En el medio

Mucho odio en el ambiente esta semana. Las Naciones Unidas organizaron una conferencia internacional contra el racismo y ésta se convirtió en plataforma para mensajes de afrenta y oprobio entre dos viejos rivales: Irán e Israel. Ya existía un antecedente, en el ámbito inmediato, que contribuía a que este hecho se llevara a cabo: la institución de un régimen de extrema derecha en Jerusalén, visto como una provocación implícita por parte de Teherán y el gobierno fundamentalista que ahí reposa, y los intentos continuos de Irán de alcanzar la capacidad nuclear, cosa que Israel no ve con buenos ojos, amenazando incluso con atacar.

Ahmadinejad habló y muchos líderes, la mayoría europeos, se levantaron y se fueron de la sala. No querían escuchar un mensaje de odio en una reunión que debía promover la tolerancia. Estados Unidos previó la situación y se abstuvo de enviar un representante. Los diarios de todo el mundo hablan de ello como si se tratara de un nuevo ataque a occidente.

¿Qué fue lo que dijo realmente Ahmadinejad?

  • Bueno, dijo que el Holocausto era un mito sobredimensionado. Bastante equivocado estuvo al decir esto. No sólo por la imprecisión histórica de su aseveración sino porque el tema en sí es un tabú. En Alemania es delito negar este hecho. Generaciones enteras de judíos y otras víctimas del nazismo aún llevan marcas de esta monstruosidad. Por eso, aparatosa metida de pata del presidente iraní.
  • Aseguró que la destrucción de Israel estaba próxima. Eso en mi barrio se llama “amenazar”. Que no haya precisado los medios en que esto ocurriría sólo colaboró para añadir leña al fuego.

Hubo algo, sin embargo, que sí me dejó pensando bastante. Transcribo acá una pequeña frase de lo que dijo Ahmadinejad:

La formación del Estado de Israel dejó a una nación entera sin hogar bajo el pretexto del sufrimiento judío, con tal de establecer un gobierno totalmente racista en Palestina.

Palabras fuertes. ¿Qué se puede extraer de las afirmaciones del presidente iraní? Bueno, hay que retroceder, entonces, unos sesenta años. La ONU otorgó un territorio en Oriente Medio a la comunidad judía, que se llamaría el Estado de Israel, en una especie de “compensación” por los horrores que sufrieron los creyentes en el judaísmo. El territorio abarcaba Jerusalén, ciudad santa no sólo para este credo, sino para otras religiones monoteístas (cristianismo e islamismo). El terreno lo “donó” el imperio británico, que ejercía su dominio en gran parte de la región desde la caída del Imperio Otomano treinta años antes.

Lo que pocos saben es que el territorio, llamado geográficamente Palestina, fue dividido salomónicamente (¿no encuentran algo de ironía en el término?) en dos, dejando a la ciudad de Jerusalén en medio, con un gobierno internacional para la ciudad. Después de muchísimos años de conflictos, empezados en ocasiones por diversos bandos, los israelitas fueron ampliando su territorio hasta lo que es hoy, una representación política de lo que antes eran las doce tribus de Israel.

El conflicto sigue hasta hoy, constituyéndose en el enfrentamiento más antiguo de la humanidad… algo más de mil quinientos años. Violencia de un lado y de otro.

Ninguno tiene la razón, pero ambos creen tenerla. El mundo muchas veces se hizo (y se sigue haciendo) el de la vista gorda ante las injusticias que comete el estado israelí sobre la población palestina por la hipócrita creencia de que aún existe una “deuda” con esa comunidad. A su vez, los nacionales judíos se creen en el derecho de hacerlo, pues está en sus sagradas escrituras y como lo dice una aberrante interpretación de la Ley del Talión.

A su vez, los palestinos, apoyados por sus congéneres musulmanes, se levantan en armas, acción que tampoco es el camino, pero siempre queda la duda de hasta qué extremo puede una persona aguantar sin tomar medidas desesperadas. ¿Quién los escucha a ellos? Sólo quisiera que el esfuerzo que someten para hacer atentados lo invirtieran en clamor a la comunidad internacional, que con el paso del tiempo se vuelve cada vez más receptiva.

Esperemos, para variar, un clamor diferente al de Ahmadinejad.

Muchas preguntas hay que hacerse con respecto a este conflicto. Ojalá con la llegada de Obama, quien ha demostrado estar haciéndolo relativamente bien, haya una vuelta de hoja y se empiece un proceso serio. Que las actitudes radicales de lado y lado cesen para dar paso a la convivencia. Hay ejemplos históricos de que ello se puede.

Siempre es bueno pensar no tanto desde una perspectiva de la política internacional, sino la de aquel que se encuentra en el medio.

~ por Juancho H. en abril 22, 2009.

3 comentarios to “En el medio”

  1. Junchoh, que interesante analisis, sobre este tema tan espinozo, pero no creo en San Obama, el irá tras la buena fe del Tío Sam, solo esta recorriendo el mundo para que se vea un cambio en la política exterior de USA, la imagen que dejo Bush no les sirve a su economía, y su aliados son los judíos, patrocinadores o dueños de las empresas de armas.

    En fin hemos dejado de creer en los salvadores del mundo.

    “El Holocausto era un mito sobredimensionado” que frase tan terrible. Da escalofrios.

    Saludos

  2. Enhorabuena por el artículo, es de lo más imparcial, tolerante y desapasionado que he leido sobre el tema. Desde la escuela nos acostumbran a pensar siempre en términos del “bueno” y el “malo” y las cosas no suelen ser tan simples.

    “La violencia es el último recurso del incompetente”, Isaac Asimov.

    Saludos.

  3. Muchísimas gracias por sus comentarios.

    Las Tres y Un Cuarto: Debo admitir que también tuve cierto esceptisismo con respecto a Obama, porque años de abusos y mal liderazgo sembraron en la duda en el corazón de muchísimas personas. Pero, por ahora, ha tomado decisiones que parecen indicar un camino indicado para sanar viejas heridas. Como periodista que soy, y en el trasfondo pragmático, me alegra que él cuente con el apoyo de la prensa, en especial del New York Times, quien ha sido tradicionalmente crítico ante los gobernantes. Hay que darle un poco de tiempo a ver qué tal lo hace, y quisiera que, por una vez, tuviéramos esperanza no tanto en un salvador, sino en que las cosas procuren hacerse bien.

    Para J.M.: Debo admitir que me diste en la vena del gusto. Aunque él sea profundo estudioso del determinismo, Hari Seldon es uno de mis personajes ficticios favoritos, junto al astuto Salvor Hardin (irónicamente un individuo que utilizó la fe de las personas como un arma, a favor de su civilización).

    En la universidad siempre nos inculcaron ser objetivos e imparciales, pero siempre nos dijeron que eso era imposible.

    Sólo prometo hacerlo lo mejor que pueda. Y que sepas que eres más que bienvenido a la lámpara de Diógenes.

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