Del dinero

Recuerdo las palabras del director estadounidense Woody Allen, “el dinero no da felicidad, pero es seguro que produce una sensación muy parecida”.

¿Tener dinero da, entonces, felicidad? No necesariamente; como todo, tiene condicionantes. Definitivamente es cierto, sin embargo, que en este injusto mundo en el que vivimos las cuerdas se mueven por el peso del valor, del superávit, de la ganancia y el excedente, por lo que estar bien posicionados desde una perspectiva económicamente acomodada no vendría mal.

¿Produce desigualdad la riqueza? En mi humilde opinión, no la produce, la resalta; en teoría administrativa, se ve que en la sociedad moderna existe una distribución de los recursos en la que la mayoría de ellos cae en muy contadas manos, mientras que la inmensa mayoría de la población se queda con muy poco. A esto se le llama Distribución de Pareto, y se resume por el dicho “muchos triviales, pocos vitales”. Bien, este fenómeno es insalvable, es decir, si las riquezas fuesen hipotéticamente distribuidas en cantidades iguales entre la población, sería sólo cuestión de tiempo para que, debido a muchos y diversos factores, Pareto vuelva a cumplirse.

Eso, combinado con el poder que se adquiere gracias al dinero, da como producto el afán de lucro; un desesperado afán.

Lo que es equivocado es pensar que el dinero pueda comprar cualquier cosa… o tal vez llegará el día en que se haga una industria de cualquier cosa y tenga que comerme mis palabras.

Una anécdota: un día salí con una ex-novia (en ese entonces era mi pareja) a un bar de la ciudad. Un hombre, al verla a ella atractiva (no es por falta de modestia, pero por lo general las mujeres con las que he estado gozan de esa cualidad), me ofreció dinero a cambio de permitirle bailar con ella, lo que me llamó la atención por varias razones: primero, porque en efecto este tipo tenía un acercamiento bastante machista del concepto de propiedad, y segundo, yo definitivamente no era (ni lo sigo siendo) nadie para dar esa autorización. “Hable con la interesada”, le dije yo, en tono jocoso. La cosa se tornó complicada cuando empezó a sacar más dinero y a mostrarse dispuesto a entregármelo si lo dejaba llevársela para su casa… Desde entonces no he vuelto a ese lugar; noté que lo habitan desagradables engendros.

El desafortunado incidente fue mermando gracias a la inyección de un poco de humor de mi parte, cuando empecé a cantarle a ella camino a casa “Te compro tu novia…”

Por supuesto hay muchas más consideraciones económicas con respecto al dinero, pero, gústenos o no, seguirá siendo parte integral de la sociedad, y será él el que determine en gran medida, de una u otra forma, el bienestar.

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~ por Juancho H. en febrero 24, 2010.

2 comentarios to “Del dinero”

  1. Eso es como de familia… si mal no recuerdo, en cierto viaje a su Papá también le ofrecieron un cierto número de camellos por su Mamá…

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