Consideraciones varias

Debido a que estoy de paseo no he tenido mucho tiempo para invertirle al blog como desearía. He opinado y dejado comentarios una que otra vez, pero para escribir sí no he tenido oportunidad, hasta ahora. Sin embargo, como han pasado tantas cosas de las que me gustaría hablar, pues decidí tratar todas ellas en una sola entrada y, si acaso da para más después, ahondar en ello. Así que ahí va.

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Ya se sabe que Noemí ganó la consulta del Partido Conservador, después del escándalo que siguió a las elecciones del domingo 10 de marzo. Aquello, en parte, me parece muy bien, porque sacó del camino a Uribito y evitó así que un auténtico hampón llegase a la Presidencia de la República y, por un lado más light, le acabó definitivamente los sueños al ultragodo José Galat de llegar a la Jefatura de Estado (hombre, si ese tipo fue consejero de Laureano, y hasta se la pasaba con él y con Franco en Sitges).

Sin embargo, y aparte de todas estas emociones que despertó su victoria (incluso, mi padre fue estratega y, aunque no tiene ni un pelo de godo, votó por Noemí con tal de que Arias no ganara… le salió bien la jugada al viejo), yo la verdad no entiendo por qué esta señora quiere ser presidente. Es en serio. No sólo me ha dado mala espina desde que anda rondando por ahí – la primera vez que la vi yo contaba cuatro añitos -, sino que es, según mi criterio, la más lagarta de los candidatos, incluyendo también al mismísimo Santos. Me baso también en la anécdota de cuando ella era embajadora en España, y uno de los dirigentes del Grupo Prisa, Jaime Polanco Soutullo, aplicó para la ciudadanía colombiana. Justo cuando ella iba a firmar los papeles para darle la ciudadanía – la ceremonia se celebraría después con Uribe, pero eso era un formalismo – ella le preguntó:

– ¿Está seguro de que desea hacer esto? ¡Usted ya es español, y ser colombiano sólo le traería problemas!

Uno esperaría de una persona que desea ostentar un cargo público algo de orgullo patrio, o por lo menos una vocación de servicio por la comunidad, hablando de este caso. Por eso mi duda de que querría hacer esta señora siendo presidente. A veces veo a Cristina Fernández y hago un paralelo con nuestro país. Por supuesto, acá sería mucho más maquiavélico y más estructurado, pero seguiría siendo, a mi parecer, un desperdicio de tiempo.

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Hablando un poco más “caseramente”, y refiriéndome al ámbito de la blogósfera, tuve la oportunidad de asistir a la confrontación verbal entre Anarel y Joan Figuerola, los administradores del blog El Rey Carmesí y Opus Prima, respectivamente. Todo empezó por un post del segundo en el que, como en el pasado (y vaya si esto ha traído problemas y levantado tierreros) se trataba el tema de los homosexuales y la visión ultraconservadora del autor sobre ello. Enfadado, Anarel escribió una entrada en la que manifestaba su pensamiento al respecto, entre los que incluía una consideración un poco gráfica, “merece una hostia en la puta cara, por hijo de puta homófobo”. Muchos comentarios se produjeron. A su vez, Joan, en respuesta a la entrada de El Rey Carmesí, lanzó un reto a Anarel para que cumpliera todo lo que le decía en su blog. Varias y muy airadas reacciones se dieron por esto.

Opiné en el blog de Anarel. No lo hice en el de Joan porque prometí no volver (de hecho, sólo regresé hasta ahora para copiar la URL del vínculo). No sé si Joan merezca una “hostia” (golpe). Sea lo que sea que merezca, yo diría que no es por ser “hijo de puta”, porque las aficiones de su señora madre no las conozco ni me importan. Por eso, de haber estado yo en el lugar de Anarel, hubiese cambiado el apelativo de descendencia peyorativo por un simple cretino, que es más acorde con las propiedades del salvaguarda de Opus Prima.

Si acaso él viniese acá a leer esto que pongo ahora en mi blog (al recibir el aviso de que he enlazado con su blog), le digo esto con respecto a su artículo sobre los homosexuales y muchos otros tantos que pudo haber escrito: ese artilugio que todos los humanos llevamos sobre los hombros tiene una función mucho más interesante que llevar horribles gordos verdes y lucir poderosos lentes. Tal vez escudriñar un poco al respecto vendría bien. Para ello, recomiendo fuertemente acallar las voces de Jaume, Sara, Cristina, y tantos seudónimos que rondan por el ambiente y por Opus Prima que obligan, mediante sus alabanzas y adulaciones, a continuar despotricando. En caso de no conseguir éxito en esta interesante aventura, sería bueno averiguar otros menesteres en los que el éxito sea más asequible, incluso intentar otra profesión, como ser doble de Moby, por aquello que permite al intérprete desarrollar la creatividad, ya que sabemos que para la ciencia no hay mucho talento, la verdad.

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Hablando de irracionalidad, la Iglesia Católica se encuentra de nuevo en el ojo del huracán por el escándalo de pedofilia. Las últimas semanas se había hablado mucho de los hermanos Ratzinger y sus locuras en el coro alemán, el cura español con material pedófilo en Chile, el video escandaloso del sacerdote brasilero con menores de edad, y de los eventos de larga data en la Iglesia irlandesa, esta última causante de una carta del Papa a los feligreses católicos de ese país. En ella se pide perdón por los daños causados, se amonestan a los victimarios y se ruega a los fieles apegarse aun más a la fe en Cristo. Pero ahora, gracias a una sesuda investigación del diario estadounidense The New York Times, una nueva variante de este escándalo salió a flote, esta vez en el hemisferio occidental.

Dejando de lado mis emociones por el tema, cabe analizar a fondo este horrible fenómeno. Hablamos de una vetusta institución cuyo poder e influencia innegablemente ha ido mermando, y seguirá así hasta el momento en que sea una reliquia, o un patrimonio más de la humanidad, pero nada más. Sin embargo, y con una evidente nostalgia de su antaña potestad, es arrogante y orgullosa. Consideran a sus leyes superiores a las seglares, las cuales, pésele a quien le pese, tienen un sentido mucho más humanista que el de cualquier doctrina, incluyendo por supuesto la católica, y, basados en esa febril creencia, arrollan y vulneran los sentimientos y derechos de millones de personas en el mundo, todos los afectados no sólo por este escándalo de pederastia, sino por muchos otros también.

Yo sinceramente quisiera que se terminara todo esto, o que todos los casos salgan de una vez a la luz y se haga justicia. No más embrollos. Me da pena también aquellos que dicen “ustedes los ateos sólo esperan que haya un escándalo de estos para caer encima de la Iglesia y la religión”. Eso es una estupidez. Preferiría andar toda la vida sin criticar o hablar mal de esas carcasas ambulantes si se hubiese evitado ese sufrimiento a tantas personas, pero no es así y es algo que hay que señalar. Aunque no fue eso lo que sucedió en mi caso, es por eso que la gente empieza a perder la fe y a “apartarse del rebaño”.

El diario neoyorquino también trata hoy sobre el tema en su editorial. Condena sin premura todo este escándalo. Yo también lo hago. ¿Cómo es posible que un pederasta, al decir que ya se ha arrepentido, sea exonerado y su falta callada? Una auténtica monstruosidad. Ya hay un chiste rondando por ahí: “Un sacerdote es expulsado sin miramientos si es encontrado en un lío de faldas, pero es ascendido, incluso mandado al Vaticano, si es pederasta”. Sin saber si es cierto o no, me parece no difiere demasiado con lo que ocurre normalmente.

Y, ya abrazando de nuevo mis opiniones y emociones personales con respecto a la Iglesia Católica, digo nuevamente que, si este mundo tuviese algo de serio y de coherente, esta institución hace muchos años debió acabarse, pues mucho más mal que bien ha causado.

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Es terrible también lo que ocurre hoy en día en Palestina. Nótese que me refiero al nombre que geográfica e históricamente recibe la zona donde políticamente se encuentra Israel en la actualidad. Lo hago también, debo admitirlo, con algo de malicia, pues repruebo lo que allí se está haciendo.

Basado en la creencia irracional de que son “el pueblo elegido”, “los salvados”, “los verdaderos hijos de Abraham”, bla bla bla, y haciendo oídos sordos a los alegatos de organismos internacionales, pretenden sacar de Jerusalén oriental a los palestinos para construir nuevos asentamientos. Este tema, que viene dándose desde los 70, más exactamente después de la guerra del Yom Kippur, ha sido un auténtico dolor de cabeza para las Naciones Unidas y para su Consejo de Seguridad, pues se sabe que muchos de los países miembros tienen intereses en este conflicto. De hecho, me sorprendió (y alegró) mucho el ver que tanto Gran Bretaña como Estados Unidos están apartándose de Israel y de sus excesos en este aspecto, rompiendo así la creencia de que el estado hebreo actuaba indiscriminada e impunemente porque estas dos potencias lo guardaban bajo sus alas.

Hicieron el otro día una encuesta entre israelíes y palestinos por igual con respecto a una eventual negociación sobre un territorio legítimo y reconocido de autoridad palestina. Por un lado, el sentimiento generalizado es que “claro que podemos hablar, pero hay que dejar Jerusalén fuera de esto, porque es de Israel”, y por el otro se dice “claro que podemos hablar, pero hay que dejar Jerusalén en esto, porque es de Palestina”. La cuestión, entonces, es de ceder. El gran meollo, el auténtico nudo de esta historia, tiene un carácter religioso, y la incapacidad de cada una de estas doctrinas (o cualquier otra, de paso) de llevarse bien con la otra.

Recuerdo mucho que mi profesor de física del colegio, que también tenía su lado reflexivo de vez en cuando, nos hablaba de lo susceptible que se tornaban situaciones, en especial donde habían opiniones y discusiones, cuando se incluían conceptos absolutos. Un día, en clase, lanzó la pregunta de “¿qué ocurriría si un objeto inamovible es chocado por un objeto imparable?”. La discusión duró toda la clase – era de 45 minutos, pero cuando uno es tan pequeño eso es una eternidad -, y yo sólo recordaba un episodio de la serie japonesa “Los Caballeros del Zodiaco” en la que Seiya destruye el puño y el escudo del dragón poniendo su cara en este último y provocando que Shiryu lo golpee. Hyoga, al ver esto, aduce que “el golpe más fuerte y el escudo más fuerte se destruirán entre sí si se encuentran”. Ese fue mi argumento, aunque nunca dije cuál era mi creativa fuente: que ambos se destruían. La respuesta del profesor fue “recuerde que uno es inamovible, no se mueve, es imposible”.

Bien, pues la respuesta fue eso: es imposible que en un mundo exista un objeto inamovible si hay uno imparable. Ese argumento sale mejor detallado en los libros de Carl Sagan, y es perfectamente aplicable a este caso (el de Israel-Palestina, no el símil de mi clase). Mientras ambos bandos sostengan que sus creencias son absolutas no habrá salida porque estarán trabados en una paradoja; lo único que hay por hacer es admitir que se puede coexistir.

Y, mientras tanto, exhortar a los organismos internacionales más medidas y ser más estrictos a la hora de aplicar sanciones, no sólo a Israel, sino también a todo aquel que pretenda emplear la violencia para hacerse escuchar.

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Uno light, para terminar. Entiendo que, por la fuerza que imprime el tiempo, la cultura y la repetición, una costumbre se arraigue en una o varias comunidades, pero existen cuestiones que nunca podré aceptar.

Hablo específicamente del hecho de que se le diga “América” a los Estados Unidos en específico y, de igual manera, que se le llamen “americanos” a los estadounidenses. Luchar contra esta cuestión me ha traído muchos enfrentamientos, en especial con mi familia que vive allá y nació allá. En una ocasión le pregunté a una tía que porqué le gustaba tanto a la gente la comida rápida, es decir, que había como una especie de identidad con la fast food, y me dijo que, precisamente, era como un “símbolo americano”, y que le preguntara, debidamente, a cualquier americano. Mi padre, que se hallaba en la mesa, se soprendió cuando le pregunté eso mismo. Mi tía dijo “no, no, pregúntale a un americano”, a lo que respondí “eso hice: un americano de Colombia”.

América es un continente. Se expandió el uso de que América y Estados Unidos es el mismo desde la época colonial, cuando la gente “emigraba a América” y llegaba a alguna de las trece colonias, o a territorios más occidentales, con influencia francesa, holandesa y alemana. Cuando se declaró la independencia de los Estados Unidos (con la consigna “América para los americanos”), se mantuvo ese apelativo para los territorios libres de América del Norte, indiferentemente del sentimiento que generaba esa apropiación exclusiva en otros americanos, como, por ejemplo, un mexicano, o un guatemalteco, yo qué sé.

Entiendo, por ello, que un francés o un inglés digan “América” cuando hablen de Estados Unidos, pero lo que nunca podré soportar es escuchar a otro latino (españoles incluidos) referirse a los estadounidenses como “americanos”. Hay un video a modo de burla que se hace de ello (y otros temas), pero que me agrada a la hora de expresarse con respecto a este tema porque lo hace de manera más “explícita”.

Hay que recordar un poquito, muchachos.

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~ por Juancho H. en marzo 25, 2010.

5 comentarios to “Consideraciones varias”

  1. Jum Juan, estabas inspirado!! Opino igual sobre el conflicto en Palestina, es sangrante.
    Sobre los “americanos”… qué te voy a decir, no he tenido ni pocas discusiones sobre este tema. Precisamente la más grande de todas ellas fue en Foro, donde un puertorriqueño se empeñó en decirme que los “americanos” eran los estadounidenses. aaah, bueno!! entonces los europeos son solo los noruegos? Para mi es igual de americano un estadounidense que un boliviano, peruano o colombiano. Hasta donde sé, todos pertenecen al mismo continente, América. Me molesta que en Estados Unidos se apropien del nombre “americanos” como si fuese solo de ellos. Pero bueno, imagino que es una muestra mas de lo que les importa el mundo.
    Te dejo un regalito, jiji http://www.youtube.com/watch?v=QVbobdL3yi0

  2. Se me olvido decir!!!! A mi lo que mas me molesta no es oir a un latino (americano o español, lo que quieras) llamar a los estadounidenses “americanos”. Lo que de verdad me enerva es ver latinos imitando a estadounidenses en todo lo que pueden: desde la vestimenta, hasta la forma de hablar, comida, todo, como si tuvieran algo que envidiarles… Eso sí me da mucha tristeza: ver gente que proviene de países con una cultura inmensa rendirse a los pies de Estados Unidos, en fin…

    • Rach, por Dios, pero si ese video es legendario: por mucho tiempo la gente creía que era un montaje, pero nope, sí resultó ser verdadero.

      Lo que señalas sin duda es triste, pero lo es más el saber que el hecho de llamar “americanos” a los estadounidenses es una costumbre que se está implementando cada vez más y más entre los latinoamericanos. Tal vez tú desde España y tu buena labor “educando” aportes un valiso granito de arena para sacar a la gente de su error :D.

  3. Hey babe.

    Tremendas consideraciones!

    La postulación de José Galat me hizo reír mucho.
    No sé si alcanzaste a ver algunas de sus cuñas televisivas, en las que salía saludando a un extra cuyo parlamento era “yo apoyo a José Galat” o algo así. Debajo de la imagen, un enorme letrero decía: “José Galat está con DIOS”. Lo primero que pensé fue que era un obituario, una especie de homenaje póstumo. Luego caí en cuenta que era el slogan de la campaña, y no que el anciano hubiera fallecido. Nunca conocí su plan de campaña, pero sí supe que, después de conocerse el resultado de los escrutinios, había salido en prensa a decir que los colombianos éramos una partida de ignorantes. Me imagino que dentro de la afirmación incluyó a sus publicistas.

    La verdad, me parece desproporcionado comparar a Cristina Fernández con Noemí, porque Sanín casi no usa pestañina, y la argentina pareciera que se “aplica” un metro cúbico diario. En cada ojo. (Será que el peso de los párpados es el que le proporciona esa mirada ensoñadora a la que Chávez es incapaz de resistir?).
    Para el debate de RCN, Noemí se disfrazó de señor: se engominó el pelo y usó camisa de cuello. Le faltó la corbata. Yo digo que llevaba una roja, pero cuando vió que de los otros seis ya había cuatro con ese color, se la quitó y la dejó en el carro. En cambio la Kirchner parece una diva, hasta me parece haberla visto con estolas de piel. Ves la diferencia?

    ***
    Apoyo tu conclusión en cuanto al choque de objetos. Yo también pienso que se destruirían. El profe se empeña en recalcar que uno es inamovible y el otro es imparable, pero nunca dijo que eran indestructibles. El hecho de que algo no se mueva no quiere decir que no pueda ser fragmentado. Además me parece que hacen falta datos: cuál es la masa de los objetos? cuál es su densidad? son flexibles? hay rozamiento? se le olvidó preparar la clase de hoy? cuál es la velocidad del objeto imparable? Porque si se mueve despacito…

    ***
    Propongo que, en vez de referirse a los estadounidenses como “americanos”, sigamos diciéndoles “gringos”. Es más corto, más fácil de pronunciar y más popular.

    • LO de José Galat es risible. Lo que sí hay que reconocerle al octagenario político es su sinceridad y su coherencia ideológica a la hora de escoger partido, algo que en Colombia hace muchos años ya no se vé.

      Y pues sí, tus apreciaciones con respecto a Noemí y a la Fernández son correctas. La argentina por lo menos tiene excentricidades, pero la otra… nada.

      Y claro, llamémosle gringos, o estadounidenses, cuando haya necesidad de formalismos.

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