Del sueño

El sueño de los que están despiertos es la esperanza.

Aristóteles

Una de las frases de Nietzche que mayor curiosidad me causaron en su momento fue la de “bienaventurados los somnolientos, pues ellos se dormirán primero”. Se refería irónicamente a aquellos virtuosos que, dadas las cualidades de su corazón, irían a la cama con tranquilidad. Por supuesto acá la virtud obedece a una perspectiva cristiana de los dones cardinales, mas no de una virtu maquiavélica que, a la postre, es mucho más elaborada.

Ya que el filósofo alemán canaliza el objetivo o la finalidad de los virtuosos cristianos en un descanso tranquilo, propósito abyecto ante sus ojos, cabría hacer entonces un análisis del sueño y sus derivados.

Tomando un caso en concreto tenemos a doña Marta, progenitora del padre de un servidor. Ante la expiración de su señor marido hace dos años, supuso que efectivamente su propósito en esta tierra prácticamente había terminado, pues ella dedicaba sus días y sus noches dedicada al servicio del cónyuge, aproximadamente 25 años mayor. Al verse desprovista de propósito, ideó un esquema en el que, acorde a la relatividad de su perspectiva, el tiempo de su conciencia se vería acortado. En otras palabras, duerme bastante, y cuando no lo hace se dedica a comer y a tejer. Como buena antioqueña que es, sus almuerzos son poderosos monumentos a la harina y los granos. Tan pesado alimento, que ella adjudicó por costumbre consumirlo dos horas antes de lo habitual, la deja prácticamente lista para volver a la cama y entregarse a los brazos de Morfeo. Así, de cinco a cinco, acortó sus días.

En fin. Pero ese es el sueño entendido como el proceso fisiológico en que el cuerpo descansa y estimula su corteza cerebral. Pasemos ahora al idílico sueño, esas fantasías que ideamos en nuestras mentes entabladas en escenarios quiméricos de nuestra imaginación. El sueño que los hombres pretenden alcanzar despiertos.

Sucede muchas veces que los individuos más realistas son los que alcanzan sus sueños, simplemente porque presentan una grave falta de ellos o una total ausencia. Sin embargo, es el entusiasta, aquel que reúne una visión correcta de la realidad y un esfuerzo y un empeño, el que construye esos escenarios, los edifica, trabaja por ellos. No será exactamente como lo propuso en un instante, pero será real, innegablemente acorde a su vida, y ello lo llenará de plenitud, sosiego y, por último, felicidad. Quizá el sueño de doña Marta es estar somnolienta cada día para irse a dormir pronto.

Eso es estar despierto, ¿Puede acaso el somnoliento nietzcheano alcanzar sus sueños?

~ por Juancho H. en julio 23, 2009.

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