Privado de sueño

Existen miles (quizá exagero) de razones por las cuales una persona pueda llegar a alucinar – esto es, sufrir alucinaciones -. Sabemos que la carencia de nutrientes es una de ellas, así como las condiciones extremas, como las temperaturas elevadas, las grandes presiones o la baja cantidad de oxígeno.

Hay una cuestión, sin embargo, que siempre me ha llamado la atención acerca de ciertas alucinaciones, y es la ingente cantidad de creatividad que contienen. Sólo basta citar las de carácter religioso. Existen miles (quizá me quedo corto) de historias en las que el sol baila, la virgen amenaza, el decapitado camina, la virgen bendice, las lenguas de fuego descienden, la virgen conmemora, las estrellas del cielo caen, la virgen advierte (mucha virgen por ahí, ¿no?), et cetera. Por supuesto, alrededor de ellas se han edificado creencias complejas y doctrinas de diverso calibre, pero lo que quiero apuntar es la originalidad y lo vivaz de estos episodios.

Quise, por tanto, y ahora que estoy componiendo un libro y ando en busca de material fresco y útil, experimentar yo mismo situaciones similares, pero como en realidad mi disposición es más bien poca para acudir a ambientes extremos, por ejemplo el Polo Norte, decidí optar por una solución más natural y más fácil de conseguir, incluso más efectiva: está científicamente comprobado que la privación del sueño, es decir, la ausencia de sueño REM, está entre las principales causantes de las alucionaciones. Por ello me sometí en repetidas ocasiones a este estado para verqué ocurría y llevar un pequeño cuaderno de apuntes para anotar lo que pasaba por mi cabeza – pude haberlo hecho en el computador, pero mientras el trasto se encendía y cargaba yo ya estaría despierto, por lo que la hoja de papel demostró ser la tecnología más adecuada -.

Pongo a continuación el resultado de la vigilia prolongada. La gran mayoría son ridiculeces y absurdos, pero aún así me gustaría compartirlas con ustedes.

  • Si el papel donde imprimen los periódicos no fuese tan áspero y abrasivo, sería un decente sustituto para el papel higiénico, en cuyo caso yo optaría por el diario español Marca. Esto a primera vista, insultante, aunque los periodistas seguirían desempeñando una labor sucia y poco deseada con base en sus principios de incorruptibilidad y pureza.
  • Me gustaría pensar que yo sería un buen esclavo, suponiendo que tal sistema aún aplicase legalmente en la civilización occidental. No creo que sería buena idea hacer alarde de ello, sin embargo; no sé por qué, pero puedes decir que serías buen conductor de taxi, o un buen presidente, por ejemplo, pero no un buen esclavo. ¿Será por lo que la esclavitud es una labor multitasking? Sería como decir que uno es bueno para todo…
  • Ayer me golpeé el dedo chiquito del pie y vi estrellas. No me gustó lo que vi.
  • Probablemente Dios no existe, aunque probablemente sí. Si Dios existiera, y basándose en que las probabilidades en un universo infinito son infinitas, probablemente yo sea Dios. Si yo soy Dios, probablemente toda la gente del mundo que reza y pide favores me esté hablando a mí; ello explicaría porque soy tan distraído y tan poco detallista ante cuestiones mundanas y, además, porque soy tan incompetente como Dios.
  • Si la pluma es más poderosa que la espada, un ganso vendría siendo una bomba termonuclear.
  • Apuesto que el petróleo se acabará algún día. Puede que yo muera y se siga empleando, pero se acabará. Aunque gane mi apuesta, mi ganancia, la verdad, sería poca.
  • Si yo fuese mujer definitivamente sería lesbiana.
  • (Este, de hecho, me ayudó a recordar un episodio completo de mi infancia) La primera (única y última) vez que me confesé fue cuando hice la primera comunión en el colegio. Para entrar a la iglesia nos formaban a todos en orden de estatura y nos hacían practicar. Como siempre fui el más alto de mi clase, el curita me llamó primero a mí para mi confesión. Cuando me preguntó por mis pecados, mi mente se quedó en blanco. Nada. Es decir, sabía que había “pecado”: había dicho mentiras, había robado, había matado innumerables cucarachas (en la Biblia no se especifica a quién no debo matar), había deseado las mujeres de muchos prójimos, pero no se me ocurría nada de eso. Sólo se me vino a la cabeza un episodio de la mañana anterior al ensayo, cuando la profesora de Geografía nos había pedido la tarea, que consistía de llevar las capitales de los departamentos (en esa época eran departamentos, intendencias y comisarías) anotadas en el cuaderno. La profesora me pidió que le dictara mi tarea; como toda la vida fui un sabelotodo y un comelibros, yo ya me sabía la lección, aunque no la llevaba anotada en papel, por lo que hice el ademán de que leía y le iba diciendo a la profesora las capitales. Cuando terminé de contarle mi historia al curita, él, lejos de ponerme la típica penitencia de Avemarías o Padrenuestros, me castigó mandándome a darle cinco vueltas a la cancha de volleyball en cuclillas. Cuando llegué al sitio de mi castigo, ya habían varios niños ahí esperando a que Mario, el moreno profesor de Educación Física, les vigilara el cumplimiento de la pena. Cuando empezamos, la gente empezó a aproximarse para vernos, y mis amiguitos no paraban de reírse al verme en una situación tan ignominiosa; yo lo único que pedía era que mi hermano mayor no me viera, pues eran sus burlas las que más temía. Todo esto ocurría mientras Mario gritaba “sigan así, que cuando grande van a ser unas ‘vigas'”. Lo peor de todo es que Mario llevaba una lista de los castigos (el maldito cura de hecho se puso a la tarea de recordar cada uno de ellos), y resultó que el más exigido fui yo. Adolorido, me puse a preguntarle a mis compañeros de “ejercicio” por sus penas, y encontré cosas como “robé una panadería”, “lancé a mi amiguito por un barranco” (eran épocas muy duras… y diferentes). A día de hoy no sé por qué llevé yo del bulto en esa situación: tal vez me vieron fuera de forma, o el hecho de haber sido tan malicioso me costó tanto esfuerzo. En todo caso es que, como Jesús, sólo me confesé una vez y me clavaron.
  • Lo que yo veo azul tal vez otros lo vean verde, o rojo, pero de todas formas ya existe un contrato social para nombrarlo “azul”, por lo que lo que lo llamamos igual.
  • Quisiera ser un pez, pero no para tocar mi nariz en tu pecera; eso me parece una cochinada.
  • Si hubiera un Cielo y me concedieran una conversación con Beethoven, yo estaría jodido porque el tipo es sordo y no sé lenguaje de señas.
  • Si algún día me encontrara con Megan Fox debo pedirle que me bese. Me parecería que tal ocasión, esa coincidencia en el tiempo-espacio, no se debería desperdiciar. Sin embargo, si toda una vida se desarrolló para llegar a ese momento, y no llegara a besarme, ¿sería una vida desperdiciada?
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~ por Juancho H. en marzo 30, 2010.

11 comentarios to “Privado de sueño”

  1. Por favor, acuéstate a dormir…

  2. Después de esto, ya puedes intercambiar impresiones con Antonio. Aunque él es bastante dormilón, me ha salido con cosas como “hoy quiero que todos se conviertan en patos rojos”, “las hormigas viven en un país lejano”, “la bismarkia parece un balón de fútbol al revés” y otras por el estilo.

    El lunes estábamos viendo un programa sobre Leonardo Da Vinci. En los comerciales, soltó la siguiente perla: “yo ví hoy a Leonardo Da Vinci, iba en su moto para Mc Donald’s”

    Será mal de familia?

  3. muy buenos pensamientos :mrgreen: vaya entonces opus – logos – starviewer y un largo ETC. no han dormido durante 10^100 a noches. por eso la locura

  4. Los resultados son bastantes racianales en cierta manera

    solo 2 alcances en la biblia si dice aquien se refiere con no matar y hay acttrices más bonitas que Megan Fox… aunque en gusto no hay nada escrito.

    que estes muy bien

  5. Si yo fuese mujer definitivamente sería lesbiana.

    amen. :mrgreen:

  6. Juan, aunque ya es viejito este post, igual escribo: espero que tomes cerveza más habitualmente y te lleve a los brazos de Morfeo, jiji. Aunque bueno, como filosofía, ni tan mal perder sueño si es por pensar 🙂

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