De la izquierda

De Semana.com

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Ya que la situación globalmente lo amerita, vamos a analizar la ideología de izquierdas, izquierdismo o lo que algunos erróneamente llaman populismo.

Con el paso del tiempo, ser de izquierda es sinónimo de que algo está mal. ¿Por qué ocurre eso? ¿Qué características reúne un individuo de ala siniestra (nombre tampoco apropiado, pero viene del sinistra latino) para que automáticamente sea detestado o, por defecto, poco confiable?

Bueno, la explicación más sencillista es que, tristemente, no ha habido muchos casos de izquierdismo confiable o, a lo mucho, exitoso en algún aspecto relevante.

Empecemos con un poco de historia, por muy penoso o doloroso que ello pueda significar para mis queridos lectores. Retrocedamos 160 años a Bruselas, al congreso de la Liga Obrera Internacional, de la cual fueron partícipes Friedrich Engels y esa figura satanizada sistemáticamente que es Karl Marx. Fue en esa época en que se entabló el Manifiesto Comunista. Analicemos ahora qué fue mal en este planteamiento. En primera instancia, Marx quiso desde un principio que el ideario comunista fuera como una “profesión de fe”, mientras que Engels insistió desde un principio que fuese un manifiesto. Ahora, la teoría comunista, aunque no es exclusiva, es en gran parte trabajo de Marx. Por mucho que se esfuercen algunos historiadores en negarlo, el lenguaje del alemán es básicamente demagógico, apela a sentimientos de opresión e insatisfacción de la clase obrera, tal como lo hace en El Capital, ese “cañonazo a la burguesía” como él mismo decía, o incluso en palabras del mismo Marx, que siempre aseguró que la sociedad “progresivamente se iba acomodando en dos grandes bandos enemigos: la burguesía y la clase obrera”.

Por mucho que la idea romántica de Marx, que muchos asocian metafóricamente a la lucha de Fausto contra Mefistófeles (paradójicamente a la familia Marx le encantaba Goethe), pretendía una liberación obrera y, en últimas, unas mejores condiciones vitales o más equitativas, su lenguaje nunca dejó de ser incendiario o voluble, y tristemente fue tomado así a través de los años de forma general. Las aplicaciones más famosas del comunismo marxista (utópico por misma definición) son el leninismo, el maoísmo, el castrismo… en fin, si quieren englobar el chavismo y otras bestialidades tropicales, sin que ello deje ver la cruenta verdad de que es una ideología matizada y orquestada usualmente por la visión de un hombre.

Estas aplicaciones de la ideología comunista, por mayoría arbitrarias y con un tinte salvajista, atentaron a través de los años contra el humanismo y pervertieron el sueño del filósofo alemán. Marx, en su crítica acérrima al materialismo hegeliano, al que atribuía exclusivamente a la burguesía, no pudo prever que los mismos estados de ideología comunista se iban tornando precisamente en una aberración de corte materialista.

Cortemos la cháchara histórica acá, para variar. La izquierda es, desde su nacimiento, una alternativa a una ideología que apela más a la ambición humana. El socialismo actual no es muy apetecible porque, por tristeza, conforma un conjunto de ideas que no se ha terminado de inventar. Contiene mucho fundamento teórico, pero inviable una vez se pone en práctica. Por supuesto, que una alternativa sea deficiente no hace inmediatamente buena a la otra, eso sólo por añadir…

Vemos entonces a la izquierda como una derecha negativa. Su léxico es básicamente revolucionario y reaccionario porque ideológicamente es confuso. Por ejemplo, se ve que el comunismo siente una aversión natural hacia la religión, pero eso ocurre por una coincidencia geográfica y temporal, pues la creencia occidental ha sido tradicionalmente cristiana (católica, para más rigor), una doctrina que anda de la mano del poder y la riqueza, éstas en manos de la élite; los errores de la misma provocaron entonces una desconfianza superficial en una institución que, de funcionar como debería, quizá haría mayor bien.

Por seguir con la cadena de ejemplos, vemos que en Latinoamérica la izquierda es sólo una reacción a los gobiernos de derecha que dominaron tanto tiempo. En España ocurre algo similar, aunque la política de ese país sea tan escandalosa y farandulera que difícilmente se pueda discernir ideología alguna. La propuesta verdadera de los gobiernos de izquierda se limitan a contravenir decisiones que favorecen a la élite, pero que no necesariamente son producentes globalmente, o en específico a las clases menos favorecidas. En Venezuela, continuando con ejemplos y con el ánimo de ser explicativo, se le da pescado al pueblo pero no se le enseña a pescar.

Así, vemos que la izquierda sólo podría ser exitosa si deja de ser esa derecha negativa, y en cambio se torna una izquierda positivista, propositiva y de identidad auténtica. Quitar esa fama (tristemente merecida) de hombres y mujeres que por infortunio se involucraron en una larga e innecesaria lucha de clases; una más mal que bien hace.

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~ por Juancho H. en julio 29, 2009.

3 comentarios to “De la izquierda”

  1. Hola Juanchoh, me ha gustado mucho la entrada. En parte creo que las ideas en sí no son el problema sino el ansia de poder de las personas que corrompe cualquier ideal y lo vacía de contenido.
    Por ello, cuando dices: “En España ocurre algo similar, aunque la política de ese país sea tan escandalosa y farandulera que difícilmente se pueda discernir ideología alguna”, me entristezco aunque he de reconocer que últimamente la política en mi país da asco. Se ha convertido en un bipartidismo en el que ambos partidos siguiendo las teorías de la economía política se intentan situar en el centro para ganar votantes. Lo único que importa es que les voten, porque así ostentarán el poder y favorecerán a sus amigos. De este modo hay una alternancia de dos grupos en el poder más que manipulados por los lobbies y muy limitados en sus movimientos. La izquierda no se identifica con el PSOE actual, pero vota como castigo al PP cuando no puede más con casos como el de la guerra de Irak.
    Se sabe que las próximas elecciones las va a ganar el PP porque hay hartazgo con Zapatero y pese a los escándalos de corrupción en el PP la gente olvida con facilidad en tiempo de elecciones.

    Siento lástima por la política hoy en día. Dicen que los jóvenes no nos implicamos pero con la imagen de corruptos y egoistas que tienen es difícil querer involucrarse más.

    En Latinoamérica supongo que pasará lo mismo, se trata de elegir el menor de dos males, porque el historial de la derecha en su tierra es tremendo (merecería le pena un post sobre la derecha en Latinoamérica también)

    Perdona por haberme extendido tanto en el comentario. Aunque no comente suelo leerte. Besos. Cas.

    • Hola, Cas, me encanta volver a saber de ti. También me agradó mucho el apunte que hiciste con respecto a los escándalos del PP y otros señalamientos (como los del avión de Rodríguez Zapatero, que al final resultó ser una práctica de lado y lado), pues tristemente el fundamento político de estos partidos parece basarse sobre todo en los errores del otro, no necesariamente de gestión política. También es acertada tu opinión con respecto al idealismo económico de ambas colectividades, a pesar de que España se encuentre ahora en un ambiente de apertura económica, muy allegada a la ideología neo – liberalista.

      En realidad tenía pensado hacer una entrada sobre partidos políticos, pero la coyuntura me obligó a tratar el tema de la izquierda primero. Tomaré tu consejo de opinar sobre la derecha también, a pesar de que no haya mucha presencia derechista actualmente en el continente, salvo Colombia o una que otra excepción.

      Por cierto, puedes extenderte todo lo que quieras, porque esta es tu casa y tus interesantes aportes siempre serán bien recibidos.

  2. […] cerrada la primera fase de mis entradas políticas. Digo primera fase porque estas tres – de izquierda, derecha y esta misma – fueron las que yo quise escribir desde un principio. Quizá salgan […]

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