De la propaganda (y el medio inconveniente)

Cae como anillo al dedo lo de Fernando Londoño, antiguo ministro del Interior, actual columnista del periódico El Tiempo e infame por sus casos de corrupción y desfalco. Ahora que la justicia lo acusa de concierto para delinquir agravado (como indica el vínculo), considero llegado el momento para reflexionar acerca de este asunto.

El tema lo he tratado con anterioridad. Desafortunadamente no había podido mostrar un ejemplo que no tocara supervisarlo con mucho tiempo libre (semanas, meses), pero el fenómeno siempre se encontraba ahí. Hablo del mal empleo de los espacios de opinión, y sobre todo cuando estos tienen propósitos propagandísticos o demagógicos, como suele tener el espacio impreso del mal llamado “doctor” Londoño (siempre acompañada de esa inmunda alcantarilla que son los foros de opinión de la página web), o incluso su programa de radio en la Cadena Súper, de la cual hice parte hace unos años.

La historia nos ha enseñado (demasiadas veces ya, por lo que somos cortos de entendimiento) el enorme poder de los medios de comunicación, más si ellos se encuentran al alcance de personas influyentes como el citado aquí. El problema es que, siempre que tomamos un periódico, encendemos el televisor o sintonizamos la radio, siempre se nos está mostrando una faceta, una cara de lo que es la realidad, como si se tratara de un plano bidimensional, mientras que las cuestiones de profundidad nos evaden para ser olvidadas o archivadas.

Ocurre mucho ahora que esa perspectiva es impuesta (no propuesta) por diversos intereses que día tras día van tomando fuerza en la opinión pública. Ustedes llámenla por nombre propio: corporaciones, gobiernos, partidos, particulares. Como periodista que soy, conozco de antemano el uso o manejo que se le da a la información en reiteradas ocasiones, todo con el simple y deliberado hecho de conseguir un propósito: poder influyente sobre el público y, al fin de cuentas, el pueblo.

Erraría también al suponer que presenciamos un lúgubre escenario, pues también me satisface saber que muchos colegas albergan aún ese sentimiento romántico de que el periodismo es el perro guardián de la democracia. También sería descabellado si alguien propusiera un medio censor para los medios: sería atentar contra la libertad de expresión que tanto me ufano de defender. Además, entristece la censura que existen en los medios de comunicación, ejercida por ellos mismos, de noticias o primicias que nunca ven la luz pues atenta contra los intereses nefastos de ciertos individuos o agrupaciones.

En su lugar siempre está el medio propagandístico, el medio inconveniente que apela a los sentimientos del público para enardecerlos y voltearles la mirada, incluso vendarla, para quitar sus ojos a lo que realmente ocurre.

Lo más triste, sin embargo, es que en muchas ocasiones somos nosotros mismos quienes nos vendamos, callamos y nos conformamos con una cara de la realidad.

~ por Juancho H. en julio 6, 2009.

2 comentarios to “De la propaganda (y el medio inconveniente)”

  1. para tener una opinion y una buna opinion uno debe informarse y verificar pra halalr posteriormente sorpresas.

    que estes muy bien, un abrazo de amigo dede Chile.

    au revoir.

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