¿Y ahora qué? (IV)

A escasos 20 días de terminar este gobierno, las centrales de inteligencia nacionales nos sueltan esta bombita. En esta ocasión no se hacen acusaciones banales y sin sentido, sino más bien contundentes y específicas, con nombres y todo.

Más allá de analizar la gravedad de las acusaciones que se le hacen al vecino país de Venezuela de albergar terroristas en su territorio, y mucho más allá de detenerme en escudriñar la veracidad de las mismas, quisiera plantear la siguiente pregunta: ¿Por qué ahora? Ya me temía lo que ocultaban las maliciosas palabras de Álvaro Uribe cuando decía que “tiene a ‘Iván Márquez’ bien ubicadito”. ¿Por qué ahora, si faltan tan solo dos semanas larguitas para terminar su ya largo gobierno?

Se me ocurren un par de razones, ambas relacionadas con mantener vigente su herencia política, así como dejar uno de sus pies de picaporte, por si acaso tiene la necesidad de saltar a escena.

Primero, es precisamente mostrar a los colombianos – y de paso al mundo entero – lo comprometido que está con la “causa antiterrorista” o, más específicamente, antifariana. Es conocimiento de muchos que el uribismo está vivito y coleando, y que superar esa pseudocorriente política le tomará a Colombia unos cuantos años; incluso puede que pase como con López Michelsen, que el día que dejó de involucrarse en política fue precisamente el día que “entregó el equipo”.

Como todo en política se trata de mensajes solapados e hipocresía, debemos entender que cada acto público o realizado en dicha plaza tiene un profundo significado, o incluso varios. Y de ahí se desprende mi segunda suposición, que es forzar al entrante gobierno santista, que ha estado muy meloso con los estados extranjeros, de mantener una recia actitud con la Venezuela de Hugo Chávez, porque a un hombre cuadriculado como Uribe no se le puede pasar por la cabeza que su país, su patria, su nación haga amistad con un mamerto de tan mayúscula categoría. Una actitud prudente, cabe decir y reconocer, la del presidente electo al apartarse de esta discusión, a la que seguramente vendrán las respectivas reacciones del vecino país, sus aliados y, por qué no, de los estadounidenses.

Es prematuro ponerse en labores de adivinación. Quizá esto sea otro chiflón de guerra, como muchos que hemos experimentado en la región; quizá este juego del gato y el ratón sea de nunca acabar, pero de algo sí estoy seguro, ahora más que nunca: Álvaro Uribe estará al acecho, tras bambalinas, esperando aquella que él crea sea su hora para volver a montar su “numerito”, al cual no me atrevo a otorgarle dimensiones, pues todo dependerá de cómo juegue sus cartas.

~ por Juancho H. en julio 15, 2010.

2 comentarios to “¿Y ahora qué? (IV)”

  1. Y ahora que el exministro de defensa es el nuevo presidente, considero que estas declaraciones son un evidente anuncio del uribismo para que los colombianos tengan claras las prioridades del próximo gobierno: las “tareas pendientes de Uribe para su sucesor”.

    ¡A construir trinchera!

    • Hombre, sí, qué tristeza. Cuántas veces desearía, aunque sea una banal esperanza, que Santos demuestre de una vez por todas que se lagarteó a Uribe sólo por llegar a la presidencia y se aleje de sus maneras… nuevamente, banal esperanza…

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