La ola

Santos logró un impresionante resultado de 46,6%… en verdad impresionante, porque nadie se esperaba ese porcentaje, por mucho que las firmas encuestadoras quieran enmendar su error diciendo que “ya lo esperaban”. Cerca de siete millones de personas votaron por la continuidad de una política de seguridad a ultranza, esto es, que arrasa con todo aquello que se le interpone.

Por otro lado, el Partido Verde de Antanas Mockus logró un poco más de tres millones de votos, algo inverosímil si dicha proporción se hubiese propuesto hace unas semanas. Dejó de ser un margen de error para convertirse en una fuerza poderosa y temible: la ola verde.

Yo voté por Mockus ayer, y quizá lo haga el próximo 20 de junio, y quiero aclarar el porqué hago énfasis en ese condicional, porque poco tiene que ver con los debates.

Aclaro de una vez que – me perdonan la expresión – ni por el putas votaré por Santos, pues siempre he desconfiado de esa corriente política del “como sea lo hacemos” o, como leí en una pancarta suya, “pa’ las que sea, mijo”.

Seguí ayer el desarrollo del conteo de votos con elevada preocupación al concebir la posibilidad de que el candidato uribista ganara sin necesidad de una segunda vuelta. Mi tonalidad color piel característica volvió en cuanto las mesas escrutadas eran más y Santos se “estancaba” cerca de los 46 puntos. Entonces empezaron los reconocimientos de los demás candidatos: el de Vargas Lleras, acompañado por su sorprendentemente churra hija – en verdad me sorprendió, así como su capacidad de mantener una sonrisa por más de cinco minutos -; el mensaje variopinto de Petro; la digna retirada de Pardo, y la escueta declaración de Noemí – quien supongo no tuvo las ganas de asomarse por su centro de campaña, porque parecía más bien recluida en un búnker -.

Y llegó el turno de Mockus. Salió ante un público enardecido – y enverdecido – que vitoreaba sus cánticos y sus estribillos con cierta vehemencia. En primera instancia encontré algo gracioso el hecho de que todos recordaran esa enorme cantidad de mensajes y también la coordinación para repetir una y otra vez los mensajes. Luego, en la medida en que se iba desarrollando el mitín, mi sonrisa causada por ese evento aparentemente gracioso se fue desdibujando, y me empecé a preocupar…

Recordé entonces muchos foros de internet, conversaciones que oía en la calle, opiniones publicadas de renombradas personalidades de la vida nacional e internacional, y temblé al notar la macabra tendencia de un discurso alienante y sectario. Ese mal que siempre le critiqué a los uribistas, ese de seguir a ultranza a su amadísimo líder, de mantenerse con él hasta las últimas circunstancias, se había vuelto una faceta de la ola verde. “O estás conmigo o contra mí”, empecé a entrever por las amigables y educativas líneas del partido. Las conmovedoras consignas verdes se empezaban a tornar en parámetros de disciplina para perros. Los malvados contradictores jamás deben convencernos, sino nosotros a ellos.

Los cánticos continuaron junto con la promesa de continuar la lucha, estando todos unidos. Y no pude evitar comparar dos olas.

Quizá esté exagerando, y créanme que no quiero para nada insinuar que Antanas Mockus y el Partido Verde tengan tintes fascistas, tal como ocurre en esta excelente producción alemana – que por cierto encuentro absurdo que sólo nos llegue año y medio después de su estreno en Europa, pero eso es otra historia -. Sería extraño ver a Lucho, ebrio como lo estaba ayer en la convocatoria, manteniendo ese tipo de ideología, pero piensen por un momento en cómo se van dando las cosas, ¿es así la forma en que queremos mostrar nuestro mensaje? ¿no es acaso el propio ejemplo, nuestra propia conducta basada en conciencia y cultura ciudadana, la mejor manera de cautivar a nuestros compatriotas?…

Espero sinceramente que recordemos – y me refiero a todos los verdes, incluyendo al candidato – el verdadero significado de nuestro mensaje, por lo que realmente queremos luchar. Ciertamente no es para tildar a los santistas de corruptos, de ladrones o de paramilitares; tengo amigos muy cercanos que comulgan con las ideas de este candidato, y créanme que es difícil encontrar mejores personas que ellas. No debemos olvidar que generalizar es la manera más adecuada de equivocarse.

Nuevamente, quizá esté exagerando una realidad; quizá deba medir mis palabras, atajar mi mente para evitar que vuele por cielos turbulentos. Pero ese es mi temor: ahogarme en una ola de adoctrinamiento, y estrellarme contra las rocas al no querer salirme a tiempo.

En serio, ¡¿estoy exagerando?!

~ por Juancho H. en mayo 31, 2010.

8 comentarios to “La ola”

  1. A mí me preocupaba desde hace rato que Mockus hace populismo en los círculos académicos e intelectuales; y eso es terriblemente peligroso cuando son estos sectores los más implacables críticos de un gobierno.
    Yo debo confesar que la ‘Ola verde’ me sorprendió: no resultó siendo más que un mediano charco.
    Un saludo Juancho.

    • Sí… al final muchos acudieron a las filas de Vargas Lleras, un candidato que demostró tener el carácter fuerte del que carece Mockus, o al menos esa fue mi impresión, al ver cómo muchos mockusistas cambiaban su voto.

      Toca esperar, y albergar la esperanza de que se descarte el discurso sectario.

  2. Usted tiene la pregunta y la respuesta, “No generalizar”, es difícil saber que pasará con Mockus si llega a la presidencia pero con Santos no tenemos dudas de lo que sucederá, la opción verde es una opción, que si bien es cierto, es difícil de digerir por esas manifestaciones publicas de características cercanas a un “culto cristiano”, no se puede desconocer que el mensaje GENERAL es claro. El punto que pensé importante analizar fue de donde salieron tantos votos quizá le interese el análisis http://bit.ly/9DBvQC

  3. Pues a mí también me espantó un poco el hecho de repetir consignas fanáticas. Me preocupa sobremanera el sectarismo verde. Porque yo no le jalo a ninguna doctrina absolutista. Qué desinflada!

    • Una cosa es defender una postura y otra asistir acríticamente ante una figura que pareciera incorruptible. Sigo viendo a Mockus como la mejor opción de los dos; me preocupa sobremanera sus salidas en falso, y me gustaría que revisara ciertas cuestiones de su programa… Pero de ahí a creer ciegamente en él, como oveja que sigue al pastor, hay muchísimo trecho.

      Por eso digo que bien valdría un cambio en el tonito del discurso, porque así como va bien podría poner una “sucursal del Cielo”, como esas que pululan por la Avenida Boyacá.

  4. La verdad, ahora lo estoy viendo como “el menos malo”. Hay que extraer a Fajardo de sus fisioterapias y permitirle más representatividad.
    Ah, y sucursal del cielo sólo hay una, vé!

    • Ah… me preocupa el tono que está tomando ahora la campaña mockusista, que es algo de santismo negativo; hay que recuperar ese carácter propositivo, y no caer en las mismas prácticas de los politiqueros…

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