Columnas

Me gusta estar informado. Leo periódicos regularmente, y cuando no tengo acceso a su versión física, generalmente veo la edición virtual de una publicación.  Soy periodista, y desde un principio sentí la necesidad de estar al tanto de los acontecimientos para comprender en mejor medida el mundo que me rodea.

De igual forma, respeto mucho la labor que hacen los columnistas de opinión. Por supuesto, en esta categoría sólo incluyo a aquellos que son buenos que desempeñan su labor, específicamente aquellos que entienden su labor: comentar acerca de sucesos de interés general y establecer una posición al respecto, sea de oposición, de soporte, de completa neutralidad, negligencia, etc…

Seguramente se preguntarán cuáles considero que sean los malos columnistas, y la respuesta se bifurca en dos: aquellos que la utilizan para defender a su propia persona, y las personas que, perteneciendo a alguna posición de influencia o poder, la emplean para desviar la atención.

Es común que, para ilustrar alguna posición, ciertos columnistas citen las declaraciones de otro columnista. Tristemente, lo que también se vuelve bastante común, en caso de que esa cita se utilice como ejemplo de una práctica incorrecta, es que el segundo columnista dedique su siguiente espacio para defender su honra, y quizá atacar al que osó utilizar sus oraciones tan vilmente.

La primera es un desperdicio de espacio y, a la larga, una acción que va en detrimento de la popularidad y la posición de respeto de los columnistas que acuden frecuentemente a estas reyertas, caso contrario a lo que ocurre en la segunda situación, que sí encuentro extremadamente nociva para una democracia, aparte de considerarlo una canallada. Cuando un funcionario público encuentra la oportunidad de influir en la opinión pública es un claro atentado a la democracia. El propósito de una columna de opinión siempre va a ser orientar y plasmar una posición, pero es evidente que la de estos individuos siempre será favorable al gobierno, incluso, y siendo fieles a su condición de humanos, velen cierta información que pueda ser perjudicial al régimen.

Siempre he sostenido que las columnas deben escribirlas personas responsables, ajenas a cualquier actividad que tengan que ver con la actividad estatal. Es natural que personas afiliadas a diferentes partidos políticos participen en el “waltz” mediático, pero considero un atropello que lo hagan personas que están directamente relacionadas al Estado.

Simplemente desconfío. Somos humanos y pensamos antes en el bienestar particular. Si no fuera así, muchos desetimarían los ataques contra su persona y seguirían hablando de presidentes y de Obama.

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~ por Juancho H. en abril 1, 2009.

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