De la edad

Tengo 26 años. En julio próximo cumpliré 27. Aunque evidentemente me falta aún muchísimas cosas por conocer, considero que he llevado una vida plena, feliz y satisfactoria.

El otro día caminaba por la calle con un ex compañero de piso, un muchacho que volvió a su casa en Alemania para terminar sus estudios, y su novia, que sólo habla unas pocas palabras de español. Vinieron de visita porque unos amigos suyos se casan este fin de semana, pero aprovecharon un poco más de tiempo para venirse antes y compartir con otros amigos y conocidos. Yo, por supuesto, les abrí las puertas de una casa que, por derecho propio, ya es como suya propia.

He tenido buenos y malos compañeros de piso. Él ha sido de los mejores. Considero que, además de unos buenos fósforos en el baño, la comunicación es el ingrediente principal para la convivencia en un lugar alquilado. Nunca esperé nada más de mi amigo alemán.

Caminábamos a casa después de una noche de copas, en la que unos ex colegas de su trabajo de la fábrica de Volkswagen fueron a verlo y recordar viejos tiempos. Entonces la chica me preguntó en inglés que qué pensaba hacer una vez me fuera de Pamplona.

“La verdad no lo sé”, respondí, sorprendido con la pregunta. “Mi contrato de trabajo terminó, y no tengo nada que hacer acá. Supongo que lo adecuado ahora es volver a casa y buscar uno allá”.

Qué poco preparado me sentía para decir eso. Así que, antes de continuar por esa vertiente, le dije que pretendía irme de viaje por los países nórdicos antes de regresarme, ahora que tengo la oportunidad.

“¡Claro! Debes aprovechar ahora que eres joven”, afirmó ella con naturalidad.

Joven. Creo que ya tengo tan implícito el hecho de que soy joven que el día que me haga viejo me va a dar muy duro. ¿Cuándo se vuelve uno viejo? ¿Existe acaso alguna frontera? ¿Si acaso algún día tengo hijos, ellos serán como una medida cronológica de ese episodio? ¿O será sólo cuando no pueda tocarme la punta de los pies, o algún indicio de esa índole?

Esas preguntas empezaron a rondar en mi cabeza, incluso considero que algunas se me escaparon. También pregunté si eran tan universales como el hecho de que no existe ningún lugar en el mundo en el que haya una mujer que le agrade decir su edad, ni en Alemania, ni en España, ni en Katmandú.

Toda la vida es, por ende, una carrera contra el tiempo. Nuestras vidas son un compendio de experiencias y acciones, donde, a grandes rasgos, una inacción es como un pecado mortal, y mucho más si incurre en una cuestión por la cual despiertas interés.

La conversación terminó por parte de la muchacha, con una frase que parecía salida de un libro de Isaacs:

La edad que tienes es la que sientes que tienes. Siempre serás todo lo joven que quieras

Supongo que tiene razón. Todo en la vida es cuestión de actitud. La cuestión física sin duda es importante, pero siempre y cuando se tenga el ánimo y la convicción se podrá realizar cualquier gesta.

Además de esa frase, recibí al día siguiente la respuesta de un amigo al que había felicitado recientemente por su cumpleaños. También le preguntaba qué se sentía ser un año más viejo, en medio de otras frases cliché que suelen hacerse. Él me respondió:

¡Se dice añejo! Como los buenos vinos, mejoro con la edad. Por cierto, decidí dejar de envejecer. Eso es toda una falacia del sistema para hacernos creer que la vida es limitada. ¡La vida es infinita!

Espero que tal conocimiento llegue a mí antes del cumpleaños 27, o antes, cuando me dé cuenta que el tiempo no importa.

~ por Juancho H. en mayo 1, 2009.

4 comentarios to “De la edad”

  1. Yo tengo 21 y me gustaría ser más grande. ¿Es tan raro como parece? La juventud está absurdamente sobrevaluada – ¿es que no vas a poder conocer Finlandia cuando tengas 40?. A mí me gustaría recibirme, hacer un posgrado, viajar, poder comprarme una casa propia, tener estabilidad emocional, y todo eso viene con la edad. Y si a los 40 me dan ganas de aprender a usar el nuevo chiche tecnológico, conocer un país al que nunca fui o simplemente divertirme, no creo que pueda catalogarse de “crisis de mediana edad”. Mis papás – ya rozan los 60 – siguen estudiando, usan la pc a la perfección (eso incluye programación, foros, etc); mi viejo anda en motocicleta y toca la batería de mi hermano cuando tiene un momento libre. Y no son para nada gente “en crisis”. No quieren recuperar la “juventud perdida” tiñéndose el pelo o alguna superficialidad por el estilo. Simplemente saben que la edad no es obstáculo para las ganas de vivir.

  2. Me alegra mucho que veas a tus papás con esa energía. Yo me la paso animando a los míos para que hagan diferentes actividades. Ciertamente me gustaría que tuvieran las habilidades informáticas necesarias para que nos comunicáramos más seguido, pero siempre procuran seguir aprendiendo. Y, por supuesto, no le temen al avance de la edad.

    Creo que ese es de las mejores enseñanzas que me pueden dejar, y el mejor ejemplo que yo puedo seguir.

    Me encanta que pases a visitarme. ¡Quisiera que también escribieras más seguido! Un abrazo, Malena.

  3. totalmente de acuerdo con que el tiempo es una falacia de algún sistema.
    nos ayuda a estructurarnos, a organizarnos, lo que sirve para mucho…pero no nos debemos dejar limitar por ello
    usamos la excusa del “tiempo” para no hacer o cambiar, ocultando nuestra cobardia o ausencia de valor
    el tiempo no existe o por lo menos no es ningún Dios

  4. Wow, me pareció estar escuchando a mi papá con lo de la frase “el tiempo no existe”…

    Gracias por tu comentario, Podarumbos; está cargado de mucha razón.

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