¡Compren la puta boleta!

Hace once años, cuando yo contaba 16 años, uno de mis grandes deseos fue ir a ver a la banda de metal californiana Metallica. Esperaba que, yo ya siendo grande (aparte de la estatura, ser acreedor de madurez mental), mis padres accedieran dejarme ir al evento. Desafortunadamente esto no ocurrió así, y me perdí lo que fue, según variados testimonios, un gran concierto.

Ayer, después de once años, pude chulear de mi lista “Ir a un concierto de Metallica”. Hoy estoy sin voz, después de haberla gastado toda en el impresionante concierto que dieron James y el resto de muchachos (a pesar de que ya la mayoría ronda los 50), pero espero que eso no deprima mi habilidad de redactar.

Fue, de lejos, el mejor concierto al que he asistido (la verdad no han sido muchos), un gran espectáculo, una gran audiencia, una empatía entre la banda y el público, y el ferviente deseo mutuo de dar más en algún momento futuro.

Pero, así como con todo lo demás, esta historia también tiene su lado malo. Escapa a mi comprensión el razonamiento que debieron emplear los alborotadores para querer infiltrarse al evento gratis (sabiendo que la Policía ya estaba avisada y que era pelea segura, porque de otra forma lo entendería) y, al ver que había resistencia, hacer cualquier cantidad de daños. ¿Qué clase de gañán asqueroso es capaz de arrancar los ladrillos del piso para arrojárselos a otra persona? ¿Qué clase de energúmeno va a romperle las ventanas a una pobre señora que no cometió ninguna falta, salvo vivir cerca al sitio del concierto?

¿Tiene esto algún sentido? ¿Alguien me lo podría explicar? ¿Hay acaso factores que omito en este post, o sólo hablo de pobres estúpidos que son rebeldes por el simple hecho de serlos, que desahogan todos sus problemas en otros?

Es el maldito fanatismo, una y otra vez.

Yo sólo les doy un consejo a estos pobres diablos: quédense en su casita y súbanle el volumen todo lo que quieran al equipo de sonido con sus canciones favoritas, aprendan a tocar algún instrumento y reviénteselo en la cabeza, si quieren, o, si tantas ganas tiene de ir a ver a su banda de rock (de lo cual estoy convencido NO es el caso de ayer), entonces cómprese su boletica: ahorre, deje de comer en los descansos o pida prestado, como yo hice hace once años cuando era apenas un adolescente.

Y, por favor, no sean tarados. Sé que es difícil, pero no lo sean, por lo que más quieran.

~ por Juancho H. en marzo 11, 2010.

3 comentarios to “¡Compren la puta boleta!”

  1. Hace once años, cuando yo contaba once menos (cualquier otro dato sería demasiado revelador) asistí al concierto de Metallica (yeeeaaahhh) al que tú, por más que insistimos -porque yo jodí, dije, pedí el favor, me responsabilicé, puse en prenda mi cabeza si algo te llegaba a pasar y aún así no pude convencer a sus Papás de dejarte ir- no pudiste. Me encanta que te hayas desquitado, aunque fuera una década después y hayas visto a Hetfield & co.

    Me encanta también que hayas abordado el tema, porque ayer pasé revista al noticiero de las siete y pico para averiguar en qué iba el despelote y la verdad, quedé sorprendida.

    Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de muchachitos que hacían fila. En esta era de reggaetón y otras degeneraciones musicales, no pensé que a tanto adolescente le gustara todavía esta banda. Porque seamos sinceros, hombre, Metallica no es ninguna novedad y los seguidores del metal somos más bien catanitos. Así que, primera sorpresa.

    La segunda fue más bien desalentadora. 30 mil personas? Y el resto dónde están? En mi concierto, éramos 100 mil personas. Eso sí, la entrada al parque fue una tortura (yo tenía boleta en la mejor localidad, el ingreso fue habilitado a medio día y me demoré SIETE HORAS para entrar -casi me pierdo la primera parte-). Ojo, después de diez horas sin ir al baño la motricidad gruesa se ve seriamente afectada. No lo recomiendo. Supongo que había baños portátiles, pero al parecer ninguno estaba donde yo pudiera usarlo. Qué se hizo el resto de “fans”?

    Por último, no faltan los atarvanes tirapiedra. Eh, apuesto a que ni siquiera estaban interesados en entrar sin pagar, sino en hacer tumulto. Lo otro: la policía se “exalta” en este tipo de situaciones, sobre todo porque los rockeros tenemos fama de tropeleros (qué injusto conmigo) y bueno, ya sabes: se activa el sesgo y al menor movimiento, empiezan a volear bolillo. No sé qué habrá pasado, pero es el colmo.

    Tengo un poquitín de envidia porque yo no fui, y tengo muchas ganas de ir al de Aerosmith. Vamos, o qué parce?

    • Muy triste lo de estos tipos, la verdad. Ya andan diciendo que deberían prohibir esta clase de eventos, cuando son a unos cuantos los que hacen que los demás paguemos los platos rotos.

      En El Tiempo en efecto dijeron que fueron 30.000, pero otros como El Espectador dijeron que fueron 60.000. Estaba muy lleno. Aunque, de todas formas, la banda no es la misma que la de hace once años.

      Y, en cuanto a lo de Aerosmith, aguardo respuesta de su señor esposo a ver si se anima, buajaja…

  2. juancho te quedo gustando la frase “fanaticos estupidos” jajajaja.. hay muchos por ahi, y de todas las clases… ya te esperaremos aca en españa dude…

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