Best Seller

Recuerdo hace ya no pocos años, cuando aún era un niño, vi un interesantísimo documental que relataba la vida (hasta entonces, por supuesto) del tenor italiano Luciano Pavarotti. Me impresionó lo cabalmente neutral que era la biografía, a diferencia de muchas que se suelen ver en la actualidad, pues resaltaba los aspectos más relevantes de su vida, fuesen buenos o malos.

En un momento mostraron al tenor procurando alcanzar un do de pecho en la Scala de Milán, pero la voz se le quebró en medio de la nota. Por ello, muchos aficionados a la ópera quisieron crucificarlo y degradarlo. Por fortuna suya y todos los que amamos su legado, pudo salir airoso del impasse.

Lo que más me llamó la atención, sin embargo, fue la iniciativa que se inició desde sectores “conservadores” y puristas de este arte musical. Se pretendía amonestar y, de ser posible, censurar a Pavarotti por su idea de hacer más comercial la ópera y en general la música clásica, para que así más gente tuviera acceso a ella, expandiendo, de paso, el marco de influencia de las mismas y repartiéndolo en más manos que en las de unos cuantos conocedores. Una bofetada en la cara para ellos. Aunque, una vez más, para fortuna de todos, tuvo éxito, muy a su modo.

Incluso en otros campos, existen quienes ven en las palabras “comercial”, “best seller” y otras similares sinónimo de basura, o quizá adjetivos peores. Comparto que el afán de todo producto que lleva la etiqueta de “recomendado” o “must” persigue un afán de lucro evidente, y ello muy mal, pero existen muchos otros lados que considerar, por ejemplo, el de admitir que mediante la adquisición de buenos productos que llevan una buena crítica y calificación impulsan una importante industria, que es la cultural.

Y, por otro, la lógica dicta que si un producto alcanza el estado de best seller es por algún motivo, tristemente no siempre (casi nunca, mejor dicho) se trata de la calidad del mismo. Lo importante siempre será no cerrarnos a los asuntos que tienen la oportunidad de llegar a nosotros, y que el filtro de aceptación de los mismos debe ser nuestra propia mente, y no algún epíteto.

En palabras del periodista Antonio Caballero, “en esta época se produce cada vez más y más arte, lo que también degenera en que se produzca más y más basura”. Totalmente de acuerdo, pero debemos permitirnos a nosotros mismos juzgar si algo es basura o no, y no hacerlo por una portada, un comentario o por el simple hecho que lleve una crítica del New York Times.

PS. Estoy preparando una entrada sobre la tragedia de Haití. Espero tenerla lista para los próximos días. La razón es que no pretendo que sea noticiosa, sino, como todo, sopesado mediante análisis de conciencia.

~ por Juancho H. en enero 17, 2010.

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