Entertainment Online

Internet es de naturaleza gratuita. Estoy convencido de ello, desde el momento en que envié mi primer correo electrónico. Bajo canciones, películas, veo series por You Tube y Surf The Channel: soy un bucanero de Pirate Bay y me enorgullece. Si cobraran por letra escrita en los blogs yo no publicaría ni una sola línea, y la expresión en Internet sería el más abrumador y sincero mutismo.

Lo creo y siempre lo he creído porque las aplicaciones informáticas nacieron para hacerle al hombre más sencilla la vida. Entendiendo el concepto de “sencillo”, el hombre no se complica, o no tendría por qué hacerlo en un principio. Tantas personas habitando el ciberespacio, donde el dinero realmente te puede comprar muy poco, donde difícilmente existe discriminación o segregación (salvo el típico desadaptado que se las ingenia para conseguir ese propósito) puede acercarse a una utopía.

Y porque, claramente, las tendencias de la sociedad de la información así lo indican. Internet es gratuito.

Lastimosamente, no todos piensan así. Algunos hipócritas ven con desdén el hecho de que el arte o esas cosas que asociamos inmediatamente con ocio y entretenimiento ya no estén valoradas por una moneda, sino por el mero contenido artístico y talentoso del mismo. No hay mejor canción que aquella que tiene más descargas de Internet; antes era la que las discográficas, amangualadas con las estaciones radiales nos impusieran.

Hipócritas. Los artistas que se entregaron a los tentáculos de esos grandes conglomerados han perdido la razón de ser, ese amor al arte que tanto pudo conmover a un público en el pasado, y que generó cierta fidelidad, fue reemplazado por una insaciable sed de dinero y adicción al status quo. “El comercio de este material por Internet daña gravemente la industria”, dicen los líderes de estas mismas compañías… sí, probablemente muchos empleados pierdan la cabeza por ello, pero también es porque ni Colin Farrell o Lars Ulrich, incluso alguno de los magnates dueños de las disqueras o productoras, permitirían que se les sacuda su zona de comodidad sin antes afectar a otros… ellos no pueden perder.

Sabemos que el consumo no existe gracias a la velocidad de intercambio de dinero… eso es una confusión de términos. El hecho de que las economías capitalistas funcionen así no significa que la gente no necesite consumir. Al contrario, si la oferta es gratuita, la demanda se dispara hasta el cielo; es la ley más básica en la que se pueda pensar.

Lo bueno de todo ello es que, con el afán de vender más y más, los productos se volverán más “competitivos” y subirán su calidad, así los espectadores recibiremos cada día mejores cosas, incluso más frecuentemente de lo que se hacía antes. Está en el humano siempre desear más por menos. El problema es cuando demasiado pocos se vuelven demasiado avaros.

Pero cuando muchos se vuelven avaros, como un público, entonces hay un buen mercado para explotar. ¡Larga vida al Internet gratuito!

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~ por Juancho H. en marzo 16, 2009.

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