De la felicidad (II) (y de la ignorancia)

Hace unos días caminaba por las calles de la ciudad y vi un edificio en construcción. En la parte más elevada de la fachada pendía un aviso que informaba a los viandantes del establecimiento que se ubicaría ahí. Se trataba de un local de medicina alternativa, así como centro de enseñanza para filosofías orientales, incluyendo técnicas “anti estrés”, que auguraban a todos los potenciales alumnos “una mejor forma de vida”. A juzgar por el tamaño de la estructura, y por su ubicación en una influyente avenida, supongo que tendrá mucho éxito en cautivar a las mentes ávidas de respuestas fáciles a cuestiones complicadas, siendo la mayor de ellas la felicidad.

No tardé mucho en comprobarlo, pues fueron dos señoras, de buen vestir y modales recatados, las que me comprobaron mi sospecha, a su vez que ellas se percataban del anuncio, y decían:

– ¡Qué buena cosa! Ya hacía falta algo así en el barrio. Hay que recomendarlo con todas nuestras amigas.

En realidad es difícil culpar a una persona o cuestión en particular por esta corriente, en la que la gente acude a distintos métodos para solucionar sus inconvenientes, aunque ignoren que el engaño es el principal ingrediente de todos estos conocimientos de la “Nueva Era”. En realidad no están haciendo nada por alcanzar ese estado de bienestar, sino que simplemente se distraen, cumplen con su cometido de ocupar su mente y sus sentidos en otros asuntos, mientras que los problemas quizá continúen esperando cuando vuelvan a casa.

Es difícil, es verdad, pero aumenta la carga que uno lleva en la medida en que se cultiva la mente; en la medida en que uno va desentrañando toda mentira, todo esquema engañoso que busca aprovecharse de la ingenuidad de las personas para sacar provecho. Todas las religiones, corrientes alternativas, tendencias de autosuperación funcionan prácticamente igual: prometen la felicidad, pero sólo hacen gala de la ignorancia de los que caen en sus redes. Una vez uno se da cuenta de que las bonitas palabras que prometen esta vida y la otra se quedan sólo en palabras, ya no hay vuelta atrás.

En la Biblia cristiana puede incluso leerse que “quien fomenta el conocimiento, fomenta la tristeza”. Ella, junto con otros mitos como los del árbol del Edén y la torre de Babel, hablan bien de qué vicisitudes ocurren con el hombre cuando pretende aprender, a ir más allá. Igual reza el viejo adagio “dichoso el ignorante”… ¿acaso pretenden hacernos entender que estar en la inopia es la única manera de ser feliz? Me niego a creer eso, a pesar de que últimamente no han sido los mejores días para mí (y que, dicho sea de paso, son el motivo por el cual he dejado de escribir).

La respuesta llegará, desde luego, con el tiempo.

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~ por Juancho H. en febrero 3, 2010.

10 comentarios to “De la felicidad (II) (y de la ignorancia)”

  1. Hey!, muy bueno tu blog, estoy haciendo una encuesta sobre la felicidad, y me gustaría que la gente que se preocupa por ella la conteste

    te dejo el link:

    https://spreadsheets.google.com/viewform?formkey=dFFDV29NRHpUWV85Q3hqQWNTc2trQUE6MA..

    Saludos!!

    Mag

    • Me agrada que te guste el blog. Llené tu cuestionario, aunque espero que no te moleste, por el hecho de que no sea argentino.

      Un saludo muy especial, y bienvenida.

  2. De acuerdo en casi todo.
    Pero, no será que tu estado anímico ha influido en tu consideración final?

    A mi me parece que el concepto de felicidad es distinto en cada persona.

    • Sin duda. Lo que tampoco puedo negar es que, de no tener este estado de ánimo en este instante, no me hubiese fijado en esto.

      Igualmente la felicidad, así como otros conceptos como la justicia, es más bien una perspectiva.

      Un saludo, y bienvenido a la lámpara.

  3. mmm, es realmente una lástima que la gente se sienta reconfortada escuchando un montón de palabras vacías de sentido. La gente debería leer mas y salir de su ignorancia, para que puedan comparar y darse cuenta de que, en realidad, les están llenando la cabeza de frases que solo aliviaran su infelicidad superficial, pero que no llegan al fondo.
    Es una pena ver cómo la gente se deja llevar tanto que hasta pierden lo que les hacía originales.

    • Cabe preguntarse qué deberían leer, porque ambos sabemos que existe una cantidad de basura circulando, vendiendo karma positivo y fórmulas placebas de autosuperación. Tristemente, y esto también cierto, la gente confunde lectura con conocimiento y con cultura, cuando no es necesariamente así.

      Y, como hablábamos en otro post, la gente prefiere perder su originalidad antes que abrazar el ostracismo.

  4. En Europa se ha vendido la filosofía oriental como una panacea, como fuente de la verdadera sabiduría que nos llevará a encontrar la paz con nosotros mismos. Aquí, en Camboya, un país donde el budismo theravada es mayoritario, me doy cuenta de que las personas no son capaces de encontrar la paz y su religión tiene mucho que ver en ello. La promesa de una vida futura, de una reencarnación en algo mejor si llevan una “vida adecuada”, les lleva a la inacción, a no luchar por sus derechos y a aguantar cualquier tipo de situación penosa. Y aunque hace ya mucho tiempo que no existen las castas en Camboya, es una sociedad muy rígida, y no porque el sistema no te permita moverte, sino porque la gente entiende que el progreso se hace en la vida siguiente y no en la presente. Es como una transición.
    No creo que los centros de filosofía oriental puedan hacer creer a la mayor parte de la gente de tu barrio en la reencarnación, pero como bien apuntas, las religiones son sistemas complejos que pretender mantener el orden social y pueden llevar a comportamiento irracionales. El budismo no es una excepción.

    Espero que tu ánimo se levante pronto!!

    • Ahora que dices eso, y citando lo que dices en tu artículo, es “entendible” por qué se presentaron sólo 4.000 testigos para el caso contra el Khemer Rojo. Ojalá entendieran que, si bien en medio de su filosofía para ellos la vida próxima es más importante, ésta no deja de serlo y que precisa ser reparada.

      Gracias también por tus buenos deseos, y espero aceptar tu invitación para ir a Camboya muy pronto.

  5. “quien fomenta el conocimiento, fomenta la tristeza”.
    de que parte de la biblia proviene.

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