Apologías

Toda persona en este mundo bien podría clasificarse en muchos grupos; lo pertinente o adecuado de esa cualidad es bastante discutible, pero resulta así. Por ejemplo, un bogotano hincha del América de Cali pertenece a dos grupos, por lo menos: al de los nacidos en Bogotá y al de los hinchas del América, y se encuentra en la intersección de esos dos grupos, es decir, los nacidos en la capital colombiana con afinidad por el equipo de fútbol caleño.

Ahora, también es cierto que toda persona cuenta con unos principios que, a fin de cuentas, son impuestos por sí mismo, y algunos son más rigurosos que otros, pero de todas formas definen un comportamiento. Por decir algo, uno bien podría decir que nunca robará, pero no está en su control asegurar que en el transcurso de su vida evite de hecho hurtar aunque sea un pequeño objeto, o si de hecho lo quisiese hacer, pero también se podría decir que jamás se quitará la vida, y ya ello es mucho más difícil de incumplir.

¿Por qué hago esta introducción? Por el sencillo hecho de que, en cuestión de pertenencia a algún grupo, bien sea por escogencia propia (hincha del América) o por una circunstancia fuera de nuestro control (bogotano), uno se sentirá o no a gusto con su asignación. Suponiendo de que la respuesta sea afirmativa, surgirá una especie de obligación de defender las ideas que conforman ese grupo.

¿O no?

Ahí es cuando entran los principios individuales. Si, por decir algo, un hincha del América asesina a otra persona, digamos a un hincha del Nacional, ¿acaso debo yo, como hincha del América, defenderlo? ¿debo darle la razón por el simple hecho de que comparte un grupo conmigo? ¿debo hacer apología de su acción, sabiendo que sus acciones fueron impulsadas por mera ideología?

Este ejemplo es extremo, pero sin duda sirve para ilustrar mi punto. Quizá ustedes encuentren más de uno así en su vida cotidiana, provisto de las mismas condiciones que se muestran acá. Verán que, tristemente, aunque no lo quieran, ustedes mismos terminan haciendo apología de acciones so pena de ser paria de alguno de sus grupos. Fue uno de los primeros temas que traté en este blog, y hoy lo traigo de nuevo a colación porque, así como la universal moda de andar a pie, sigue muy actual.

Sólo imploro a todo el que lea este blog que, por muy pequeña que sea la acción o la decisión, la piense bien a la luz de su razón, pero también lo que dicte su corazón.

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~ por Juancho H. en enero 11, 2010.

3 comentarios to “Apologías”

  1. Juanich, deberias poner al final un boton de “me gusta” 🙂
    Genial ese post, me gustó mucho leerlo.
    Besitos!!

    • Gracias, Rachel. Voy a seguir tu consejo, aunque me toca ver cómo hacer eso; la verdad es que sigo siendo un novato en el manejo de WordPress.

      ¿Cómo fue tu viaje de vuelta a España? ¿Ya te hacemos falta? :D.

  2. mm, mi viaje de vuelta muy bien: casi no aterrizamos en Madrid por la nieve, pero al final lo conseguimos y todo salió bien.
    ¿Si me haceis falta? Mucha!!!!!!! Debo volver pronto, me quedaron muchos sitios por conocer 🙂
    Gracias por todo, Juan, debo reconocer que tuve grandes anfitriones 🙂

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