Tolerancia y radicalismo

Considero a la tolerancia como el valor más complicado de alcanzar y, por ende, una de las mayores virtudes del hombre civilizado. Pero su delimitación es tan complicada que en ocasiones se vuelve difusa la línea entre la comprensión de ideales y la permisividad de acciones contrarias a la naturaleza humana… si es que en realidad existe algo que lo sea.

Vamos por partes. Imaginemos una sociedad en donde todos los que la componen comprenden y cumplen la ley de la misma sin ninguna omisión. Es más, les gusta y les agrada porque de esa forma son felices. Ahora supongamos que uno de los elementos, que ha tenido la oportunidad de considerar dichas leyes y su eventual evolución (o regresión) hacia un estado de convivencia social distinto, emite una idea revolucionaria, una que sin duda incomoda a muchos pues extrae a muchos de su zona de comodidad, aquella donde los habitantes de la sociedad se sienten cómodos.

La pregunta es, ¿debe ser tolerada tal expresión?

Hace falta definir y ubicar la llamada libertad de expresión, ese derecho tan pisoteado, atropellado y trillado que más bien parece un concepto etéreo e inalcanzable por el cual se lucha incesantemente. ¿Realmente es permitido decir cualquier barbaridad en una sociedad que se ufana de ser librepensadora? Evidentemente, una idea es exitosa en la medida en que es aceptada. Tras eso tendrá unos seguidores y, por orden natural, unos defensores.

Lo cierto es que rondan en la sociedad actual (de hecho siempre las ha habido) ideas tan disparatadas que una persona en sus cabales no llega nunca a tomar en serio. Por ejemplo, supongamos que todos los pederastas franceses, por decir un país, salen de sus grutas y se movilizan para que permitan la pornografía infantil. Evidentemente tal cosa es una monstruosidad y los que lo hacen son enfermos, y sería desechada automáticamente. Muchos incluso serían recluidos o encarcelados por sus manías.

¿Qué ocurriría si un evento de tal magnitud ocurriera? Ciertamente, la sociedad, librepensadora como se ufana de ser, ante tal demostración de radicalismo, se centraría en sus valores, recordándolos y reconociéndolos, y haría más relevante su naturaleza humana; una en que una verdadera y auténtica tolerancia, no la permisividad absoluta, se siembre y se coseche. Así, entendido desde un punto de vista político, ciertas ideas alocadas y disparatadas a veces necesitan ocurrir para que la civilización recuerde su horizonte y su camino.

Y no se puede tolerar cosa diferente.

~ por Juancho H. en mayo 29, 2009.

4 comentarios to “Tolerancia y radicalismo”

  1. Si no dice usted a qué ideas se refiere, se queda uno con sed. Es como una cantimplora vacía que promete agua.

    • Ciertamente no prometo nada, ni doy de beber a nadie. Sólo promuevo la tolerancia. Si fuera un hombre inmiscuido en la política sería distinto. Interesante reclamo, sin embargo.

      ¡Ah! Y bienvenido a la lámpara.

  2. Todo bien con los peronistas, pero que vuelvan los radicales, votemos a Mestre y Aguad en http://www(dot)diaadia(dot)com(dot)ar/?q=encuesta_destacada.

    Saludos.

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