De la derecha

De Semana.com

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Como no podemos dejar las cosas incompletas, debemos ahora volcarnos al opuesto de la izquierda que discutíamos anteriormente. Vamos ahora a ver la derecha, esa tendencia política que muchos han llamado por muchos nombres como elitismo, clientelismo, aristocracia pero, y manteniendo cierta similitud con criaturas de naturaleza mitológica como bestias o dioses, se trata de la misma criatura.

Asegurábamos en aquella ocasión que la izquierda no es más que una derecha negativa, es decir, una reacción, históricamente efervescente, de los efectos de los gobiernos de derecha. Así como los izquierdistas ven a Marx y a Engels como un referente, los derechistas se tornan prácticos y andan con autores como Bentham o Maquiavelo bajo el brazo, en especial poniendo en práctica un principio de este último que podrá no ser tan famosa como su frase “el fin justifica los medios”, pero sin duda reduce la praxis elitista a su mínima expresión: “aquel que construye sobre el pueblo es como quien construye sobre la arena”.

Por supuesto, es un principio que busca alienar o incluso demonizar a los que tienen un origen vulgar, por ello aquellos buenos conservadores y tradicionalistas (que por lo menos se precian de serlo) toman esto como una precaución de un límite que forzosamente no debe cruzarse. Si, por el contrario otorgáramos todo el pensamiento derechista a esa frase hablaríamos de una izquierda negativa, y ahí estaríamos en problemas porque nos encontraríamos conque ninguno de los dos extremos del espectro posee identidad propia.

Por mucho que parezca así y nos cueste aceptarlo, difícilmente lo es. En realidad la derecha ha sido el recipiente del poder político desde que se tiene el concepto de civilización. Aquellos que contaron siempre con una especie de fortaleza, a lo que Maquiavelo llamaría virtu, siempre ostentaron el poder. Pensadores como Platón, a su vez, en los albores de la democracia, aseguraron que sólo los más capaces (él los llamaba “filósofos”) debían gobernar el destino de las naciones. Desde entonces, la capacidad de liderar ha estado concentrada en manos de unos pocos.

Ahora cabe elaborar un paralelo entre el Antiguo Régimen, el de las monarquías, y el actual, donde el poder reside en la burguesía. Encontramos, en medio de todas, dos características similares: la primera y la más sobresaliente es la adquisición de riqueza, sea en la unidad que se desee: tierras, oro, dinero, propiedad intelectual, etcétera, por lo que el materialismo hegeliano es presente en cada una de sus etapas, y la segunda es que existe una serie de salvaguardas para la clase dirigente, una especie de barrera que impide en la medida de lo posible que esa esfera poderosa se vea permeada por influencias externas, muchas veces representada en instituciones que, o bien son ideadas para cuidar el poder político o bien poseen autoridad moral como lo son las diversas iglesias.

Hablemos ahora de la religión, ya que pasamos por el tema. Así como se mencionó que la izquierda y la fe religiosa son como el agua y el aceite, esta doctrina encuentra un complemento en la ideología derechista. Es más, la religión es un componente imprescindible para la supervivencia de la ideología derechista pues es una excelsa representación de lo que son las tradiciones, aquel conjunto de dogmas tan preciado para el político de derecha. Ya lo mencionaba Napoleón, quien despreciaba la Iglesia Católica pero supo de su utilidad: “La Iglesia es lo único que impide a los pobres matar a los ricos”.

El poder corrompe, aseguran los sabios y conocedores del tema. En ocasiones se ha visto que gobiernos han extremado sus maneras y han degenerado en dictaduras, fascismos y otros totalitarismos que llevan la firma indeleble del pensamiento de derecha. Por supuesto, y como ocurre siempre, dichas aplicaciones brutales son acordes a la nación “dispuesta a oprimirse” y a la noción de un adecuado gobierno por parte de uno o unos cuantos individuos.

Otra cosa. Los grupos que se encuentran en el poder difícilmente serán los mismos con el paso de los años. Es más, puede que lleguen con ideas de cambio y progreso, pero en últimas encontrarán que la misma política exige de ellos una transformación con tal de sobrevivir en el ambiente. Tomemos, por ejemplo, a China, un estado “comunista”. Los ideales religiosos que en otros lados podrían llamarse “Iglesia” han sido reemplazados por la fe en el “Estado”, o una suerte de fe marxista. La élite fue en un principio objeto de vejámenes por la clase dirigente de entonces, pero con el paso del tiempo, mientras ellos se mantuvieron en el poder, fueron adquiriendo sus mañas y desvaríos, hasta que finalmente conocieron la necesidad de esa transformación de dejar al lado la ideología romántica para adoptar una mucho más práctica y utilitaria.

El poder político en sí, su misma esencia, es sucio, pero coherente con la naturaleza. Malthus habló en su investigación económica de la supervivencia de los más aptos. No es de extrañar que Darwin se apoyara en esos estudios para establecer lo que conocemos como Selección Natural, precisamente porque eso hace la naturaleza: la supervivencia del más fuerte. Un principio de Paretto que se asoma brutal y desesperanzador, pero que apela ineludiblemente al comportamiento humano.

No todo es pérdida, sin embargo. Es decir, no debería. En esta serie de artículos sobre política tomaremos varias de estas fuerzas y las pondremos bajo la luz de la razón (creo que es la primera vez que uso el lema del blog en uno de sus escritos). En un siguiente escrito hablaré de la oposición y su rol en una democracia bien entendida.

~ por Juancho H. en septiembre 22, 2009.

3 comentarios to “De la derecha”

  1. No deberías leer esto… Es retorcidamente “maquiavélico”. Entra, mira y ya dirás qué te parece.

    http://www.personal.able.es/cm.perez/Extracto_de_EL_ARTE_DE_LA_VENTAJA.pdf

    Mas sobre Maquiavelo y otros estrategas similares en
    http://www.personal.able.es/cm.perez/

    • Disculpa, carolus, tu respuesta se había ido al Spam por “default” a causa de los enlaces, pero ya lo resolví.

      Muy interesantes los enlaces, especialmente el primero que muestra ese “manual”.

      Hay incluso un libro que se llama “El Nuevo Príncipe”, de Dick Morris, un asesor de Clinton en los 90. El texto es básicamente una aplicación del pensamiento de Maquiavelo a la era moderna.

  2. […] primera fase de mis entradas políticas. Digo primera fase porque estas tres – de izquierda, derecha y esta misma – fueron las que yo quise escribir desde un principio. Quizá salgan más […]

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