Verdad, sangre y fuego

Hoy salieron nuevas “revelaciones” de la Comisión de la Verdad, organismo encargado de esclarecer los misterios que rodean la toma del Palacio de Justicia, ocurrida el 6 de noviembre de 1985, y en la que decenas de personas, incluyendo varios magistrados, fueron asesinados. El hecho de que la palabra “revelaciones” se encuentre entrecomillada indica, desde luego, que no muestra nada de novedoso, más allá de lo que ya se sabía.

Por supuesto, la hipótesis de que la toma por parte del Movimiento 19 de abril había sido financiada con dinero del narcotráfico, más específicamente de Pablo Escobar, es tan antigua como la moda de andar a pie. Resurge, sin embargo, la polémica de que la entonces la ministra de comunicaciones, Noemí Sanín, ejerció una censura de información. Lo que ella aduce como “defensa de la democracia” es perfectamente rebatible, pues todo es cuestión de perspectivas; yo, por mi parte, considero que nunca debió haberse tomado esa medida. Si era en contra de la ley (algo que me parece absurdo), pues los debidos procesos se debieron iniciar, pero no quitarnos la posibilidad de hacernos a una idea de qué era lo que sucedía durante ese par de horas cuando, por lo visto, ocurrió el grueso de la barbarie.

También es sabiduría general (y creo que esto puedo decirlo sin tapujos) que el Ejército inició la retoma del Palacio imprudente e irresponsablemente, incluso existen quienes les atañen el incendio, que se llevó por delante varios documentos importantes en la votación para la extradición, cuestión que los autoproclamados “Extraditables” querían acabar a como diera lugar. Eso, además de la desaparición y/o asesinato de muchas personas, debería ser el centro de la discusión.

Por ejemplo, la Comisión afirma que Manuel Gaona, uno de los magistrados que resultó asesinado, sí fue ultimado in situ. Ello contradice firmemente los cientos de testimonios y las muchas evidencias que indican que el magistrado salió con vida del Palacio, asesinado en otro lugar y luego devuelto. Este tipo de conclusiones son las que atentan contra la credibilidad del organismo, pues no es la primera vez que suceden contradicciones.

Hay dos cosas que tengo perfectamente claras: ninguna palabra, verificación o prueba le devolverá la vida a aquellos que la perdieron en esta salvaje toma, y que en la medida en que pase el tiempo este tipo de cuestiones se volverá más difíciles de clarificar. Existen casos como los del ex presidente Belisario Betancur, quien ha demostrado poca colaboración con este proceso, arguyendo que pretende explicar todo lo sucedido en un libro que se publicará después de su muerte. Pregunto yo, entonces, ¿actitudes tan cínicas como las de este viejo es lo que merecen las familias de las víctimas, que llevan sufriendo desde hace 24 años?

Hay muchas cuestiones sin resolver, y cada día me temo que esa tendencia continuará inevitablemente. Estamos en un país en el que la verdad adquiere infinidad de matices, donde pequeñas satisfacciones como conocer el recto de las cosas se tornan elusivas. Un país donde, así como ocurrió con la toma del Palacio de Justicia, se escribe con sangre y fuego.

Pongo a continuación un documental de las conclusiones entregadas por la Comisión de la Verdad hace dos años. Son ocho partes. Si gustan, ahí las pueden observar.

Y tampoco deben olvidar esto, para aquellos que forzosamente quieren dar la vuelta de hoja, pretendiendo que capítulos oscuros como este deben quedar en el tintero:

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~ por Juancho H. en diciembre 17, 2009.

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