Respuesta a un fanático

Mi padre siempre me ha inculcado una sencilla frase: “el fanatismo es la antítesis de la propia fe”. No necesariamente la fe religiosa, sino lo que los humanos sostenemos como la “creencia sobre aquello en lo que no hay ninguna evidencia”. Podemos tenerle fe a un extraño para que nos acompañe a la casa, tener fe en que no caiga gota de agua alguna del cielo, en fin, infinidad de cosas.

El fanatismo, por otro lado, esa vejación al intelecto, la arremetida irracional contra la esencia del hombre, siempre se puede ver como inmoral. Sólo fue hasta mi época de universitario (en mi ingeniería industrial, mi periodismo y comunicación social, incluso en mi maestría) en la que pude vislumbrar este terrible mal que esparcen los maliciosos y acogen los ingenuos y débiles de mente.

Un lector podría inferir por el título de este post que pienso responder a la acción de un fanático mío. Nada más alejado de la realidad. En este caso se trata de un fanático a una ideología paquidérmica, retrógada y retardataria.

El nombre de este fanático es Opus Prima. Algunos quizá hayan visto su blog, en el que se encuentran escritos inspirados en la doctrina católica más exasperante, esa que sólo puede entregar el Opus Dei. Aquellos que han tenido la gratificante experiencia de llevarle la contraria (no muy difícil) se han encontrado con diversas evasivas, incluso, en los peores casos, la eliminación de comentarios o, algo que es infinitamente peor y una auténtica falta de respeto y educación, la edición de los mismos.

Hace poco escribió un tema con respecto a la homsexualidad, puntualmente sobre una aglomeración de la comunidad LGBT en la ciudad española de Zaragoza. En él se puede apreciar términos peyorativos con respecto a esta tendencia como “trastorno” o “patología” y términos que apuntaban a la inmoralidad de dicho comportamiento.

Tras una discución en la que debidamente se le señalaron las falencias de su argumento, y una reiterativa y sistemática alteración y supresión de comentarios que harían enrojecer de la envidia al séquito de Chávez, se decidió por crear una entrada que él mismo calificó de “pura ciencia”. En ella se señalaron diversos estudios con respecto a la homosexualidad, así como lo poco fructífero que ha sido desde el campo biológico darle explicación a esta singularidad, pero el grueso del artículo supone señalamientos desde la bioética y el juicio de la moral cristiana.

Facsímil de la respuesta a un fanático

Facsímil de la respuesta a un fanático

Yo, consciente de que la razón se encontraba de mi lado, puse a continuación el siguiente comentario:

Interesante, sin duda. Me impresiona también que te hayas quedado despierto hasta tan tarde invirtiendo esfuerzos en el blog.

Vamos, entonces, por partes. Enuncias en tu escrito que hay tres posibles motivos de la homosexualidad, la decisión personal, la que se da por influencia cultural y la que tiene que ver con el origen biológico. Por ende, si vamos a hablar de una posible patología (aunque ni siquiera en tu escrito se denomina así en ese particular caso) sería la última, pues las otras dos, como bien debes saber, son juzgadas a la luz de una moral o una ética determinadas. Tú, por ejemplo, por tu trasfondo cristiano, lo consideras negativo, como lo haces acá:

Cada una de estas interpretaciones desarrolla una interpretación distinta de la homosexualidad; en el primer caso es culpable, en el segundo es una marioneta de sus tendencias alteradas y en el último caso padece una influencia externa negativa.

Ahora, si nos enfocamos estrictamente en el ámbito del estudio biológico, o de aquello que diferencia a un homosexual o a un heterosexual, no vemos en ninguna parte el uso de la palabra “patología”, salvo unas cuantas apelaciones a diferencias que, aunque existentes, son difícilmente concluyentes con respecto a este tema. Lo podrás apreciar en tu propio escrito, el cual, por cierto, bastante diverso con opiniones citadas de filósofos, psicólogos y otros estudiosos de variadas áreas.

Podemos apreciar sin embargo, en el muy completo estudio que se puede apreciar en el trabajo de María Barinaga, Is homosexuality biological?:

Es improbable que un rasgo tan vago, inexacto y difuso como la orientación sexual esté determinada por un solo gen o que la homosexualidad sea el producto de un grupo único de factores.

Los datos disponibles permiten concluir que la homosexualidad no es un estado de intersexualidad, y que esta concepción parece ser el resultado de una aproximación cultural.

La información disponible indica que se conoce poco sobre los factores biológicos involucrados en la predisposición de la orientación sexual y la forma como actúan a nivel cerebral y como interactúan con los factores de crianza.

Hasta la fecha las investigaciones han tratado de encontrar diferencias anatómicas y funcionales entre heterosexuales y homosexuales. Sin embargo, sólo han mostrado diferencias consistentes entre hombres y mujeres.

Sin duda, se necesita mayor claridad conceptual para adelantar y profundizar en la investigación sobre los factores predisponentes de la orientación sexual y sus múltiples implicaciones en otros contextos, como el psicológico o el social.

Tal vez sea preciso mirar el tópico desde la perspectiva evolutiva que considera los aspectos positivos de la homosexualidad para la conservación de la especie y estudia la interacción de factores constitucionales predisponentes con factores ambientales.

El establecer las bases biológicas para la homosexualidad no eliminará las connotaciones sociales negativas sobre la misma a corto plazo, pero permitirá una mejor comprensión de la conducta sexual humana desde la perspectiva médica.

Ahora, yendo al lado psicológico, apreciamos que, como te he dicho en ocasiones anteriores, la OMS excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud en 1990, y que la Asociación Americana de Psiquiatría hizo lo propio mucho antes, sacándola del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en 1973.

Eso nos deja, entonces y siguiendo la línea de pensamiento que has expuesto en tu escrito, con la decisión personal o la influencia cultural. Por supuesto, y espero concuerdes conmigo, en ninguno de esos dos casos puede llamársele trastorno, patología, enfermedad o algo parecido.

Eso sí, y como apunté antes, se puede juzgar (o prejuzgar, si alguien deseara) desde un punto de vista moral, ético, religioso, ideológico… tú nómbralo.

Pero sí, interesante tu escrito, sin duda.

El comentario fue borrado.

Al percatarme de ello, comenté “muchísimas gracias por borrarme el comentario. Tú pásalo bien en la llanura de la ignominia y la lesión al conocimiento”. Lo realmente patético es que este mismo comentario fue editado, dejando sólo la segunda oración, seguida de una verborrea enfermiza de su parte, por supuesto, haciendo creer que eso fue lo único que quise decir. Lamentable.

Para completar, tuvo el descaro de escribirme a mi correo, donde sólo espero recibir cosas serias, y me advierte lo siguiente:

Apreciado amigo, si borré tu comentario es por la hipocresía con la que actuas, ¿rigor académico? Por supuesto que no tienes ninguno, y todo aquello que no aporta nada, piense igual o diferente, lo suprimo. Desde la ignominia en laque actúo estoy con todo el derecho de hacerlo. Sigue con tu blog y con tu amigo anarel, otro sabio intelectual. Saludos.

Me llama hipócrita un tipo que es incapaz de escribir un párrafo completo sin contradecirse.

Si algo me molesta es que este individuo venga a decirme lo que es el rigor académico, donde la investigación es crucial. Él, que se conforma con elucubraciones fiolosóficas ignorando el elemental deseo de la aspiración al conocimiento. Yo, en cambio, me he partido el lomo la última etapa de mi vida haciendo periodismo investigativo en un país donde difícilmente se puede ejercer esta noble profesión.

Me causó curiosidad fue que mencionó a Anarel, propietario del blog El Rey Carmesí (otrora Oscuridad Carmesí). ¿Qué tiene que ver él en todo esto?

Mi respuesta, por supuesto, no se hizo esperar, por muy indignado que estuviera.

Ahora resultaste comediante. Encuentras cualquier excusa para quitar todo aquello que sea contrario a tu ideología enfermiza. Me causa gracia que hables de rigor académico cuando tu propio blog es una monumental oda a la mediocridad, y con actitudes así es que lo confirmas. Hipocresía es decir hablar de parte del saber y el conocimiento cuando sólo hablas de estupideces como la homosexualidad.

Por cierto, me da igual lo que pienses de Anarel. Es más, llámalo como quieras. Se nota que estás tan fastidiado con él que lo ves en cualquiera que te lleve la contraria, o que comente en su blog. A duras penas me hablo con él, salvo uno que otro esporádico comentario en su blog, pero lo bueno de él es que tengo la certeza de que no va a censurar comentarios que son bastante constructivos, a diferencia tuya, que emulas a Goebbels hasta en la prosa.

Tú sigue también con tu blog de ideología supremacista. Lo último que oirás de mí será la publicación de la respuesta que tan descaradamente censuraste. Una vez demuestras que una discusión bien entendida contigo es imposible, y que no dejas de ser más que un fanático religioso.

Un saludo, y mucha suerte con la ignominia, porque la vas a necesitar.

PD. Un último consejo… redundancias como lo de “sabio intelectual” sólo remarcan tus asombrosas limitaciones intelectuales, ya de por sí obvias. Evítalas… o mejor no, porque desentonaría con el blog.

La dirección de correo del destinatario se ha ocultado, en respeto a los más elementales derechos a la intimidad

La dirección de correo del destinatario se ha ocultado, en respeto a los más elementales derechos a la intimidad

De más está decir que la dirección correo electrónico del susodicho ya está en la sección “spam” del mío. Allá sus mensajes se encontrarán con otras diatribas de su calaña. Por mi parte, nunca más volveré a su blog. No me interesa. No más enlaces a ese sitio para ilustrar una idea. No lo merece. Lo que realmente me causa gracia de todo esto es que la defensa de la homosexualidad no es de mis mayores intereses, salvo lo que una mente socialmente responsable ordenaría. Sólo conozco a un homosexual declarado y me cae como una patada en los testículos.

¿Qué aprendí de todo esto? El fanatismo se presenta con muchos rostros, pero en su fundamento coinciden en prácticamente lo mismo: una reacción alérgica hacia cualquier cosa diferente; el uso de nimiedades y excusas para justificar su pensamiento o su comportamiento; un apego irracional a una ideología que al final diluye la humanidad del individuo, difuminándola en el trasfondo de sus violentas querellas.

Recomendaría a personas como Anarel, que suelen vejar y burlarse del pensamiento de este tipo de personas, que invirtieran su esfuerzo en fijarse en temas que realmente valgan la pena: prestarles atención a estas corrientes es otorgarles relevancia. Bien decía Oscar Wilde, “prefiero que hablen mal de mí a que no hablen en absoluto”.

¡Qué cosas! Una frase célebre de un homosexual.

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~ por Juancho H. en octubre 15, 2009.

5 comentarios to “Respuesta a un fanático”

  1. […] necedad). Así se halla un asiduo lector de Opus Prima, que ha escrito una refulgente entrada en su blog para exponer mi exacerbado fundamentalismo, incluyéndome, a saber por qué razón, entre las filas […]

  2. No eres el único, este señor borra sistemáticamente todo comentario que no le agrada o no concuerde con su ideología, típico de personas soberbias y petulantes ademas de ególatra, narcisista nada mas ver el diseño de su blog. Lamentable.

    • Reconforta en una extraña manera que no sea el único que haya sufrido los talentos de este señor. Lo verdaderamente lamentable es que, al señalarles las falencias de sus principios, este tipo de personas entren en un estado de inquietud e intranquilidad.

      No es más mi problema, sin embargo. Como he dicho, desde ayer no entro a sus dominios, y recomendaría fuertemente a aquellos que buscan una auténtica discusión que lo eviten.

      Muchas gracias por tu comentario, y bienvenido.

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