¿No utilizar en absoluto avances tecnológicos salvo aquellos artefactos indispensables para la supervivencia (Amish)?

En fin. Encontré un interesante video que, en últimas, busca interactuar con gente “educada”, pero apela a la racionalidad (por muy escondida que se encuentre) de todo creyente.

Así que, si lo quieren encontrar, como dirían los españoles, “mándenselo mirar”.

Simetría criolla

•Septiembre 30, 2009 • 3 comentarios

La percepción que se tiene de Álvaro Uribe y compañía es la misma que mantienen los fanáticos creacionistas con su religión: todos saben que el presidente y su séquito tuvieron, tienen y tendrán relaciones con paramilitares. Algo obvio e incuestionable. El problema existe cuando hay que acomodar las leyes judiciales (en la simetría sería algo así como las científicas) para que estos personajes respondan por sus crímenes.

¿No es acaso curioso?

De la terquedad (II)

•Septiembre 29, 2009 • 1 comentario

En las últimas dos semanas se llevó a cabo un extenso debate en el blog de biología La Ciencia y sus Demonios acerca del Creacionismo y su lugar en la educación en las escuelas, que, como opinión de un servidor, no tiene. Sin embargo, y por la naturaleza de la discusión, una persona apreaciará la verdadera naturaleza de iniciativas de este tipo, de aquellos que meten sus manos al fuego por ellas y, en últimas, de lo increíblemente nocivo que resulta para la salud mental de la comunidad dejarse llevar por un fanatismo de esta índole.

Ya hablé en una pasada ocasión sobre los motivos que impulsan a ciertas personas a creer en ideas o doctrinas contrarias a lo que debe estipular la razón o, como en reiterados casos ha sucedido (en particular el que señalo en el primer párrafo), lo que el duro esfuerzo dedicado a la investigación científica nos puede ofrecer. Señalé que, en medio de todo, estas mismas ideas o teorías apelan más a la imaginación que a la razón y, por su carácter sencillista y facilista, convencen a personas que tienen un sentido distorsionado de autoridad, es decir, de aquel que demuestra una debida aptitud para expresarse con respecto a un tema.

Me acordé entonces de la historia de la abuela de un amigo que, debido a su origen humilde y poca educación, no sabía si debía consumir la píldora anticonceptiva pues, como ella lo veía (y así la habían adoctrinado) era pecado. Así que fue a asesorarse con el sacerdote de su parroquia para “ilustrarse”. Por suerte para ella, el curita era progresista, conocía su situación particular (tenía cinco hijos y a duras penas le alcanzaba para sobrevivir) y estaba consciente de los vientos de cambio que se asomaban en aquella época, mediados de los 70. El clérigo entonces le advirtió que, aunque el Vaticano decía que era pecado, en su caso era mucho mejor tomarla y hacer una planificación responsable.

Como se apreciará en este fenómeno (si se me permite el laxo eufemismo) entra a jugar un gran papel el respeto que se siente por aquellos individuos o cosas que marcan una senda influencia en la vida de las personas. Así, por ejemplo, en el caso de un fanático cristiano, se toma demasiado en serio la Biblia o lo que provenga de un pastor evangélico; además, por extensión, también se come los cuentos de aquellos que dicen tener estudios, si que haga falta que sean serios, y que comparten los mismos dogmas. ¿El resultado? Ideas herméticas e incontrovertibles, que generan principios como este, que aún recuerdo mucho porque fue de mis primeras intervenciones en la blogósfera.

¿Qué se debe hacer, entonces, con esos constantes despliegues de intransigencia que tan a menudo ocurren? No creo que lo conveniente sea rechazarlos, porque señalarle los errores a un individuo terco causa diversión, para alarma de muchos moralistas. No hay una verdadera respuesta, o un plan de acción, ante estas manifestaciones. Sólo queda el trabajo duro y el auténtico esfuerzo por alcanzar el conocimiento. Y, una vez se tenga, dudar de él, pero con buenos motivos; siempre será sano.

Crímenes de guerra

•Septiembre 25, 2009 • Dejar un comentario

Ahora que se lleva a cabo la cumbre presidencial de la ONU, cada presidente tiene algo importante que decir. Uribe, por ejemplo, señaló la alarma que existe por el armamentismo en América Latina, específicamente por parte de Venezuela, aunque no indicó ningún nombre en particular… pero, hey, blanco es, gallina lo pone. Obama, por otro lado, llamó a la concienciación de que cada país debe aportar a la solución de las problemáticas actuales, especialmente aquellos que en alguna ocasión actuaron aisladamente.

Entre otros líderes, sin embargo, me llamó la atención el primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu. Encontré un análisis de su intervención y de su aseveración que, si a él se le inculpara con crímenes de guerra, también deberían ser “llamados” por la misma falta Roosevelt Y Churchill. El columnista insinúa que el líder “tiene razón” porque, así como Israel mantiene la infame presión sobre Gaza, también lo hicieron los aliados en sus bombardeos contra ciudades alemanas, como Hamburgo y Dresden.

Pero Netanyahu no mencionó el más obvio ejemplo de un crimen de guerra retroactivo, los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Ahí, también, los civiles fueron el principal objetivo. Tampoco mencionó los bombardeos incendiarios de Tokyo, que resultó en una pérdida de no combatientes mayor que en Nagasaki.

El columnista excusa también al decir que “es verdad que los estándares para declarar un crimen de guerra han cambiado, que es bueno. Lo que no han cambiado son la ira y la provocación”.

Con todo respeto por Mr. Cohen, en ningún caso ello constituye una excusa.

La declaración de casus belli debe ser siempre consecuente con la agresión. Por otro lado, por mucho que se empeñen en decir los expertos y académicos, la aplicación del Ius in bellum no es universal, como se puede apreciar con Israel y Palestina. Aunque muchos lo llamen conflicto interno, lo cierto es que en el más estricto lenguaje académico es una lucha entre dos naciones, y rigiéndose por el más sentido común se trata de una masacre sistemática.

Bien, pero muchos apelarán que quién atacó primero. En todo caso, aquel que entabla la guerra siempre es el que tiene el mayor poder militar. Cuando no se apelan a métodos de guerrilla o el terrorismo, que, por supuesto, no está nada bien.

En cuanto a los crímenes de guerra, los estándares establecidos tienen una profunda raíz en los acontecimientos históricos, porque bien es sabido que los parámetros idealistas y románticos, que en general son acordados según a una “moral” determinada, pero también existe la necesidad de considerar otras cuestiones, como los más básicos derechos humanos.

La guerra es la destrucción del espíritu humano, y, por ende, cada guerra es un crimen contra la humanidad.