Instinto animal

Comentaba hace poco que no consulto El Tiempo en internet. Un colega periodista, o quizá uno que se dedique a la academia, me diría que está muy mal de mi parte, que al ser el periódico de mayor influencia nacional debería consultarlo. Al carajo con eso: es muy malo y me mantengo en mi posición.

Pues fue precisamente un colega el que compartió conmigo un artículo del mismo diario anunciando una aberración: que el Procurador, Alejandro Ordóñez, considera las corridas de toros y las peleas de gallos facilitadoras del desarrollo de la personalidad, y nunca maltrato animal.

Tengo amigos y amigas que son seguidores de la tauromaquia – no creo que a ninguno le guste las peleas de gallos -, y hasta ahí lo dejamos, porque si ese tema llega a surgir conmigo presente es garantía de una discusión airada segura. Pero, hombre, si a ellos les gusta yo no voy a dejarles de hablar por ello, porque ciertamente no es por eso que son mis “amigos”, y me parece que la amistad es un sentimiento muy puro y bonito como para andarse con radicalismos. También tengo unas cuantas amistades que, militando en la otra orilla, son de los que se pintan de rojo y se echan desnudos en la calle o se amarran a árboles. Tampoco me gusta hablar de eso con ellos porque detesto señalar la inutilidad de ciertos actos como aquellos, e imagino lo molesto que puede ser el amarrarse a un árbol o estar gritando arengas antitaurinas que disiparán eventualmente en el aire.

El caso de este mamarracho – es un idiota, por lo que en este blog nunca se le dirá señor, doctor u otra cosa, sino un adjetivo calificativo que se aproxime a su naturaleza – que tenemos de Procurador es muy diferente. En principio – que tristemente empieza a tornarse en sinónimo de “utópicamente” -, un servidor público debe ser llevado por la racionalidad, la inteligencia, la meditación de causas, entre otras cosas, para luego sí hablar la boca y que de ella salgan cosas que, sin arriesgarse a escandalizarse, puedan ser debatidas y ser amoldadas al bien común. Con este badulaque no ocurre así pues, llevado por una hipocresía y una manipulación explícita de las leyes, quizá la misma área del cerebro donde se asientan sus ideas ultraconservadoras y ultracatólicas, siempre hay un denigramiento de aquello que los que solemos pensar consideramos sagrado para dar paso a la irracionalidad.

Tampoco infiero que defienda las causas naturalistas, ambientalistas o de protección de animales sencillamente porque es lo políticamente correcto. Lo que detesto es que diga que “facilita el libre desarrollo de la personalidad” porque es una completa desfachatez. Según ese criterio, y perdonarán por adelantado la exageración, aquellos que tienen a bien – o a mal en este caso – practicar los cortes de franela y otros métodos macabros están “desarrollando su personalidad”, si total hacen parte de nuestra sangrienta historia. Es estúpido…

También se ve que recurre al manido argumento de “expresiones culturales” para justificar estas actividades. Si sólo lo hubiese dejado ahí hubiera afectado a los defensores de los animales de toda la vida, pero quizá hubiese evitado el riesgo de quedar como un imbécil – aún más -. Pero decir que las corridas de toros y las peleas de gallos inspiraron a grandes maestros como Fernando Botero o Gabriel García Márquez es una de las falacias más monumentales a las que me he sometido últimamente. Téngalo por seguro, procurador Ordóñez, que sin estas cuestiones el talento de estos dos exponentes del arte nacional no se hubiese visto disminuido. Además, “El Coronel no tiene quien le escriba” es de los libros que más hartazgo me ha producido.

Cómo desearía, aún sabiendo que es un anhelo ubicado en el apartado más irracional de mi ser, aquel que, en su caso, quizá utilice incluso para caminar y amarrarse los zapatos, que termine su periodo en la Procuraduría utilizando más la cabecita, y no tanto las entrañas. Que sea un proyecto para los próximos días.

Nota: La caricatura del principio es un fragmento del “Palazo Presidencial” de esta semana, de Vladdo. Hace alusión a la aprobación de la unión gay en Argentina, hecho que, como ultracatólico, Ordóñez reprueba.

~ por Juancho H. en julio 18, 2010.

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