Sin rebajarse a su nivel…

Cuando se habla desde el fanatismo lo más probable que suceda es que, a la luz de la razón y, por ende, de una persona que blanda ese esencial atributo, quien lo haga quede como un completo idiota. Yo, por ejemplo, me los he encontrado a través de la vida, incluso en esta aventura de la blogósfera: fanáticos religiosos, pseudocientíficos, de ideologías políticas, et cetera, y mi labor siempre fue, precisamente, decirles de una forma muy respetable que por favor no fuesen idiotas.

Resulta ahora extraño ver, para sorpresa mía, ateos fanáticos. Aquellos que llevan este epíteto – es decir, quien lo cumple a cabalidad – suelen elaborar un proceso de razonamiento interno muy similar al método científico antes de actuar; una forma muy elaborada de decir “pensar antes de actuar”, y ello garantizaría, si no una toma de decisiones correcta, la tranquilidad de que por lo menos las cosas se hacían bien. Ahora, caer en el error de aquellos a los que yo no quisiera parecerme, es decir, ver obnubilada la razón para dar paso a la defensa de una ideología, resulta a todas luces un paso equivocado, así sea una ideología justa y precisa como es la ilustración de la humanidad.

_-^-__-^-__-^-__-^-_

Mi mejor amigo está a punto de casarse y, para completar mi felicidad por el hecho de que va a hacerlo con una mujer que le da la talla – lo cual celebro en vista de pasados prospectos… -, me pidió que fuera su padrino de boda. Yo, orgullosamente, acepté. La ceremonia será celebrada bajo el rito católico y, al ser mi amigo de ascendencia japonesa, apeló a una norma del derecho canónico en la cual él enarbola su extranjería para no pasar por el sacramento de la confirmación. Una de las condiciones para realizar dicho procedimiento era que el padrino, o sea moi, se entrevistara con el vicario…

Todo el asunto resultó bastante jocoso exceptuando el hecho de que la vicaría quedaba en un sitio casi inaccesible por la cantidad de vueltas que había que hacer en vehículo. La entrevista era, pues, una serie de preguntas contenidas en una cartilla diseñada por la Iglesia Católica para discernir la aptitud del candidato a esposo. Suena estúpido, pero eso fue lo que dijo el cura.

  • ¿Jura decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad?

La pregunta del clérigo vino, pues, de sorpresa. Me sentí por un momento como en un juzgado gringo, como en las películas.

  • Sí, señor – respondí -.

Aún me pregunto qué hubiese pasado si hubiera respondido “no”. ¿No tiene la obligación de continuar con el cuestionario?

Dejando de lado la anécdota de la curiosa primera pregunta, la entrevista continuó con una serie de preguntas extrañas que, por el rigor católico, supongo habrán sido necesarias, y las cuales no voy a exponer acá, ni sus respuestas, pues la intención de este artículo es todo menos revelar intimidades de un ser querido. El punto es que llegó un punto en que el sacerdote preguntó:

  • ¿A qué religión se encuentra afiliado?

Sí, como si fuera un club.

  • Pues, la verdad – respondí, acongojado -, no tengo afinidad por ninguna religión o creencia.
  • ¿No está bautizado?
  • Pues, sí, pero le repito que no…
  • Entonces usted es católico.

Y anotó la respuesta en su cartilla.

En fin… toda esta historia viene a que, además de la evidencia de que las cifras de la Iglesia se encuentran algo infladas en cuanto a “creyentes” se refiere, es el concepto que tiene la Iglesia de “católico”, que es todo aquel que, sin necesidad de creer, celebró en carne propia el rito del bautismo.

Al parecer ese concepto lo olvida el Papa Benedicto XVI, supongo que a convenciencia, cuando no duda en condenar a todos aquellos que él considera reprochables o de conductas inadecuadas, tan ajenos a su Iglesia, pero aún así con la creencia de que de alguna u otra forma tuviera control sobre los “católicos” – nótense las comillas… -. Como ocurrió la semana pasada, cuando acusó al ateísmo de ser el causante de monstruos como Hitler y otros en el siglo XX.

Acá viene, entonces, lo que les hablaba de los idiotas “por fanatismo”, o aquellos pobres diablos que ven su razón nublada por este flagelo. Cualquiera persona con cinco dedos de frente y algo de conocimiento histórico rebatir con facilidad el “argumento” de este individuo, y lo considero una labor tan mundana que no veo porqué debo quemarme las pestañas pensando en alguna respuesta ingeniosa para salirle al paso. No. Hoy sólo voy a decir que, si el señor Papa busca en las parroquias austriacas seguramente encontrará el nombre de Adolf Hitler como bautizado y con todos los demás juguetes.

Esa tipo de idioteces las espero de gente así, por supuesto, y la verdad ya no me molesta, pues no es el tipo de gente con la cual me juntaría, y tampoco el tipo de gente que andaría con el tipo de gente que sí me agrada. Los que escuchan sus palabras son, pues, de dudosa inteligencia, así que no hay mucho porqué preocuparse.

Lo que sí me preocupa es que muchas personas se sintieron aludidas por ese comentario idiota y armaron un alboroto. Recuerdo que esta frase fue hecha en el marco de la visita a Benedicto al Reino Unido, lo cual tuvo bastante cubrimiento mediático en todo el mundo por asuntos que no trataré acá. El revuelo se vio alimentado por las justificadas protestas organizadas por la visita del Papa cuando los escándalos de pedofilia – PROHIBIDO OLVIDAR – aún están frescos. Eso colaboró en la marcha de los ateos.

Otra de las cualidades de las que nos preciamos los ateos es de no tener profetas, mas sí personas a las cuales admiramos, y, ellos, como seres humanos, también son objeto de equivocación. Por mucho que yo admire a Richard Dawkins, el biólogo británico que dio el discurso en esta plaza londinense, opino que se equivocó. ¿Por qué? Sencillamente porque tuvo una reacción populista y demagógica. Aunque sus argumentos so perfectamente válidos y coinciden plenamente con los míos en cuanto al comentario idiota del citado líder religioso, fue en la forma en donde incurrió en un error.

Pienso así porque existen miles de formas más respetables para exponer la recurrente idiotez de un individuo que no incluyen precisamente el discurso en marchas de protesta. Existen artículos… nosotros sabemos leer; existen programas de naturaleza audiovisual, que serían muy aprovechados por nuestra habilidad para ver y escuchar. Me parece que exponer el fanatismo del Papa en este caso resultó muy… fanático, a pesar de que la razón, entendida esta como verdad, se encontraba de su lado.

Digo estas palabras sin poca queja dentro mío, y las digo porque siempre he sido de los que he pensado que las movilizaciones de muchedumbres están muy manidas, y que, como mencioné antes, hay mecanismos más ingeniosos para hacerse notar, unos más adecuados para la razón que tanto nos esforzamos en defender. Lo otro podemos dejárselo a los idiotas “por fanatismo”. Somos mucho más, y es fácilmente demostrable sin rebajarse a su nivel.

~ por Juancho H. en septiembre 20, 2010.

4 comentarios to “Sin rebajarse a su nivel…”

  1. Me acordé de una anécdota que nos contó uno de nuestros profesores en la Facultad:

    En el marco de un proceso civil, se realizaba una audiencia en la que se cuestionaba a un testigo, clave para una de las partes. En ésa época, se utilizaba la pregunta “¿jura por dios decir toda la verdad?”, a lo que el hombre respondió “no”.
    Era la primera vez que pasaba, todos los funcionarios del juzgado se paralizaron, nadie sabía que hacer. Así que nuestro profesor decidió tomar la iniciativa y preguntarle por qué había contestado que no. El señor dijo que su religión le prohibía “jurar el nombre de dios en vano” y que él consideraba que un testimonio es algo “vano” a la luz del mandamiento y que no estaba dispuesto a convertirse en pecador.
    El juez estimó que era imposible continuar con la diligencia y descartó al testigo. Mi profesor entonces sugirió que, en vez de pedirle que jurara, podía pedirle que “prometiera por dios” decir toda la verdad. El juez se negó, porque la ley no decía eso. Entonces que jure por la mamá, por lo más sagrado, por otra cosa, pero recíbale el testimonio, decía mi profe. Nada. Ni el juez cedía ni el testigo accedía. Se canceló la audiencia y se fue al traste el proceso.

    Por fortuna dijiste que estás bautizado, no vaya y sea el curita se niegue a oficiar el matrimonio…

    • Tengo entendido que este era un vicario ahí cualquiera, y que el que oficiará la ceremonia es otro tipín, porque además se quieren casar en Chía. Bastante enredado el asunto, la verdad.

  2. Jajajajaja excelente post, Juancho.

    Yo me debo confesar como un “ateo prejuicioso”. Es decir, cada que conozco una persona y me dice que es religioso o creyente en Dios, desconfío inevitablemente de su criterio existencial. Es una debilidad mía, lo sé, pero siempre las conversaciones se encargar de demostrar que el método funciona.

    Por otra parte ¡qué atropello el de este cura! jajajajaja

    Un saludo pues,

    Tomáz.

    • Creo que yo también soy prejuicioso, digamos, con todos los cristianos protestantes, porque ya están muy metidos en su película y no se puede razonar con ellos. Entonces es mejor dejar las cosas así con ese tipo de personas, cosa que no ocurre, digamos, con otras personas que sí creen en una fuerza superior, llámese Dios, Zeus o lo que sea, pero sí son razonables.

      Y pues imagínese el cuento del cura; lo que uno debe soportar… Me alegra mucho que le haya gustado mi exótica historia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: