Futuro del periodismo

Leía el otro día en el New Yorker a un periodista que, así como otros como yo, se preocupan por el futuro de una profesión que, incluso ahora, pareciera mentira o incluso una insensatez que se diga que peligra, pero la realidad es diferente.

Fue Peter Drucker, el famoso teórico austriaco quien dijo, en su magnífico libro La era de la discontinuidad, que la era industrial había terminado y que una del conocimiento iniciaba. El mensaje iba, en principio, a la capacidad inusitada e inexplorada de las empresas para generar riqueza y beneficios con base en la información. No tardó mucho para que los intangibles de las compañías aumentaran su valor (hablamos de la marca, el Good Will o el Know How), pero también empezó un proceso por el cual muchos periodistas, más los independientes, aún lamentan.

La información periodística es muy valiosa porque, además de ilustrar y mostrar a un público los acontecimientos de su entorno y de otros aspectos interesantes, nunca ha sido un secreto que el contenido de los medios de comunicación significa en últimas una forma de control social. Las empresas se fijaron en este valor añadido de la información y se volvió usual que cada emporio tuviera su propio medio de comunicación… o varios, al estilo Murdoch.

¿Qué significó esto para los medios de comunicación? O, mejor dicho, ¿qué significó esto para el periodismo, el otrora “perro guardián” de la democracia? Al empezarse a considerar el contenido periodístico como una mercancía, la calidad de la misma empezó a verse como algo secundario cuando en esencia lo es todo. Cuestiones como la veracidad pasaron a un plano alejado por otros aspectos como lo llamativo o, en extremo, el sensacionalismo. El rigor periodístico fue perdiendo terreno ante lo despampanante o lo escandalosamente rimbombante.

¿Cuándo (o cómo) pasó esto? Tristemente, y me duele en el alma decirlo, pero fue el mismo público (en ningún momento me excluyo) el que lo permitió, y fue ocurriendo poco a poco. Los nuevos líderes de los medios simplemente apelaron a sentimientos instintivos de un público hambriento por nuevas sensaciones. En últimas, los medios ya no veían su oficio como un servicio a una comunidad, sino como un producto que se le ofrece a un cliente, el cual es el hombre mediocre, indiferente y conformista: el hombre masa de Ortega y Gasset.

El rol del periodista pasó entonces a ser un transmisor de la información, extirpando el análisis concienzudo que solía hacérsele a los hechos. Fue José Luis Martínez Albertos quien vaticinó el final de la profesión en su genial libro El ocaso del periodismo, dándole paso a otro que probablemente se le conocerá como la instantaneidad, facilitado por medios como el propio Internet, al cual el académico lo llama elogiosamente el quinto poder.

Como diría Ignacio Ramonet, los periodistas pasaron a ser como obreros en una cadena de montaje.

Pero bueno… no todo es pérdida, supongo. Aún existen los esfuerzos independientes, alejados de esos monstruos enormes que algunos llaman los “medios de comunicación tradicionales”. También existe mucho romanticismo, el de querer hacer las cosas bien. Esperemos el panorama no sea tan lúgubre como algunos pensamos.

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~ por Juancho H. en julio 31, 2009.

2 comentarios to “Futuro del periodismo”

  1. No, todavía pueden dar mucho los periodistas. Solo hay que cambiar…y mucho! 🙂

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