Un minuto

Aunque no soy hombre de tradiciones, por fuerza de costumbre algunas han permanecido conmigo. Regalar presentes en Navidad, hartarme de comida y alcohol en año nuevo y, más recientemente, mirar al techo y rascarme la panza en semana santa. Aunque hace mucho perdieron significado estas festividades para mí, se han vuelto días feriados por legislación en muchos países, por lo que muchos, incluyéndome, los aprovechamos para el ocio.

Hay otras, sin embargo, que realmente carecen de sentido para mí, pero no he podido quitarme de encima, como si ya fuera un nonagenario anciano lleno de mañas. El más evidente es el tiempo en el que se guarda silencio y que las conglomeraciones convocan en honor a fallecidos o caídos en catástrofes. Lejos de arruinar el mutismo de la multitud con algún bullicio, como si de cagada en lienzo se tratase, aprendí a ver en ello un significado de respeto, sabiendo que originalmente el rito se hacía como una oración silenciosa masiva, acción de la cual me declaro expresamente exento en todo sentido.

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Recientemente empezó el mundial de motociclismo. No lo sigo, pero siempre me ha parecido interesante la forma en que la destreza del piloto importa sobremanera para alcanzar la victoria, caso contrario a lo que ocurre en un fórmula uno, donde el conductor ya empieza a verse más como un supervisor que en un as del volante, gracias a las grandes inversiones tecnológicas a las que están sujetas estas maravillas de las ingeniería continuamente y que hacen un accidente improbable , salvo una colisión en una carrera, o si eres un jeque árabe que te las arreglas para chocar un bólido en una recta donde no hay necesidad de moverte…

En fin, así como en el campeonato de rally, respeto a los motociclistas profesionales por su rol en las carreras. No he tenido muchas oportunidades para seguir el torneo, aunque me gustaría. Un amigo sí es fanático de la categoría, y últimamente me tiene al tanto.

El domingo transmitían una de las sesiones de la carrera de Qatar, bajo mi entendimiento la primera de la temporada. Estábamos viendo y comentando banalidades, como suelen hacer las personas cuando ven televisión. En un momento, sin embargo, sonaron los parlantes del circuito qatarí, invocando a un minuto de silencio en honor a las víctimas del terrible terremoto del centro de Italia, que cobró más de 200 muertos, miles de heridos y muchos otros desamparados. Callaron y el silencio se hizo en el ambiente, roto por la alharaca de algunos seguidores de las principales figuras del Moto GP. Nosotros, sin embargo, a miles de kilómetros de distancia, continuamos nuestra conversación, pero en mí se sembró un dilema que hoy comparto con ustedes.

El mensaje de convocatoria atravesó la distancia, salió por la empolvada pantalla del televisor de mi amigo y llegó a nuestra mente a través de nuestros sentidos. En cortas palabras, la invitación nos llegó a nosotros, porque hasta donde tengo entendido no incluía solamente a los allí presentes. ¿Debimos haber guardado silencio nosotros también? Ciertamente, y a todas luces, nos habríamos visto como dos estúpidos ahí callados, firmes de pie, para reanudar nuestra conversación un minuto después; eso en el caso de ser consensuada la acción. En caso de no serlo por alguno, el otro tendría que haber dicho “hey, cállese, respete”. Si ninguno de los dos opta por ello, entonces pasaría de largo y el evento iría a parar a la enorme pila que constituye el olvido.

¿Hubo entonces irrespeto de nuestra parte? Bueno, cuando se viola el silencio realmente no existe tal cosa, por lo menos en ese caso, porque los afectados no lo exigen. Es cuestión unilateral de honrar a aquellos que cayeron en circunstancias desafortunadas. El auténtico problema es que el ritual del minuto de silencio se ha vuelto exclusivamente en un fenómeno que ocurre en multitudes de personas. Aquellos que omiten su participación al ritual generalmente son calificados de parias, como incluso yo lo he hecho en este escrito.

El meollo del asunto es que el minuto degeneró en un alienador de masas, y empezó a perder su significado de respeto. ¿Por qué? Porque difícilmente alguien eleva plegarias en ese momento, sino que simplemente calla y espera a que se termine el tiempo. Los que rompen el velo del mutismo sobresalen y son calificados con muchos sobrenombres que la sociedad ya se ha encargado de trillar y meterlas en un cajón: desadaptados, antisociales, irrespetuosos…

Un verdadero amigo nunca me llamará así, por mucho que levante mi voz, en la privacidad del hogar o el más grandioso de los coliseos. Ya obedece a los principios de cada cual ver qué contiene mayor importancia en su momento, si el minuto de silencio o el bullicio, la conversación banal.

Circunstancialmente, y en el caso de una convocatoria a distancia, creo saber cuál de las dos ganará siempre en el hogar.

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~ por Juancho H. en abril 14, 2009.

3 comentarios to “Un minuto”

  1. En mi caso suelo quedarme callada por respeto. Aprovecho para reflexionar ese momento sobre lo que ha sucedido y solidarizarme con las víctimas. Pero no creo que sea nada malo no hacerlo. Muchas veces ni te enteras de lo el minuto o te pilla mal o no te apetece. Las cosas hay que hacerlas cuando te sale, no por un convencionalismo social.

  2. Creo que es díficl sentir tras la pantalla de televisión el minuto de silencio por las pérdidas humanas de Italia, sobre todo si estas en un bar platicando y esperando una carrera, cuantas veces no pasa lo mismo con un himno nacional en un partido de Fútbol o pelea de Box, ambos eventos se ven más con amigos, y solo guardas silencio cuando el evento en sí comienza.

    Creo que el minuto de silencio lo haces ahora con este post para recordar a las victimas de una tragedia que ocurre a miles de kilometros, seguramente lo importante es recordar que somos seres humanos expuestos a una catastrofe, a un evento de la naturaleza.

    Vaya pues nuestro minuto de silencio por la victimas del seísmo en Italia.

    Saludos

    Las tres y un cuarto

  3. Muchas gracias por sus comentarios.

    Para Casandra: Tienes toda la razón en cuanto que las cosas debes hacerla sólo si las sientes. De nada sirve guardar silencio durante un minuto si no existe la necesidad dentro de ti. Hacerlo sería hipocresía. El problema radica en que no hacerlo cuando es convocado ya es tachado de irrespetuoso precisamente porque la ilusión de silencio desaparece en ese recinto y llega a perder significado. Es más una cuestión de respeto no sólo con las víctimas y con aquellos que sí ven significado en su silencio. ¡Te agradezco por visitar mi blog!

    Para lastresyuncuarto: Un hermoso comentario. Ahora que lo mencionas, la gente suele guadar silencio cuando el evento en sí se desarrolla, y ya ocurre de manera subconciente porque los espectadores están concentrados. En definitiva una convocatoria a guardar silencio no se puede realizar a distancia.

    No se nota en el blog, pero lastresyuncuarto dejó un espacio en blanco como símbolo de silencio. Brillante.

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