Disfraz disfrazado

Antes de abordar el tema que quiero tratar en este post, quisiera hacer una pregunta, ¿sería, acaso, posible considerar con cabeza fría la penalidad que se le debe otorgar a los violadores de niños? Yo, por mi parte, no creo; por mí que los manden a todos a la cárcel, por siempre. Que no les den pena de muerte, en aquellos países donde exista esa medida, pues eso sería una salida fácil para ellos. No. Mejor que permanezcan encerrados en un lugar sin tiempo… Total fue Héctor Abad en una ocasión que se refirió así a Luis Alfredo Garavito, llamado también “El Monstruo de los Andes”:

Cuando trato de imaginar una acción humana que sea mala sin lugar a dudas, pienso en un hombre que después de violar salvajemente a una niña, la asesina a cuchilladas. Es difícil encontrar una representación más simple del Mal a secas y con mayúsculas. Cualquier persona de cualquier cultura definiría esto como un mal absoluto. El que niegue la maldad de un acto así, nos parecerá un sicópata o un degenerado moral. En general los criminales (Hitler, Pol Pot, Stalin, Carlos Castaño) matizaron sus asesinatos con alguna justificación ideológica, y hubo quienes aceptaran esos matices como atenuantes de su maldad. Pero en el caso del violador y descuartizador de niños, no hay secuaces dispuestos a justificar moralmente sus actos.

Es, sin duda, una cuestión que llega al corazón de todos, y no se puede evitar involucrar los sentimientos en ello. En la práctica, exigir un referendo que procure instaurar la cadena perpetua para aquellos que incurren en la violación de menores bien podría llamársele demagogia, sin que ello lo califique como algo incorrecto o inapropiado.

Por otro lado, y ya entrando al tema, es lo que se pretende hacer con ese referendo. Incluir en la misma papeleta la cuestión de la reelección presidencial no sólo es incoherente, sino insultante. Pretenden embarcar en la misma nave dos cuestiones que no tienen absolutamente ninguna afinidad, pero que, en últimas, será la misma mente de los votantes la que se encargue de hilar esas dos cuestiones, y la conclusión será probablemente “Eso es lo que querría el presidente Uribe”.

Psicológicamente, un tema tan emocional como el de la cadena perpetua para violadores terminaría por otorgarle una categoría similar a la iniciativa reeleccionista; no sería más, por tanto, que una apelación a los sentimientos de las personas, un ad populum, como si esta estrategia no hubiese sido usado ya bastante.

Disfrazar estas dos cuestiones en conjunto como una “satisfacción de la voluntad” de los votantes es una auténtica pena. Las instituciones nacionales, esas que vemos desfallecer día tras día, se convierten en reglas de papel que sirven a los dirigentes de turno. Muy triste, la verdad…

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~ por Juancho H. en diciembre 10, 2009.

Una respuesta to “Disfraz disfrazado”

  1. Comentario…

    [..]Articulo Indexado Correctamente[..]…

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