Así lo vio él (II)

•Noviembre 23, 2009 • Dejar un comentario

Continúo con esta serie de escritos. Estas opiniones y pensamientos son escogidas, primero, por tema, siendo traídas a colación por situaciones que vivo en la vida diaria, y segundo, por autor, que bien pueden pertenecer a algún libro que haya leído.

El de hoy es bastante corto, pero contundente.

El discurso filosófico

Si sólo fuera posible que alguien se mostrara capaz de detenerse un instante, de callar un momento, a la vista de la verdad. Pero parece imposible. Todos, yo también, nos aproximamos a la verdad, y la derrumbamos a fuerza de centenares de palabras.

Franz Kafka

De la felicidad

•Noviembre 23, 2009 • Dejar un comentario

Muchas personas han hablado del fin último del hombre sobre la tierra. Retrocediendo a la Antigua Grecia, vemos que Aristóteles habló de la felicidad como la causa final de la humanidad. Una apreciación interesante.

Estos últimos días, en los que he tenido la bella oportunidad de compartir con mi familia tal y como ocurría cuando era más joven, sentí tranquilidad y satisfacción. Supongo que, bajo ciertos parámetros y una determinada perspectiva, se diría que estuve feliz.

Pero, ¿qué es exactamente la felicidad? Ciertamente considero que no se trata de andar sonriente todo el día. Tampoco creo que sea un estado perpetuo al que un hombre llega y dice “bien, ya soy feliz”; eso conllevaría un increíble cansancio. ¿Se tratará acaso de satisfacer los deseos primordiales de cada cual? ¿Existirá algún límite para cumplirlos? ¿Morales, políticos, tal vez?

Para aquellos buenos observadores, apreciarán que esta cantidad de preguntas no son formuladas gratuitamente, pero sí se hace de una manera implícita, con una presencia latente en la existencia humana.

Supongamos por un momento, y atribuyéndome por esta ocasión la libertad de ser banal, que una persona se sentiría feliz si tuviera en su haber un millón de dólares y tuviera el entusiasmo suficiente para alcanzar su meta. ¿Qué debe hacer? ¿Robarlos? ¿Falsificarlos? Si se tratara de un hombre eficiente (ya le hemos atribuido eficacia) encontraría la manera más sencilla de adquirirlos, pero suponemos igualmente que esta misma persona se mueve según unos principios y que, por supuesto, querrá disfrutar su dinero una vez lo tenga, por lo que una manera groseramente tosca de obtenerlo estaría descartada.

Llegamos al punto en que consideramos a nuestro hombrecillo imaginario una persona trabajadora, un buen samaritano que no lastimaría a nadie, que paga sus impuestos y se preocupa por las necesidades de su familia (siéntanse libres de ubicar aquí las necesidades que ustedes consideren necesarias). Acá podría ocurrir una de tres cosas: que el hombre, en la medida en que recorre el arduo camino hacia su millón de dólares, encuentra otras formas de ser feliz, de llevar una vida plena, sin necesidad de alcanzar su sueño; otra es que se frustre por el esfuerzo requerido por alcanzarlo y termine su existencia amargado, o que finalmente lo logre bien sea por una casualidad o porque de hecho su persistencia así lo recompensó.

Si apreciamos el cuadro general veremos un común denominador en estos tres escenarios. Se verá que el hombre ha aceptado su destino (por llamarlo de alguna manera) y suscribe que esa es la vida “que le ha tocado vivir”; en el segundo caso puede que esta situación no se presente tan alegremente, pero sí de una forma más agreste con el caso excepcional en que el hombre decida romper con su rutina.

Así que vemos que, en últimas, no es la felicidad lo que el hombre buscaba, sino un estado de conformidad, una zona de comodidad en la que se sienta satisfecho y pueda decir “ya no necesito más”. Esta realidad, por supuesto, y tal como la describo acá, es disfrazada por el concepto de felicidad y su búsqueda, pero al fin de cuentas lo que el hombre busca es estar tranquilo en un escenario en el cual él se sienta cómodo bajo situaciones que él pueda manejar.

Acá vemos dos extremos. Uno sería en el que dicha conformidad durara poco y la persona buscara de nuevo ese punto de reposo original, y el otro es cuando un hombre está tan profundamente sumido en su rutina que difícilmente concibe realizar alguna otra cosa; en este último caso ya vienen otros temas como la difuminación de la humanidad, la pérdida de interés u otras cuestiones antropológicas en las que no quiero entrar ahora porque me saldría de curso.

La felicidad es, entonces, la promesa que cada cual se hace a sí mismo para encontrarle sentido a la vida. Hay objetivos más ambiciosos que otros, unos más conservadores que otros (mi abuela, por ejemplo, reza todo el día y le habla al retrato de su difunto esposo, y se muestra conforme) y, sobre todo, unos más alcanzables que otros; se ven numerosos casos de personas perdidas que desconocen lo que realmente quieren.

Así que vuelvo a mi pregunta, ¿qué es la felicidad? ¿Es acaso la realización de las cosas que más nos gustan por un periodo extendido de tiempo? ¿Podría ser una quimera que la misma humanidad se ha propuesto para impulsarse hacia adelante? Pocos conocen la respuesta, es decir, aquellos que realmente son felices. ¿Alguno realmente lo es?

Así lo vio él (I)

•Noviembre 10, 2009 • Dejar un comentario

Empiezo hoy con una serie de escritos de la opinión acerca de diversos temas de grandes personalidades del pasado. Muchas pueden estar descontextualizadas, pero bien vale escucharlas como guía, más no tragar entero y hacer de cuenta que todo ello es cierto. Recuerden que es mera opinión.

Libertad

Una existencia es decorosa cuando se pueden satisfacer las necesidades físicas indispensables; sin embargo, con esto no basta. El ser humano llegará a la satisfacción si también puede hacer crecer su capacidad intelectual y sus talentos personales.

Para que haya libertad, deben darse contextos sociales tales que la persona emita sus opiniones y afirmaciones de todo tipo sin correr riesgo alguno.

La libertad de expresión no está asegurada por la mera existencia de leyes; sólo una sociedad con espíritu de tolerancia permite que un individuo exprese, sin peligro, su pensamiento.

Aunque jamás podamos llegar al ideal de plena libertad externa, debemos insistir en ello. Es la única forma en que el pensamiento científico, filosófico y creador avance constantemente.

Los seres humanos necesitan que se ponga límite al tiempo durante el cual obligatoriamente deben esforzarse por conseguir los medios para satisfacer sus necesidades más elementales y así tener tiempo y energía para dedicarlos a sus intereses personales. Este tiempo libre permitirá que todos alcancen su desarrollo espiritual. Pero para esto es necesario otro grado de libertad: la interior.

Tener libertad de espíritu quiere decir poder pensar sin condicionamientos sobre los límites y prejuicios autoritarios y de la sociedad, así como sobre la especulación rutinaria y las prácticas del medio que tienden a animanizarlo.

El hombre progresará espiritualmente y en conocimientos y, por ende, en todo aspecto de su vida, solamente si es fiel a su libertad interna y externa.

Dediqué toda mi vida y esfuerzos a extraer una mejor explicación a lo que atañe a la estructura de la realidad física. Pero no hice lo mismo con el mejoramiento de la suerte del ser humano ni para luchar contra la injusticia o la represión ni hacer que cambien para bien las formas consagradas de la relación entre los individuos.

Que existan y tengan vigencia los derechos humanos no depende del azar de las estrellas. Se advierte con el transcurso de los tiempos, que fueron personas con grandeza las que plantearon ideales de comportamiento entre humanos y una mejor organización de la comunidad.

La lucha por los derechos humanos es históricamente eterna y jamás podrá hablarse de un triunfo absoluto. Sin embargo, no debe caerse en el desaliento ni abandonar el esfuerzo, porque significaría el naufragio de la sociedad.

Los derechos humanos pueden resumirse en estos temas fundamentales: evitar que los individuos y gobiernos cancelen a voluntad las pregorrativas humanas, garantizar que las personas puedan trabajar y recibir un salario adecuado a su tarea, libertad para recibir instrucción y discutir, y posibilidad de contribuir a la conformación del gobierno.

El reconocimiento actual de los derechos humanos es meramente teórico, porque siempre se encontrará algún recurso teórico o algún formalismo para violarlos de forma más enfática que una generación atrás.

Es raro que se mencione un derecho humano destinado a tener gran importancia. Se trata del derecho y el deber que tiene la persona a no formar parte de asuntos que le parezcan equivocados o perjudiciales.

Albert Einstein

Chiflón de guerra

•Noviembre 10, 2009 • Dejar un comentario
Caricatura de Matador

Tomada de www.eltiempo.com

Creo que ya se conoce bastante lo que ocurre hoy día entre Colombia y Venezuela. Precisamos, entonces, saber en realidad qué ocurre, pues, como es natural en política internacional, hay que leer muy bien entre líneas cuando un dirigente se pronuncia.

Hugo Chávez, presidente de Venezuela y célebre por sus continuos disparates, eleva la alarma en su país por la instalación de militares estadounidenses en bases de territorio colombiano. Convencido de que su vida pende de un hilo y que más pronto que tarde lo pueden asesinar, ordenó a la cúpula militar venezolana “prepararse para la guerra”.

¿Debería preocuparse, digamos, una persona como yo, que se encuentra a unos cuantos kilómetros de Bogotá? ¿Podría Venezuela utilizar su equipo militar, al cual se le han invertido miles de millones de dólares, para atacar a Colombia? Siendo brutalmente sinceros, considero que en una época como en la que vivimos es risible siquiera insinuarse de ese modo.

Recuerdo que el último conflicto que hubo en la zona, entre Perú y Ecuador, duró algo más de dos semanas y las tropas invasoras (las peruanas) conquistaron un territorio “inmenso” de unos 2 km cuadrados. Para ser honestos, una guerra entre Colombia y Venezuela sería tanto o más inútil que aquélla, y mucho más con la presencia de tantos organismos internacionales que (afortunadamente) sí cumplen su función de evitar la guerra… entre países en vías de desarrollo.

El único país en guerra en la actualidad, Estados Unidos, mantiene tropas en dos países para controlar territorio, tarea que se levanta cada día más difícil. Eso da buena cuenta de cuánto costaría mantener un enfrentamiento bélico a gran escala.

Pero vamos al trasfondo del asunto. ¿Por qué insinúa Chávez que “soplan vientos de guerra”? Bueno, analicemos cada uno de los “bandos”.

En este momento la Venezuela bolivariana atraviesa un momento complicado: racionamientos de agua y luz, inflación y carencia de empleo asolan al otrora “país más rico de América”. En un régimen comunistoide como el de Chávez las apariencias son en extremo importantes, por lo que la propaganda y la manipulación siempre se encuentran a la orden del día. Una cortina de humo, de esas que Fidel ha utilizado eficientemente los últimos 50 años, sería la solución.

Fidel comentaba que Cuba estaba en riesgo de ser invadida por los gringos cada semana, y que a él lo querían asesinar cada dos. ¿Cómo se defenderían los indefensos cubanos sin él, sin el régimen? Algo similar quiere implantar Chávez en su país, al mejor estilo Gran Hermano.

Rara vez ocurre que esté de acuerdo con un fanático… poco, pero ocurre. En este caso, hay cosas que se dicen que son ciertas.

Pero si allá llueve, en Colombia tampoco escampa. El trato de las bases militares tiene preocupado a más de uno (incluyéndome) porque se ha elaborado con el mayor sigilo. Hace poco se dio a conocer el texto del tratado, y existen en el mismo bastantes cosas que a la postre no quedan del todo claras. Muchos de esos puntos la Corte se las ha señalado al Ejecutivo para que las estudie a profundidad o las desestime. Ninguna lo fue.

Ahora se habla de mediadores y de diálogos. Llevar la cuestión a la ONU, o dejar que Lula y Rodríguez Zapatero intervengan en el asunto. Pero, nuevamente, no es vientos de guerra los que soplan, pero sí chiflones, de esos molestos que salpican el rostro.

Muros y cristales

•Noviembre 9, 2009 • Dejar un comentario

El mundo se torna hoy a Berlín, en la celebración de los veinte años de la caída del Muro de Berlín, aquel símbolo de la Guerra Fría y monumento a la infamia que efectivamente separó a berlineses orientales y occidentales durante décadas.

La Caída del Muro, como se le conoce históricamente, supuso una época de transición para Europa y en últimas para el mundo, pues meses antes del evento ya había empezado en el Viejo Continente una corriente democrática que terminó otorgándole libertad (en principio) para los llamados países “satélites” de la antigua Unión Soviética. Cuando el muro fue derribado ya se respiraba un aire de cambio (como la canción de Scorpions) que finalmente terminó en la unificación de Alemania.

Muro de Berlín. Archivo personal

Muro de Berlín. Archivo personal

Hoy, los restos del muro que permanecen de pie son un atractivo turístico, pero para Alemania es un recordatorio de su historia, una que no se debe olvidar.

No se debe olvidar tampoco la infame Noche de los Cristales Rotos, ocurrida hace 71 años en Alemania. La intolerancia y el odio irracional se hicieron visibles y alcanzaron un punto álgido ese día. Las desgracias que ocurrirían después el mundo aún las recuerda… y se averguenza de ellas.

Monumento al Holocausto

Monumento al Holocausto. Archivo personal

De mi viaje a Berlín, hace ya año y medio, que, aparte del insoportable frío que hacía, se respira en un ambiente de esfuerzo, de empuje y empeño. Sólo desearía que aquellas almas que persisten en mantener actitudes irracionales con respecto al avance de la humanidad miraran el día de hoy hacia Berlín, donde se celebra y vitorea la libertad… y se recuerdan hechos que no deben volver a suceder.

Carl

•Noviembre 9, 2009 • Dejar un comentario

Carl SaganSi alguien está en desacuerdo contigo, déjalo vivir. No encontrarás a nadie parecido en cien mil millones de galaxias.

En un día como hoy de 1934 nació Carl Sagan, uno de los más grandes divulgadores científicos del siglo XX. El blog Ciencia al Día elaboró hoy un interesante recuento de sus principales logros.

Aún recuerdo en mi niñez cómo me quedaba hipnotizado frente al televisor viendo la serie “Cosmos”, o ya un poco mayor leyendo sus fantásticos escritos. La verdad es que, además de ser un científico genial, tuvo la increíble solidaridad con sus congéneres de acarrearles sus sueños, sus más profundas expectativas para la humanidad, así como sus más oscuros temores por lo que nuestra propia mano pudiera obrar en nuestro hogar, el planeta que llamamos Tierra.

Sagan siempre fue escéptico. Dicho comportamiento se hizo notable a mediados de los 90, cuando se le diagnosticó una enfermedad fatal. Famosa fue su frase cuando miles de personas le enviaban cartas diciéndole que rezaban por su recuperación, cuando dijo “aunque lo veo francamente inútil, se los agradezco”.

Incluso su esposa, luego de que Carl falleciera en 1996, reveló que “de las cosas más difíciles que hicimos fue despedirnos para siempre”. Y ante una pregunta de un reportero sobre su ausencia de fe en un ser sobrenatural, ella simplemente respondió “él no quería creer, quería saber”.

Desde hace unas semanas puse en la sección Medios el clip de video “Pale Blue Dot”, y por diversas cuestiones que expliqué anteriormente no lo actualicé, pero creo que merece permanecer un poco más ahí para que quien quiera verlo pueda hacerlo.

Así que el cosmos entero recuerda a una de sus más grandes mentes, comprometida con el avance de la ciencia, e inversionista de su esfuerzo por concienciar a sus millones de lectores y espectadores por la gran responsabilidad que tienen en su propio futuro.

La lámpara te saluda, Carl, y te recuerda cariñosamente.

De la evolución (III) (y de la imperante necesidad de mejorar)

•Noviembre 8, 2009 • 3 comentarios

Me sorprendió la edición de hoy del diario El Tiempo al sacar una noticia científica de esta índole. Aunque sabemos que la evolución es un hecho, también resulta interesante ver cómo los propios humanos seguimos sujetos a esta ineludible ley de la naturaleza a pesar de los avances en tecnología.

Además de señalar los cambios físicos y biológicos que la especie humana tendrá en el futuro, como la de vivir 120 años y medir más de 2 metros de altura, muchos científicos empiezan a preguntarse sobre las incidencias de nuestro propio intelecto en dicho proceso. También que se superen problemáticas que, a fin de cuentas, perjudican la vida de las siguientes generaciones, como la contaminación y la alimentación desordenada cada día más presente en ciertas sociedades… mencionaría una, pero creo que es obvia.

Así que la alarma persiste: sigue siendo responsabilidad nuestra el destino que queramos tener. En cada uno reside el poder para evolucionar… y mejorar.

Encrucijada

•Noviembre 8, 2009 • Dejar un comentario

La noticia nos llega desde el otro lado del charco, en el Viejo Continente. La Corte Europea para Derechos Humanos ordenó el retiro inmediato de crucifijos en los salones de escuelas públicas italianas (ver noticia). Esta dictamen, por supuesto, no fue del mayor agrado para los sectores más conservadores europeos, que lo ven como una “decisión ideológica”.

Por un lado, tenemos un grupo de gente que es consciente de la pluralidad y diversidad creciente que existe en la zona y, por otro, personas que ven amenazadas sus creencias por dicha medida. Reacciones no se han hecho esperar. Es importante señalar que en este último grupo se ven personalidades de la vida pública, como el Primer Ministro Italiano y (por supuesto), portavoces del Vaticano.

Para un niño ajeno a la fe de Cristo que ve un crucifijo, a pesar de que este constituye un símbolo mundialmente reconocido, infrige en aquél una profunda molestia. Un rechazo implícito que finalmente (y por tristeza) se transformará en manifiesto.

Yo, la verdad, no comprendo cómo las creencias cristianas de un joven estudiante puedan verse afectadas por la ausencia del símbolo religioso de las aulas cuando puede expresar sus creencias libremente en otras circunstancias, sin que ello tampoco le vaya a ser negado. La medida refuerza la línea de pensamiento de que dichas manifestaciones culturales se permiten perfectamente en el ámbito íntimo de los hogares o, en su caso, de los templos. Existe también la posibilidad de los colegios privados que, aunque más caros, aseguran una formación religiosa que (aún no entiendo) por qué algunos padres desean hacerse exonerar de ello y delegar la educación en terceros.

Tomemos esta rama por un momento: la de la educación. Por tradición los padres de familia esperan que en la escuela les enseñen la mayoría de cosas a sus hijos para que estos sean, según su punto de vista, personas funcionales en sociedad, con una moral adecuada, etcétera. Esto último es subjetivo, y de ninguna manera unos lineamientos deberían ser un imperativo general para comunidades que aceptan el progreso y lo utilizan para su conveniencia. A veces olvidamos que las libertades que a diario exigimos también conllevan unas responsabilidades.

Así, un padre cristiano, uno musulmán, uno protestante, uno budista, debe educar a sus hijos en aquellos credos determinados sin necesidad de afectar a los demás pues, por la más sencilla definición, la virtud religiosa pertenece a la esfera privada.

Volvamos, ahora, al cuadro general. Una comunidad de países cuyo lema es “Unión en la diversidad” debe reconocer lo que dicho principio abarca. Además de los frutos que una economía liberal ha traído a las naciones europeas, también deben tomar dicha vía liberal para afianzar una pluralidad que va en aumento.

Hace poco El Rano Verde escribió un artículo con las gráficas necesarias para que el lector se haga una idea que, a fin de cuentas, en el fondo no tiene nada que ver con ateísmo. Muestra una tendencia que indica la personalización y subjetivización de la experiencia religiosa. Aunque la encuesta que enseña el artículo no refleja algún dios en particular, se entiende que personas de diversos orígenes participaron de ella y no necesariamente seguidores de Cristo (católicos, protestantes, anglicanos, mormones…).

La libertad de credo quita la oscura manía de vetustas organizaciones que, nostálgicas por su influencia de otrora, consideran que su religión debería ser la única y absoluta, con toda la agresión y prejuicio que ello conlleva. A nadie se le reprochará por sus creencias (en teoría), pero es imperante desmontar estas encrucijadas para abrazar dicha libertad.

Paso del tiempo

•Noviembre 7, 2009 • 2 comentarios

Lo sé… he estado ausente. Es difícil escribir aunque sea una línea si uno no tiene la predisposición para hacerlo, y quisiera que este blog exprese una parte de mí que realmente racionaliza diversos sucesos o integra conocimientos para el análisis de coyunturas, más que para cumplir con el compromiso de mantenerlo “actualizado”,

Por otro lado, cuando hay falta de tiempo (o hay otras cosas por hacer, que en ocasiones no es lo mismo) también es difícil de hacer. Por ello, me quedé con las ganas de escribir al respecto de muchos temas que, según tengo calculado, tendré la posibilidad de abordar después pues su continuidad está garantizada.

Volviendo al tema de la “inspiración”, también es cierto que, cuando hay ausencia de la misma, es difícil que vuelva si una persona evita dedicarle aunque sea un momento a la actividad para la que necesita “musa”. Por eso intentaré, a partir de este lunes, volver a escribir con frecuencia.

Un abrazo a todos los lectores de este blog, sean habituales o no, respetados o no, y espero seguir compartiendo con ustedes el paso del tiempo.

De la evolución (II)

•Octubre 15, 2009 • Dejar un comentario

Hace poco vi un debate entre científicos que estudian la evolución de las especies y un grupo de personas que defienden el diseño inteligente. Lo vi por You Tube. A continuación pongo la primera parte. El debate entero es de aproximadamente 75 minutos dividido en ocho partes. Vale la pena verlo.

Hace años de ese debate. La ciencia biológica ha avanzado mucho desde entonces. Nuevos y emocionantes descubrimientos han aparecido desde los últimos diez años, y la humanidad se beneficia en la medida en que comprendemos nuestra relación con nuestros ancestros.

Otra cosa muy diferente ocurre con el creacionismo. No pretendo discutir acá la veracidad de dicha corriente ideológica, porque obviamente no la tiene. Pero, ¿por qué es que una idea tan descabellada se mantiene en pie, con tanta fuerza, a pesar de que ella misma cae por el peso de sus ideas?

Aparte de los intereses políticos que se benefician por mantener esta idea en pie, también cabe decir que dicha tendencia sobrevive debido a las dudas que puede generar la evolución de las especies en un lego, todo combinado con un apego a una ideología fantástica, sea religión, ufología o qué se yo, que explica mágicamente aquello que por métodos científicos aún somos incapaces de explicar.

Observen este debate y otros similares que circulan por You Tube. Los defensores del diseño inteligente basan su tesis en una cantidad de exigencias de explicaciones a los científicos. “¿Cómo explican la evolución de un ojo?”, “¿Cómo explican lo del banano?”… Cuando dichas preguntas son rebatidas debidamente otras toman su lugar, todo para reducirlo a un “¿Cómo lo sabes?”

En otras palabras, es una combinación de misticismo y el dios de los huecos (o Deus Ex Machina, o Argumentum Ad Ignorantiam).

Pero, en fin, esas son mis conclusiones. Siéntanse ustedes libres de sacar las suyas propias al ver estos videos y tratar con los defensores de aquella idea.