Mario

En medio de mi viaje me soprendió la muerte de Mario Benedetti. Me atravezó como un rayo. Hacía semanas que él se encontraba convaleciente, pero algo en mí decía que de ninguna forma podría expirar, que se mantendría para siempre.

En parte así será, pues su obra es inmortal: el valor de sus versos es incalculable, y definió generaciones enteras con su sencillez y su canto al amor y a la vida entera. Pero evidentemente su forma humana, esa presencia material expiró, y ahora sólo queda su recuerdo, que ahora preservamos aquellos que tanto lo admiramos y lo quisimos como un tesoro, como un bien que hay que defender como si se tratase de la mismísima vitalidad del ser.

Ese es el valor de un poeta. De aquel que dedicó su vida a encontrarse en constante oposición, en constante esceptisismo, en un canto por algo que los hombres deberíamos de ser y que rogaba porque algún día siquiera alcanzáramos a vislumbrar, así fuera por una centella, por el brillo del sol reflejado en los ojos de un ser querido.

mario_benedettiAhora lo recuerdo con un poema que me enseñó un día una persona que aprecio demasiado, que de hecho conquistó mi corazón y me enseñó a querer a Mario por su creatividad, por su sensibilidad y, sin más qué decir, por su amor a la vida.

Mario Benedetti, inmortal.

Pasatiempo

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

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~ por Juancho H. en mayo 23, 2009.

3 comentarios to “Mario”

  1. Un gran poeta ha muerto. Pasa por mi blog http://kathyazul.wordpress.com/ te he dejado un reconocimiento, abrazos.

  2. Bonito homenaje. Descanse en paz.
    A mi me encantaba este…

    Hagamos un trato

    Compañera,

    usted sabe

    que puede contar conmigo,

    no hasta dos ni hasta diez

    sino contar conmigo.

    Si algunas veces

    advierte

    que la miro a los ojos,

    y una veta de amor

    reconoce en los míos,

    no alerte sus fusiles

    ni piense que deliro;

    a pesar de la veta,

    o tal vez porque existe,

    usted puede contar

    conmigo.

    Si otras veces

    me encuentra

    huraño sin motivo,

    no piense que es flojera

    igual puede contar conmigo.

    Pero hagamos un trato:

    yo quisiera contar con usted,

    es tan lindo

    saber que usted existe,

    uno se siente vivo;

    y cuando digo esto

    quiero decir contar

    aunque sea hasta dos,

    aunque sea hasta cinco.

    No ya para que acuda

    presurosa en mi auxilio,

    sino para saber

    a ciencia cierta

    que usted sabe que puede

    contar conmigo.

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