¡Feliz día del periodista!

•Febrero 9, 2010 • 3 comentarios

Hoy se hace homenaje a una de las profesiones más lindas, y sin duda más duras de todas: el periodismo. Hoy es cuando volteamos a mirar a todos aquellos que se convierten en los “perros guardianes” de la democracia, defienden la libertad de expresión y mantienen el vínculo entre la realidad de interés y el público interesado.

También se hace un llamado para aquellos que pretenden emplear los medios de comunicación como una moneda de poder; sé que es una cuestión complicada dejar aparte a los medios del waltz político debido a su inmenso poder de convocatoria, pero es ahí cuando precisa tener responsabilidad, evitar injurias y calumnias, y nunca olvidar la sagrada labor del comunicador: informar.

Así que feliz día para todos los periodistas, y que esta tarea se depure de toda impureza.

Zombie Nation

•Febrero 8, 2010 • 1 comentario

Quizá el motto más común que se conoce de Colombia, aparte de ser el “país del Sagrado Corazón”, es que es el país donde “pasa de todo, y nunca pasa nada”. Aquí reina un monarca, y por mucho que pueda molestar a tantas las personas, no se trata de Álvaro Uribe; es la indiferencia.

Es un país donde se habla de una muy seria serie (perdón la cacofonía) de intervenciones telefónicas, y realmente no hubo alboroto de ninguna clase; donde un partido claramente ilegítimo puede llegar a convertirse en opción contundente para el Congreso, y no hay ningún alboroto de ninguna clase; donde un cuestionado ex ministro quiere ahora lanzarse a la presidencia, pero sólo por si acaso su maestro no logra conseguir la reelección, y no hay ningún alboroto al respecto; donde se pretende comprar y enaltecer el amor al dinero en estudiantes, pidiéndoles que sean informantes de cosas “que consideren sospechosas”, como si el gobierno no difiriera de ser un vulgar traqueto, y no hay ningún alboroto; donde se conocen pruebas fehacientes de que el país vecino no sólo alberga, sino que comercia y colabora con grupos terroristas, y donde no hay ningún alboroto…

Y la cuestión no sólo funciona en el ámbito político; en el área laboral vemos cómo personas que están plenamente calificadas están completamente subvaloradas y sobreexplotadas, donde hay una tendencia frentera y perjudicial en contra del pequeño empresario, donde hay torcidos, sobornos y vejaciones a las leyes de adjudicación de contratos. En ese aspecto sería adecuado decir que se respira y se siente una mentalidad de maquila.

Si se entablara una aproximación psiquiátrica a la actitud indiferente de los colombianos, probablemente el resultado de dicho análisis es que es una defensa ante la inclemente e incesante atmósfera hostil en la que estamos inmersos constantemente, el temor en el que vivimos por ver nuestra integridad física y mental amenazada por la violencia (no sólo de las armas) sistemática que se vive en el país desde hace décadas. Mi pregunta es, ¿eso acaso la hace aceptable?

No hablo de cambios drásticos, ni de revolución, ni nada de esas tonterías; hablo de un sutil cambio, el cual, viéndose repetido en cada uno de nosotros, cobrará la relevancia necesaria para empezar a levantar cabeza. Hay que empezar a cambiar en cada uno, tomando el índice y señalar a la sien, y decir “cambiar aquí”; dejar de preocuparnos por la fuga de cerebros, de la corrupción de la deprimente y degenerada clase política (que es un cliché social de lo más estúpido), de los pajazos mentales y de todas las tonterías que nos llenan la boca día tras día.

Si tanto queremos a este país, hay que empezar a entender y comprender qué significa ese sentimiento, y cómo lo podemos aplicar.

Sinceridad

•Febrero 7, 2010 • 4 comentarios

To thy own self, be true.

William Shakespeare

Pocas cosas se levantan tan complicadas como la sustentación de los principios propios, bien sea por el mismo miedo que se siente a la hora de expresarlos, o bien porque la misma sociedad se encarga de ridiculizarlos.

Es común observar que las personas andan por la vida anhelando que sus seres queridos, y todos aquellos con los que tienen contacto, bien sea porque son allegados o porque comparten diversas circunstancias (trabajo, universidad, vecindario, etc.), accedan a su verdadero yo, ese que reside bajo kilos y kilos de piel, órganos y carne.

(Sinceramente, me molesta un poco emplear esos términos que se tornan recurrentemente en sofismas de distracción, como el concepto del yo, por lo que pido disculpas de antemano)

Sin embargo, lo que es terminantemente cierto es que son las acciones y las decisiones que tomamos las que nos definen, las que moldean nuestra propia personalidad. Atravesamos etapas en la vida, en especial la adolescencia, en las cuales no nos agrada la imagen que damos al mundo, y luchamos por cambiarla a una impresión que nos agrade o que se acerque más a nuestro ideal.

Sin embargo, y digo estas palabras con inmenso pesar, lo que ocurre en muchas ocasiones es que el producto de ese esfuerzo de reformar la imagen resulta ser una auténtica monstruosidad, una antítesis de ese conjunto de principios y paradigmas de comportamiento que se encuentran dentro de nosotros.

¿Por qué lo digo con pesar? Porque hace unos días me topé con un viejo amigo, que conozco desde hace casi 20 años (nos conocíamos desde que estábamos en la primaria), y nos pusimos a charlar, actualizándonos o, como se dice coloquialmente, “adelantando cuaderno”. Poco tardé en darme cuenta que él mismo pasó por ese proceso, y ahora no es más que un monigote y un farsante; una persona que llegué a querer como a un hermano desfiguró su propio ser para acomodarlo a un modelo socialmente más “aceptable”, susceptible a las tendencias más atrayente de la sociedad de consumo y obedeciendo a los arquetipos nacionales más enviciantes.

Tal vez estas palabras las despiertan un egoísmo efervecente; supongo que si él se encuentra a gusto yo no soy ni seré nadie para criticarle nada (nunca lo hice, precisamente por respeto a su decisión), pero sí me invade una sensación de frustración, como una derrota, al ver a un querido amigo transformado, tristemente, en un pendejo.

Ahí entrarán cuestiones como, por ejemplo, si los deseos de la cáscara reemplazarán sistemáticamente a los más profundos, o aún peor, si la que yo considero la cáscara es en realidad ese interior anhelando salir por muchos años y que se había visto inhibido por diversas circusntancias. Quién sabe. ¿Él lo sabrá? Y son muchos los casos en que esa aceptación social o la imperante necesidad de pertenecer a un grupo va en detrimento de la coherencia con los propios principios.

Quizá yo este equivocado, y sea mi especie la que está en vía de extinción.

De la felicidad (II) (y de la ignorancia)

•Febrero 3, 2010 • 8 comentarios

Hace unos días caminaba por las calles de la ciudad y vi un edificio en construcción. En la parte más elevada de la fachada pendía un aviso que informaba a los viandantes del establecimiento que se ubicaría ahí. Se trataba de un local de medicina alternativa, así como centro de enseñanza para filosofías orientales, incluyendo técnicas “anti estrés”, que auguraban a todos los potenciales alumnos “una mejor forma de vida”. A juzgar por el tamaño de la estructura, y por su ubicación en una influyente avenida, supongo que tendrá mucho éxito en cautivar a las mentes ávidas de respuestas fáciles a cuestiones complicadas, siendo la mayor de ellas la felicidad.

No tardé mucho en comprobarlo, pues fueron dos señoras, de buen vestir y modales recatados, las que me comprobaron mi sospecha, a su vez que ellas se percataban del anuncio, y decían:

- ¡Qué buena cosa! Ya hacía falta algo así en el barrio. Hay que recomendarlo con todas nuestras amigas.

En realidad es difícil culpar a una persona o cuestión en particular por esta corriente, en la que la gente acude a distintos métodos para solucionar sus inconvenientes, aunque ignoren que el engaño es el principal ingrediente de todos estos conocimientos de la “Nueva Era”. En realidad no están haciendo nada por alcanzar ese estado de bienestar, sino que simplemente se distraen, cumplen con su cometido de ocupar su mente y sus sentidos en otros asuntos, mientras que los problemas quizá continúen esperando cuando vuelvan a casa.

Es difícil, es verdad, pero aumenta la carga que uno lleva en la medida en que se cultiva la mente; en la medida en que uno va desentrañando toda mentira, todo esquema engañoso que busca aprovecharse de la ingenuidad de las personas para sacar provecho. Todas las religiones, corrientes alternativas, tendencias de autosuperación funcionan prácticamente igual: prometen la felicidad, pero sólo hacen gala de la ignorancia de los que caen en sus redes. Una vez uno se da cuenta de que las bonitas palabras que prometen esta vida y la otra se quedan sólo en palabras, ya no hay vuelta atrás.

En la Biblia cristiana puede incluso leerse que “quien fomenta el conocimiento, fomenta la tristeza”. Ella, junto con otros mitos como los del árbol del Edén y la torre de Babel, hablan bien de qué vicisitudes ocurren con el hombre cuando pretende aprender, a ir más allá. Igual reza el viejo adagio “dichoso el ignorante”… ¿acaso pretenden hacernos entender que estar en la inopia es la única manera de ser feliz? Me niego a creer eso, a pesar de que últimamente no han sido los mejores días para mí (y que, dicho sea de paso, son el motivo por el cual he dejado de escribir).

La respuesta llegará, desde luego, con el tiempo.

Bache

•Enero 20, 2010 • Dejar un comentario

Mi blog ha adquirido un aire de seriedad que ya lo hace parecer estirado. No me malinterpreten; es completamente adecuado, acorde a la coyuntura. Sin embargo, quisiera aliviar un poco esa tendencia mediante un bache.

Sí, un bache, de esos que obliga a detenerse. Una canción, entonces… me acordé de ella hace poco, y, pues, quisiera compartirla acá.

Haití, y de la tragedia humana

•Enero 19, 2010 • 11 comentarios

Hace ya una semana de la terrible catástrofe acontecida en el pequeño país caribeño de Haití, el cual ha cargado con el infame epíteto de ser el “más pobre de América”. Esta nación ahora enfrenta su capítulo más oscuro hasta el día de hoy.

Los pormenores del terremoto creo que ya son de conocimiento público, por lo que no vale la pena mencionarlos en este espacio. Lo que sí vale la pena destacar fue la respuesta mundial ante este evento, el cual, sumido en indiferencia, se dio cuenta de los graves problemas en los que está sumida, tristemente, la mayoría de la población de nuestro pálido punto azul.

Hubo buenos y malos, por supuesto. Por un lado, es encomiable la ayuda humanitaria prestada, por pequeña que sea, por parte de todo el mundo.

Tomado de Wikipedia.

Uno a veces puede llegar a ser ingenuo al decir que la ayuda ante este tipo de situaciones será insuficiente, independientemente de las cartas en el asunto que quiera tomar, porque, como con todo, están los que sólo opinan y desde luego los que sí deciden formar parte activa del cambio e interceder en ello. Esta es de esas oportunidades en que se ve con alegría que la colaboración es propicia, en especial para la imperativa necesidad de salvar vidas, y quizá para la reconstrucción y posterior reparación de edificaciones (que se encontraban en tan pobre estado), para asegurar un buen camino para la recuperación de este país.

Los que tuvimos la oportunidad de aportar un granito de arena esperamos que vayan a manos que lo sepan administrar bien en nuestro lugar, que estamos lejos y no podemos por diversas razones (nuevamente, por pequeñas que sean). Hubo quienes dieron dinero, otros ofrecieron ayuda en especia, equipo de salvamento; otros ofrecieron ambas cosas. Lo importante es que el mundo comprendió la gravedad de la situación, y se conmovió con un todo un pueblo, pues fue la totalidad de Haití la que se vio afectada por el sismo.

Países que aportaron para aliviar la situación de Haití. Tomado de Wikipedia.

Por otro lado, no falta el que quiere meter ideología en este delicado tema. Nunca entenderé la decisión de las Naciones Unidas de mandar a Bill Clinton como enviado de… la verdad no sé. Por muy buenas que hayan sido las intenciones del organismo, es necesario comprender que en este momento existen necesidades más apremiantes que satisfacer antes que enviar a un embajador de buena voluntad, o lo que quiera que sea. Fue un columnista el que dijo que ese mismo espacio ocupado por un político lo podría haber ocupado “un médico traumatólogo con su maletín de primeros auxilios, o un perro de rescate con su cuidador”; cabe anotar que no se refería a Clinton, sino a Álvaro Uribe, quien inexplicablemente también fue allá a “coordinar” las acciones humanitarias enviadas por Colombia… tan cerca a los comicios electorales.

También estuvieron aquellos trogloditas que afirmaban conocer las razones del sismo. Pat Robertson, pastor evangélico estadounidense, afirma que la catástrofe se debió a un previo pacto de los haitianos con Satanás. Algo parecido enunció la bestia tropical Hugo Chávez, al afirmar que fue otro Satanás, esta vez personificado en Estados Unidos, quien, al conducir ejercicios de la Armada en el Mar Caribe, ocasionó la tragedia. Estúpidos insensatos.

Y otra cuestión, que sí me ocasiona una terrible pena, es ver el manejo que le han dado los medios de comunicación a la noticia, en especial a la parte gráfica. El tono, el formato y las imágenes empleadas para cubrir este suceso sólo puede otorgársele el calificativo de “amarillista” en la mayoría de los casos. Quedé particularmente desilusionado con el ángulo con que fue tomada la noticia por parte de medios de países europeos. Me pregunto yo, acaso, ¿qué pretendían? ¿sensibilizar? Si son auténticos comunicadores, bien saben que existen miles de métodos para lograr el mismo efecto sin el burdo recurso del sensacionalismo. Muy malos profesionales, y terrible gestión de la información. ¿Que es otra cultura, alegarán algunos? Pues, por mí, se pueden meter su cultura por donde no les da el sol, porque esos reportajes tienen un nombre: mierda.

Procuremos quedarnos, entonces, con una importante lección: sin duda es indispensable reaccionar bien, tal y como se ha venido haciendo hasta el momento, para colaborar y ayudar a aquellos que sufren un inmenso revés, tal y como ocurrió en Haití, pero sin duda es la prevención y el llamado a la consciencia de que todos somos humanos lo que debe prevalecer ante todo. Que esto sea una importante lección para todos, no sólo en cuestiones de desastres naturales, sino para la vida en general. Es que es preciso ayudar ahora a quienes lo necesitan, en cualquier cosa, pues es seguro que alguien precisa de ayuda. Lavémonos esa horrible costumbre de sólo actuar cuando ya es tarde, de cambiar sólo cuando estamos ante el precipicio.

Best Seller

•Enero 17, 2010 • Dejar un comentario

Recuerdo hace ya no pocos años, cuando aún era un niño, vi un interesantísimo documental que relataba la vida (hasta entonces, por supuesto) del tenor italiano Luciano Pavarotti. Me impresionó lo cabalmente neutral que era la biografía, a diferencia de muchas que se suelen ver en la actualidad, pues resaltaba los aspectos más relevantes de su vida, fuesen buenos o malos.

En un momento mostraron al tenor procurando alcanzar un do de pecho en la Scala de Milán, pero la voz se le quebró en medio de la nota. Por ello, muchos aficionados a la ópera quisieron crucificarlo y degradarlo. Por fortuna suya y todos los que amamos su legado, pudo salir airoso del impasse.

Lo que más me llamó la atención, sin embargo, fue la iniciativa que se inició desde sectores “conservadores” y puristas de este arte musical. Se pretendía amonestar y, de ser posible, censurar a Pavarotti por su idea de hacer más comercial la ópera y en general la música clásica, para que así más gente tuviera acceso a ella, expandiendo, de paso, el marco de influencia de las mismas y repartiéndolo en más manos que en las de unos cuantos conocedores. Una bofetada en la cara para ellos. Aunque, una vez más, para fortuna de todos, tuvo éxito, muy a su modo.

Incluso en otros campos, existen quienes ven en las palabras “comercial”, “best seller” y otras similares sinónimo de basura, o quizá adjetivos peores. Comparto que el afán de todo producto que lleva la etiqueta de “recomendado” o “must” persigue un afán de lucro evidente, y ello muy mal, pero existen muchos otros lados que considerar, por ejemplo, el de admitir que mediante la adquisición de buenos productos que llevan una buena crítica y calificación impulsan una importante industria, que es la cultural.

Y, por otro, la lógica dicta que si un producto alcanza el estado de best seller es por algún motivo, tristemente no siempre (casi nunca, mejor dicho) se trata de la calidad del mismo. Lo importante siempre será no cerrarnos a los asuntos que tienen la oportunidad de llegar a nosotros, y que el filtro de aceptación de los mismos debe ser nuestra propia mente, y no algún epíteto.

En palabras del periodista Antonio Caballero, “en esta época se produce cada vez más y más arte, lo que también degenera en que se produzca más y más basura”. Totalmente de acuerdo, pero debemos permitirnos a nosotros mismos juzgar si algo es basura o no, y no hacerlo por una portada, un comentario o por el simple hecho que lleve una crítica del New York Times.

PS. Estoy preparando una entrada sobre la tragedia de Haití. Espero tenerla lista para los próximos días. La razón es que no pretendo que sea noticiosa, sino, como todo, sopesado mediante análisis de conciencia.

Apologías

•Enero 11, 2010 • 3 comentarios

Toda persona en este mundo bien podría clasificarse en muchos grupos; lo pertinente o adecuado de esa cualidad es bastante discutible, pero resulta así. Por ejemplo, un bogotano hincha del América de Cali pertenece a dos grupos, por lo menos: al de los nacidos en Bogotá y al de los hinchas del América, y se encuentra en la intersección de esos dos grupos, es decir, los nacidos en la capital colombiana con afinidad por el equipo de fútbol caleño.

Ahora, también es cierto que toda persona cuenta con unos principios que, a fin de cuentas, son impuestos por sí mismo, y algunos son más rigurosos que otros, pero de todas formas definen un comportamiento. Por decir algo, uno bien podría decir que nunca robará, pero no está en su control asegurar que en el transcurso de su vida evite de hecho hurtar aunque sea un pequeño objeto, o si de hecho lo quisiese hacer, pero también se podría decir que jamás se quitará la vida, y ya ello es mucho más difícil de incumplir.

¿Por qué hago esta introducción? Por el sencillo hecho de que, en cuestión de pertenencia a algún grupo, bien sea por escogencia propia (hincha del América) o por una circunstancia fuera de nuestro control (bogotano), uno se sentirá o no a gusto con su asignación. Suponiendo de que la respuesta sea afirmativa, surgirá una especie de obligación de defender las ideas que conforman ese grupo.

¿O no?

Ahí es cuando entran los principios individuales. Si, por decir algo, un hincha del América asesina a otra persona, digamos a un hincha del Nacional, ¿acaso debo yo, como hincha del América, defenderlo? ¿debo darle la razón por el simple hecho de que comparte un grupo conmigo? ¿debo hacer apología de su acción, sabiendo que sus acciones fueron impulsadas por mera ideología?

Este ejemplo es extremo, pero sin duda sirve para ilustrar mi punto. Quizá ustedes encuentren más de uno así en su vida cotidiana, provisto de las mismas condiciones que se muestran acá. Verán que, tristemente, aunque no lo quieran, ustedes mismos terminan haciendo apología de acciones so pena de ser paria de alguno de sus grupos. Fue uno de los primeros temas que traté en este blog, y hoy lo traigo de nuevo a colación porque, así como la universal moda de andar a pie, sigue muy actual.

Sólo imploro a todo el que lea este blog que, por muy pequeña que sea la acción o la decisión, la piense bien a la luz de su razón, pero también lo que dicte su corazón.

Viaje de reyes

•Enero 5, 2010 • 2 comentarios

Caricatura de Matador del 1° de enero. www.eltiempo.com

Mañana es el día de los reyes magos. Según la tradición cristiana, fue el momento en que tres sabios de Oriente llegaron al pesebre donde María dio a luz a Jesús. Llegaron con regalos y, con asombro y reverencia, le rindieron honores.

En ciertos países se instaló la usanza de que ese día se llevaría regalos a los que se portaron bien, y un trozo de carbón a los que no. Por mi parte, más que un pedazo del mineral siempre temí que me regalaran medias, siendo que esperaba juguetes.

Este mes de enero, aun con la continuación de las festividades del mes pasado, empezamos con un aumento en la paranoia del terror. En muchos países, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, se piensa extremar las medidas de seguridad de aquellos viajeros que toman un avión para pisar sus tierras. Aquellos que quieran visitar el país norteamericano por medio aéreo deberán olvidarse de llevar implementos electrónicos o de alguna otra cosa para llevar en las piernas, y ahora instalarán unos escáneres que probablemente son nocivos para la salud para analizar a personas de ciertas nacionalidades que, a su parecer, consideran “de alto riesgo”.

Pregunto yo, ¿Sinceramente creen que estas medidas servirán para detener la amenaza que pretenden combatir? ¿Es acaso la imposición de medidas incómodas la solución para el mal que aqueja a los países que están envueltos en guerras por el momento? De ser así, bien podrían pedir a los viajeros que viajen completamente desnudos, así de tirón, para irse acostumbrando.

Es entendible que se quiera evitar más situaciones como el reciente atentado fallido en el avión de Detroit, pero imponer estas medidas no es la solución. Como todo sistema tienen sus falencias, las cuales serán eventualmente explotadas por aquellos que desean hacer mal. La auténtica pregunta es qué se está haciendo para provocar este tipo de acciones. La respuesta es demasiado extensa y complicada, pero reside de manera abstracta en la mente de todos aquellos que se encuentran mínimamente enterados de la cuestión.

Así que, por favor, en esta fecha no vayan a regalar paranoia, que ya de sobra hay en el ambiente.

Adiós a una década

•Diciembre 30, 2009 • 2 comentarios

En breves horas estaremos como hace un año, y el año anterior, y el previo a ese: esperando que el reloj marque las doce de la noche para darnos un abrazo con nuestros seres queridos, recordar a aquellos que están lejos y desear lo mejor para todos ellos, en especial la esperanza de una mejora para el bien general. Durante el transcurso del día se vivirá la típica ansiedad que produce dicho momento… bueno, por lo menos para aquellos que de hecho sea una fecha especial.

No debemos olvidar, sin embargo, que mañana es el final de la primera década del siglo XXI, una que deja muchos mensajes y moralejas. ¿Qué fue lo más relevante en el ámbito mundial durante estos diez años? Yo califico dos cosas: la primera fue el ardid que llamaron “guerra contra el terrorismo”, cuyo detonante fue el derribamiento de las Torres Gemelas en septiembre de 2001, y la segunda fue la crisis financiera de la cual aún sentimos el coletazo.

Hablando ahora del continente americano se empezó desde hace rato a apreciar cómo la balanza de la influencia, inclinada de antaño hacia Estados Unidos, ya no lo sigue siendo; países como Brasil empiezan a tomar la batuta. Otros países, como Chile, empiezan a cumplir los requisitos para empezar a ser llamados del “Primer Mundo” (estratificación que yo veo odiosa y equívoca), pero sin duda lo más relevante ha sido el atropello sistemático que se le ha hecho a la democracia, tan tradicional de este hemisferio, por actitudes como la de los dirigentes de Venezuela, Bolivia y, me avergüenza decirlo, Colombia.

En el sector social no se aprecian cambios radicales: los pobres siguen empobreciendo, y los ricos… bueno, nadie debería preguntar por ellos, pues siempre se saldrán con la suya. Lo que sí quiero remarcar, y esto lo hago a título personal, es el aumento dramático de odios irracionales como la xenofobia y el racismo, campos en los que tristemente sobresalen algunos países del viejo continente. Otras cuestiones, como las de índole ambiental, siguen siendo preocupación de unos pocos cuando atañe a toda la humanidad.

Bien podría decir que en estos diez años no todo ha sido malo. Es propicio señalar que muchas cosas nos han traído esperanzas de que quizá las cosas anden mejor en un futuro cercano, pero sólo son eso: esperanzas, mientras que las amenazas sí tienen la cualidad de ser señaladas y, si de pertinencia se trata, de ser detenidas.

Espero, continuando por esa vertiente, que no sólo el otro año, ni siquiera la otra década, sino que el resto de vida de todos aquellos a los que llegue este mensaje, si quiera el sonido de mi voz, sea fructífera y beneficiosa. Espero sinceramente que la luz de la razón y la inteligencia iluminen su camino de aquí en adelante, pues nada ni nadie más lo hará.

Por último, y obedeciendo a la tradición, les deseo un feliz año 2010 a todos.