Fanáticos Estúpidos (III)

Voy a cambiar un poco la línea de esta serie… Bueno, en realidad, la voy a cambiar totalmente, porque, como seguro recordarán, estos artículos empezaron criticando la actitud y la actividad de una iglesia que, para mi sorpresa, era una parodia que se alimentaba de casos de la vida real.

Por fortuna, el título de la serie da para mucho más, como por ejemplo el más evidente que es el de señalar el inverosímil proceder de ciertos individuos que anteponen un comportamiento irracional antes que la razón.

Bueno, hoy hablaré de Terry Jones y de Joseph Ratzinger.

El primero se hizo célebre por su campaña de invitación a fieles cristianos a quemar un ejemplar del Corán el 11 de septiembre, cuando se cumplían nueve años de los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono. Más allá de darle más publicidad a un individuo obtuso, quiero señalar una tendencia que he observado, así como muchos de ustedes seguramente lo han percibido, y es el creciente odio hacia todo aquello que sea musulmán en los Estados Unidos, incluso en el resto del mundo. Me causa gracia incluso escuchar algunos compatriotas compartir ese sentimiento irracional cuando quizá nosotros, por el sólo hecho de ser colombianos, suramericanos, habitantes del tercer mundo, unos mestizos, otros negros, otros bajos, otros altos, otros feos, otros bonitos, et cetera, también han sufrido de descalificaciones, si no similares, sí nacientes de la misma cuna irracional. Aparte de ciertas costumbres que a los ojos occidentales puedan parecer barbáricas y que yo también repruebo, el hecho de pertenecer al Islam no convierte a una persona automáticamente en un terrorista o en un bárbaro; sólo falta ver la inmensa cantidad de aportes al conocimiento que han venido de esa cultura y que hoy agradecemos en nombre del progreso.

Volviendo al señor Jones, pastor de una iglesia de Gainesville, muchos expertos han visto en el comportamiento de este individuo el típico patrón de aquel que quiere llamar la atención; “personalidad de florero”, como diríamos acá. Más allá de si quiere dinero o si de verdad está convencido de su cruzada espantosa, es en todo caso reprochable. Hace falta preguntarse qué hacen los líderes de las naciones que sufren de esta fobia a todo aquello que vean intruso para aliviar o procurar detener una actitud que, de hacer metástasis, no creo que terminemos de contar el cuento.

Ahora es hora de hablar de Benedicto XVI. Este caso me preocupa particularmente porque, con la finalidad de mantener unas tradiciones arcaicas y medievales, está arrastrando consigo a miles de millones de personas que encuentran abrigo en una creencia que les brinda esperanza, contando entre ellos a fanáticos sin remedio o personas de a pie que simplemente tienen una noción de un ser superior llamado Jesucristo. La metida de pata ocurrió la semana pasada, cuando, viendo que el escándalo de la pederestia aún desborda sus filas eclesiásticas – prohibido olvidar, por cierto -, llamó a seminaristas y ordenados por igual a seguir el ejemplo de Jean Vianney, un clérigo francés decimonónico, para evitar que esas extrañas, cuestionables y reprochables acciones no salieran a flote.

Es entendible que, tras entender que la doctrina católica por sí sola no es suficiente para reprender estos instintos, un Papa quiera poner un ejemplo a seguir para todos sus sacerdotes y prospectos, pues ello resulta práctico a la hora de alcanzar un objetivo ya que ayuda como fuente de inspiración a los receptores del mensaje. Lo que no es entendible, sin embargo, es que ese ejemplo sea el de un censurador, un retrógrado y un retardatario que mantenía como aficiones hervir papas para luego comerlas frías durante toda la semana, reprobar toda conducta que él estimaba “diabólica”, como bailar, o azotarse repetidas veces durante el día, todo ello con la convicción de que mantenía al diablo a raya, del cual él aseguraba que un día incendió su cama.

No creo que haya mucho qué decir de esta invitación de Benedicto; si pone como ejemplo a un esquizofrénico alarmista, pues graves. Por fortuna, sabemos que hoy en día existe gente capacitada para atender a personas que sientan este tipo de inclinaciones si los que la sufren acuden a ellas y deciden someterse a tratamiento que realmente espero no requieran azotes o tener que rezar avemarías boca abajo.

Carl Sagan dijo una vez que la luz de la vela de la razón y la ciencia parpadeaba en esta era. Ante comportamientos así, a veces pienso que es incluso mejor que él no esté para ver sus temores convirtiéndose en realidad.

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~ por Juancho H. en septiembre 15, 2010.

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