¿Por qué Mockus?

Me parece apropiado hablar de este tema, ahora que estamos a un poco más de un mes de las elecciones, y prácticamente todas las cartas de los candidatos están puestas sobre la mesa. Algunos, quienes me han escuchado hablar de política, me tacharán de incoherente al hablar de este tema, pues siempre he considerado al ejercicio político como la continuación natural del circo romano, sólo que con menos muertos, pero, sí, ésta es una decisión informada.

Pues hoy les hablaré del candidato por el cual votaré el 30 de mayo – salvo que algo excepcional ocurra -, más exactamente de mis razones para ello. Para disgusto de mi padre – quien, estoy seguro, se muere por decirme de frente “no sea pendejo y no vote por ese tipo” -, aún considero que Antanas es la persona que necesita este país como presidente.

Entonces, ¿por qué votar por un individuo que puede verse ridículo con barba y sin bigote, a la usanza de Abraham Lincoln, y que tuvo la osadía de bajarse los pantalones en público, casarse a lomos de un elefante, y disfrazarse de superhéroe?

Si me permiten, empezaré por esa primera apreciación, lo cual envuelve también la pérdida de la vergüenza de los colombianos. En este país estamos dispuestos a perdonar más rápido – o a respetar, que viene siendo la misma estupidez – a un individuo que encubrió ataques a la población civil para hacerlas pasar por golpes contra la guerrilla, o, incluso, y hablando del karma de cierto candidato que reconocerán al instante, a quien fuera guerrillero. Yo sí creo que un hombre es capaz de superar etapas de desnudo público y dejar atrás simbolismos risibles para emplear uno mucho más pragmático… aunque, si me preguntaran, me encantaría verlo aventando vasos de agua a ciertos personajillos públicos, como al presidente de cierto país vecino.

Otra razón es que, después de mucho tiempo, el mío no será un voto defensivo, es decir, un voto pensado para no entregárselo a otro candidato. Les confiaré que, en 2002, cuando contaba con 19 años, voté por Uribe porque me aterraba la idea de que Serpa llegara a ser presidente – luego me uní a la algarabía nacional por la llegada del Mesías, pero la verdad duró más bien poco – y en 2006 voté en blanco para evitar que Uribe continuara; aquella ocasión no funcionó. En esta ocasión sí veo mi derecho al voto como una inversión, mi inversión a una actitud bastante clara, y a un programa de gobierno que, si bien no es perfecto, es el mejor y el que más precisamos.

Mi siguiente motivo es porque detrás de Mockus existe un movimiento alimentado por muchas otras cabezas, otorgándole mucha cohesión a lo que sería su gobierno en caso de que resultara elegido. Vemos a Mockus acompañado casi siempre por Enrique Peñalosa y Luis Eduardo Garzón – creo que será la única vez que hablaré bien de Luchito -, otros dos ex alcaldes de Bogotá con tendencias políticas muy variadas, y ahora también vuelve Sergio Fajardo, ex alcalde de Medellín y el mejor que ha tenido esa ciudad en muchos años. Confío que con tan variado gabinete se elabore un ejecutivo fuerte y capacitado para afrontar los diversos retos que pululan en el país.

Empalmo la última idea del párrafo pasado diciendo que las Farc no son el único problema de Colombia. Aprovecho también para decir que veo que, convencidos de esta artimaña que nos han estado metiendo por las narices, muchos votantes – incluyendo a muchos conocidos y amigos también… por favor… – votan con la intención más de desentenderse de la conducción adecuada del país que para apersonarse de una responsabilidad que siempre ha sido suya. Así ocurrió con Uribe – dos veces -, “con otro periodo de Uribe este país sale adelante”, comentó Guillermo Santos Calderón en su columna de tecnología (!!!???) en cierta ocasión. Esa actitud es, a todas luces, enfermiza; yo, siendo consciente de mi voto por Mockus, también sé que será una decisión que, de concretarse, integrará a toda la ciudadanía a un cambio integral de esta sociedad, y requerirá el esfuerzo de todos para un verdadero avance, y no dejarlo todo en manos de una sola persona.

La siguiente razón, y la más superflua de todas, es que los demás candidatos no ofrecen lo que ofrece el Partido Verde. Mi voto en un principio hubiese sido para Rafael Pardo, quien siempre me ha parecido un estadista serio y bien enfocado, y me encantaría verlo reforzando las filas mockusianas en algún momento. Vargas Lleras, el predilecto de mi padre, es también muy bueno, y estoy convencido que sería un gran presidente, pero tiene la impresionante habilidad de estar creando continuamente rencillas a su alrededor, lo cual encuentro devastador.

De los otros tres… bueno, qué se puede decir. A Santos, quien aparece puntuando en la actualidad en intención de voto, lo hallo sencillamente espantoso. Lo veo a él y veo todo lo malo que tiene Uribe; lo veo a él y veo toda la maquinaria política, adecuadamente aceitada y preparada, lista para aplanar a todo aquel que desee atravesarse en el camino; lo veo a él y veo ingente cantidad de intereses encarnados en una sola persona, mas no el del ciudadano; lo veo a él y veo a Chucky – no nos quite el derecho de burlarnos de su aspecto, Juan Manuel -; lo veo a él y veo el impune continuismo de un estado que busca aferrarse al poder por medio de artimañas y propaganda política… tal como ésta.

Noemí… Noemí… vuelvo y repito que me elude las razones por las cuales esta señora quiere ser presidente de la República. Quisiera que ella se metiera en la cabeza que no es Margaret Thatcher, ni Ángela Mérckel, ni Indira Gandhi, ni Michelle Bachelet… es más, no es ni Noemí Sanín, porque cada vez que aparece tiene diferentes colores y distintas ideas. Sus “ideas” son vacuas, carentes de sentido, anómalas… todo ello sin obviar el detalle de que apesta terriblemente en los debates.

Y nos queda Petro. El brillante, maquieavélico y enigmático Petro. Creo que de las pocas cosas buenas de que quedara presidente es que se mudaría de la casa del lado y haría sus fiesticas en otro lado – ojalá no en la Casa de Nariño -. No voy a dudar de su capacidad; quien analizó seriamente los debates, notarán que él, Pardo y Vargas Lleras, justamente los tres senadores, son los que mejor dialéctica tienen. Pero sinceramente cuestiono su pertinencia para dirigir un país como Colombia precisamente AHORA, es decir, con Farc, con Chávez y con muchas otras cosas que realmente preocupan imaginarlas crecidas.

Así está el panorama, señoras y señores. ¿Estoy muy equivocado? Bien, como siempre, siéntanse libres de decírmelo.

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~ por Juancho H. en abril 22, 2010.

4 comentarios to “¿Por qué Mockus?”

  1. Breve resumen de las razones por las que apoyo a Mockus:
    1. Porque se encueró en frente de un público hostil, mostrando no sólo sus nalgas, sino lo que se encuentra en medio de ellas. Porque años después, cuando se le preguntó por el episodio, declaró que probablemente había sido un muy mal ejemplo, pero que de todas formas “lo que se vio fue color de paz: blanco”
    2. Porque cuando era rector de la Universidad Nacional, llegó con una espada de plástico color rosa al despacho del entonces presidente, César Gaviria, con la que pretendía defender el presupuesto de la institución.
    3. Porque, siendo rector también, en un consejo de decanos llevado a cabo en Girardot, decidió asistir a la reunión ataviado con corbata y traje de baño. Explicó después que no quería llegar tarde.
    4. Porque en un debate le lanzó un vaso de agua a Horacio Serpa en la cara. No contento con eso, años después hizo lo mismo con Peñalosa.
    5. Porque cuando fue alcalde de Bogotá, utilizó una pirinola como símbolo del “todos ponen”. Resultado: baja en la tasa de homicidios en un 40%, ahorro voluntario de agua, y un largo etcétera…
    6. Porque, también en la alcaldía, se vistió con un traje de superhéroe amarillo y rojo, y saltando por calles y tejados, recogía basura y dirigía el tráfico.
    7. Porque llenó de tarjetas rojas a los ciudadanos, quienes recuperaron el sentido de sanción social a los infractores del diario. Todos éramos censores, todos teníamos que portarnos bien.
    8.Porque en su segunda alcaldía, pidió perdón a los bogotanos por haber dejado tirado el puesto en la primera enjuagándose con ropa en la alberca del Parque Olaya Herrera.
    9. Porque su fiesta de matrimonio fue en un circo, montado en un elefante.
    10. Porque si Diógenes de Sinope lo hubiera conocido, ya no andaría con su lámpara por las calles de Atenas. Ya hubiera encontrado a un hombre honesto.

  2. esta buenisima la opinion con respecto a Noemi.. Pobre tonta que quiere llegar al poder. Exageradamente cierto eso de su cambio continuo de ideas y posiciones.
    Honestamente, me atrevo a decir que si algun dia se llego a escuchar con fuerza el nombre de Noemi fue por ser mujer y era un cambio historico para la politica del pais (anoto que soy cero machista).
    Pero creo que ha cambiado el viejo discurso por uno que carece de todo. Impresionante que no supo siquiera responder a preguntas tan basicas en un debate.

    Por otro lado, y sin ganas de debatir, mi opcion en la de Juan Manuel Santos. Aunque muchos lo tilden como la continuación de los peores errores de Uribe, de cierta manera es el unico que contesta con la verdad respecto al candente tema de los vecinos..

    Cierto, la mayoria de los aspirante dicen que usaran la prudencia y que tendran mano dura con venezuela ect. En mi opinion, eso es una manera cobarde y poco comprometedora de no decir las cosas.. sabiendo que tarde o temprano se veran obligados a tomar acciones similares a las que Santos actualmente ya declara.

    • Alfo, la hoja de vida de Santos con respecto al tema de los países vecinos es el bombardeo al campamento de Raúl Reyes. La gente piensa que de darse una situación parecida él lo volvería a hacer, cosa que yo no creo tan real.

      Supongamos por un momento que Santos es presidente y recibe información muy confiable de que Alfonso Cano está en el litoral norte del río Arauca, ¿lo bombardea? Yo no lo creo tan estúpido, o ingenuo, porque hacerlo precisamente eso: una estupidez.

      Y, en lo personal, creo que no hay nada de cobarde en preferir la prudencia a dejar la posibilidad abierta de una guerra con Venezuela, por mucho que deseemos ver a Chávez fuera; es más bien el gesto más obvio.

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