Creer para saber (e inventar para creer)

Respeto a aquellas personas que, en sus creencias, llevan una vida ordinaria y tolerante, o que por lo menos, para ser un poco más estrictos, son intolerantes frente a las mismas cosas que yo, englobadas en todos aquellos engendros que se encarnizan en sus odios irracionales: homofobia, racismo, xenofobia, moralismo… el odio a las arañas, una fobia que me acompaña, sí la dejo de libre elección…

Ocurre diferente con aquellos que, en sus creencias, se sienten y creen superiores por el simple hecho de tenerla. Estipulan y expresan su impuesta superioridad mediante la creación de prejuicios, incluso se atribuyen la capacidad para juzgar a posteriori acorde a paradigmas completamente desquiciados.

Hablo hoy, sin embargo, de la creencia religiosa. Como ya dije, respeto a aquellos que sean tolerantes, sean o no creyentes, pero soy completamente intolerante con aquellos que, conducidos por la “luz divina”, acuden a la irracionalidad para promulgar medidas inconcebibles. Claro está que estos individuos, creyendo que se benefician de ese “don celestial”, tienen al alcance de su mano el conocimiento absoluto, y ello les da derecho para decidir qué es o qué no es conveniente.

En ocasiones pasadas advertí que consideraba a la teología, área del “conocimiento” que trata a los dioses, era una agresiva pérdida de tiempo. Lo considero así no sólo porque sea ateo, sino porque el total de las personas que estudian o estudiaron esa carrera (o se interesaron por este “saber”) obran inconscientemente para explicar lo divino de la siguiente forma.

1- Primer axioma: Dios existe.

2- ¿Cómo es él? ¿Cuáles son sus características? ¿Qué papel desempeñamos nosotros en todo ello?

El segundo paso, por supuesto, difiere de teólogo en teólogo, dependiendo de su creencia personal, por supuesto. Ahí entran en juego las elucubraciones filosóficas para pretender explicarlo, que es la sencilla actividad de diseñar argumentos que suenen convincentes y que sean difíciles de contrarrestar, así el sentido común esté en contra de ello. Fíjense, por ejemplo, cómo hago yo para elaborar estos constructos sobre un tema cualquiera:

El “ya”, el momento instantáneo, es inexistente; jamás estaremos en el presente, pues será la concepción efímera del tiempo. Si te preguntan si deseas tener un objeto “ya” o “más tarde”, indefectiblemente ocurrirá más tarde, por mucho que respondas “ya”, pues ocurrirá un transcurso de tiempo mientras el objeto llega a tu poder. Todo ello en tanto en cuanto existas en la línea temporal.

Un poco de filosofía a lo Zenón, para variar. Pueden intentarlo ustedes mismos, si así lo desean; traten con la discusión del Destino, como ocurre en todas las clases de Filosofía de bachillerato, cuando los alumnos se levantaban sin llegar a ninguna conclusión.

Por supuesto, nunca fue mi interés discutir fervientemente acerca de estas nimiedades; si alguno se acerca y me dice que el “ya” existe, pues así será. Siendo sinceros no me interesa, me tiene sin cuidado. Todo ese párrafo de ejemplo lo inventé sobre la marcha, en la medida en que escribía.

Sucede igual con las concepciones teológicas. También se puede hacer. La más manida (y desesperante) es la siguiente:

Sabemos que en el Universo se tiene la causa y el efecto. Estamos acá porque nuestros padres biológicos así lo decidieron. La Tierra está acá porque hace millones de años fragmentos cósmicos se condensaron en un sólo sitio, aunados por la fuerza de gravedad creciente. Pero, ¿y todo lo demás? ¿De dónde proviene? Debemos, entonces, considerar que existe un principio, un Alfa, que creó a todo lo demás, una causa incausada, y esa causa incausada es Pep.

Cambié el nombre al final para no hacerlo tan repetitivo, y ahora que los que admiramos al Barcelona estamos contentos.

¿Advirtieron el momento en que el argumento empezó a hacerse difuso? Parecerá tener mucho sentido, pero debemos afrontar que, por mucho que esta explicación deje satisfecho a algunos, parte desde el propio desconocimiento para responder a determinadas cuestiones. Así, fácilmente reniego de toda esa actividad teológica diciendo que es una falacia lógica, un Deus Ex Machina, un argumento desde la ignorancia.

Uno debe admitir, sin embargo, que para dedicarse a la teología se debe tener creatividad; poner a trabajar el lado derecho del cerebro.

¿Puede salir, entonces, de estos argumentos, el conocimiento? Por supuesto que no, y absoluto ni de cerca. Sólo se obtiene de él un convencimiento auténticamente ciego, siempre en que exista el impulso por empeñarse a mantener el primer paso (1-) como un axioma.

¿Se puede discutir, entonces, con esos fundamentos? Pues tampoco. Si alguien sale con Pablo de Tarso, alguien saldrá con Joseph Smith, o con sus propias declaraciones. No hay un fundamento real, por ende no hay un consenso real; esa es la debilidad de los fanáticos, que no conocen el poder de un consenso racional.

Este conocimiento inventado es contrario, por ende, al conocimiento duro y sólido. Los castillos en el aire, por muy asombrosos que suenen en teoría, son fácilmente expugnables, cosa que no ocurriría con un castillo en el suelo.

La mujer vio que el fruto del árbol era hermoso, y le dieron ganas de comerlo y de llegar a tener entendimiento. Así que tomó uno de los frutos y se lo comió. Luego le dio a su esposo, y él también comió. En aquel momento se les abrieron los ojos, y los dos se dieron cuenta de que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas.

(…)

Dios el Señor hizo vestidos de pieles de animales para que el hombre y su mujer se cubrieran, y dijo: “Ahora el hombre se ha vuelto como uno de nosotros, pues sabe lo que es bueno y lo que es malo. No vaya a tomar también del fruto del árbol de la vida, y lo coma y viva para siempre.”

Génesis 3, versículos 6 y 7, y 21 y 22.

Sí… puro conocimiento y fe…

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~ por Juancho H. en diciembre 20, 2009.

3 comentarios to “Creer para saber (e inventar para creer)”

  1. […] https://lamparadiogenes.wordpress.com/…/12/20/creer-para-saber-e-inventar-para-creer/ […]

  2. Solo con la fé se ha de entender a Dios, como tambien escudriñando la palabra y viviendo la vida cristiano… de que otra manera podria ser… es como toda profesión (teoria y practica)

    que estes muy biem, bendiciones.

    Au revoir & Adio

    • No tengo ningún problema con ello. La abrumadora mayoría de personas que me rodean tienen algún tipo de fe religiosa, y yo lo respeto, en la medida en que esa misma fe no empiece a nublar la razón y el buen juicio.

      Gracias por tus buenos deseos.

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