¿Y ahora qué? (V)

"Desde el Cielo", de Bacteria. Tomado de http://www.elespectador.com

Iba a escribir esta entrada antiayer, pero debo confesar que sufrí de pereza para hacerlo y me quedé viendo una película en su lugar. Lo hice también con el conocimiento cínico de saber que lo que voy a escribir a continuación no se desactualizará si dejo de hacerlo uno o dos días después…

Pero en fin, como dijo el escultor, manos a la obra. Creo que todo el mundo conoce de sobra los acontecimientos de las últimas horas, y la caricatura que he escogido para ilustrar mi post así lo ilustra. Así que, como es costumbre en esta serie de artículos titulados homónimamente, quisiera analizar lo que probablemente vendrá, pero no a la luz de esos hechos, sino de lo que dijeron las Farc al respecto, que, a mi parecer, me parece conveniente, pues entre las líneas de su declaración se encuentra una verdad que aún insisten en ocultar.

Empecemos, pues, con citar partes del texto y comentándolas en la medida en que lo amerite.

El pueblo de Colombia y el mundo observan el triunfalismo macabro y la euforia guerrerista de la clase gobernante colombiana, hecho perfectamente reflejado en la prensa amarillista del régimen, que acuciosa ha desplegado ediciones especiales, no para lamentar la violencia y clamar por la paz, como demandan los colombianos, sino para cantar una falsa y victoriosa aniquilación de la insurgencia.

Tristemente para los señores de las Farc creo que ese “triunfalismo” lo comparte la abrumadora mayoría de las personas que mantienen algún vínculo sentimental con este país. Además, insisto que, si una persona desea alzarse en armas, es porque desea expresar de forma violenta un mensaje o enarbolar una ideología, y por ello están concientes – supongo – que morir en esa lucha armada es una posibilidad, por lo que la caída de un enemigo de tal talla como la del Mono Jojoy es motivo de celebración del adversario, que en este caso serían las Fuerzas Armadas. Creo que en ninguna parte del ius in bellum se habla de ser prudente ante el avance en contra del rival, y mucho menos albergar triunfalismos. O, ¿es que acaso ellos no celebraron las tomas de Mitú, Miraflores, Mapiripán u otras poblaciones? ¿Acaso ellos no celebran la toma de secuestrado como botines de guerra? Eso es hipocresía, y además es un argumento falaz, si es que aún pretenden la absurda idea de lograr credibilidad política en algún ámbito nacional o internacional.

Ahora, quisiera detenerme en la expresión “prensa amarillista del régimen” por un instante. Debo aclarar que, aunque alabo el cubrimiento del hecho de algunos medios de comunicación, con la inclusión de reportajes y muestras audiovisuales que se encargan de recordarle al mundo entero las atrocidades del conflicto colombiano, también debo reprobar las actitudes de un medio, en este caso El Tiempo, que sí ha faltado en prudencia en su ejercicio periodístico. Primero, el detalle de mostrar la foto del cadáver del Mono Jojoy en primera plana, ensangrentado tal cual lo trajeron del sitio del combate, es sensacionalista a todas luces; ello atenta contra un tratado de discreción que voluntariamente suscribieron los principales medios de comunicación del país, en el que específicamente se hablaba de reducir al máximo las imágenes de cruda naturaleza. Mostrarlo así, pues, no es distinto que la exhibición de un trofeo de guerra, como cuando los ingleses ponían en picas las cabezas de sus enemigos en la Torre de Londres, como advertencia. Fuera de lugar, sin duda. Y lo segundo, y aunque soy conciente de que después expresaron disculpas por ese impasse, la pregunta que rondó por Twitter durante un tiempo inquiriendo a los seguidores de la cuenta del diario sobre cómo estaban celebrando “en sus oficinas o donde se encuentren” la caída del jefe guerrillero. Seguramente la persona que controla la cuenta en tan renombrada red social recordará este tropezón toda su vida, pues fue muestra de imprudencia. Tampoco digo que las personas deben cesar en su intención de celebrar lo que les venga en gana, siempre y cuando no constituya ningún delito o atente contra la dignidad de sus semejantes. Ahora, negar que se sintió así sea un poco de alivio por el deceso de este criminal es un sin sentido, y apresurarse en condenar a todos aquellos que afirman “alegrarse” por la muerte del Mono Jojoy también lo es; se celebra, en el fondo, el hecho de que un auténtico monstruo como lo fue él no vaya a estar causando más terror, y que se alberga la esperanza de que esta inútil guerra termine en algún momento.

Continuando con el texto, creo que es evidente dónde están las preferencias de los colombianos en cuanto a los combatientes en esta guerra se refiere, y no es precisamente con aquellos que siembren el terror; por supuesto, ninguno de estos será la guerrilla, los paramilitares, o los miembros díscolos de las Fuerzas Armadas que olvidan su sagrado deber de defendernos. Así que el que los medios de comunicación corrieran con sus ediciones especiales y cubrimientos de 24 horas de los eventos no es un canto de guerra, sino de simple cubrimiento periodístico, obviamente con un tinte innegable de anhelo a que se acabe este conflicto, por supuesto, con la desaparición incondicional de esa entidad monstruosa como las Farc.

Voceros de gobierno y analistas de bolsillo nutren la pretensión que por medio siglo ha amamantado la clase terrateniente y corrompida que gobierna: exterminar por la vía militar a la rebelión insurgente.

Cuán lejos están de la realidad que representan las Farc-EP en Colombia, y su símbolo revolucionario de resistencia, guías que hoy se propagan incluso más allá de la América Latina.

Sabemos que los ejecutores de la guerra del régimen, ni por un minuto piensan que sus bombas de racimo pueden alcanzar a sus soldados y policías que permanecen como nuestros prisioneros de guerra en la selva. Nada les detiene de lanzar sus bombardeos feroces, inclusive asesinar a mansalva a sus propios hombres que dignamente han defendido sus políticas. (sic)

Debo confesar que este segmento me causó una serie de emociones difíciles de manejar, como lo es el lidiar con el cinismo de pregonar una condena contra los asesinatos a mansalva, sabiendo que, en una macabra competencia de frías ejecuciones, ellos llevarían las de ganar. Por otro lado, jugar así con los sentimientos de tantos colombianos que aún guardan la esperanza de volver a ver a sus seres queridos que permanecen cautivos en la jungla es una clara muestra de inhumanidad. Sencillo: si tanto les preocupa la seguridad de esas personas, a las que no cesan de elogiar en su texto, otórguenles la libertad como merecen sus dignos adversarios, en lugar de dejarlos pudrir en la selva.

Es cierto que a través de la historia colombiana muchos individuos con poder han cometido excesos, pero esas acciones nunca estuvieron apoyadas por un instante por el grueso de la población, quien siempre se ha mostrado presta a condenar todo acto de barbarie. No hace falta apostar en qué sería lo que preferirían los colombianos entre las alternativas de una guerra tal cual se lleva en la actualidad o un proceso de paz con la total disposición de las partes de lograr ese preciado objetivo. No me cabe la menor duda. Y, por cierto, cuando digo “total disposición” no veo por ahí exigencias de zonas de distensión…

El otro sentimiento que acudió a mí fue el de risa, pues pensar que las Farc son “símbolo revolucionario de resistencia” dibujó en mí una sonrisa, a menos que no me haya enterado que ese concepto sea ahora el de traficar droga y sembrar terror en la población sin ninguna ideología verosímil en su organización. Y el que se esté expandiendo, pues, absurdo y ridículo…

Esta es la personalidad violenta y excluyente del régimen que enfrentamos, y que pese a los avatares de la confrontación, seguiremos enfrentando mientras tengamos, como hasta hoy, el respaldo popular de las gentes humildes y negadas que engrandecen la resistencia guerrillera. Ahí está el secreto que nos proyecta al futuro tanto en las selvas como en las ciudades de Colombia.

Mientras haya injusticia, desplazados y desterrados, acaparamiento de la tierra y la riqueza, bandas de narcotraficantes y paramilitares cogobernando, impunidad, corrupción, pobreza extrema, falta de garantías para participar políticamente por la vía pacífica y democrática, y mientras haya pérdida de soberanía y saqueo de nuestros recursos naturales, ahí seguirán apareciendo sin cesar los semilleros genuinos para la existencia de las Farc-EP.

Por favor… Creo que está de más mencionar los métodos de reclutamiento de las Farc. Ese “apoyo” que ellos llaman es uno vacío y completamente condicionado y obligado. No existe una auténtica convicción de esta lucha de su parte.

Es importante que noten que las condiciones que expresan para su existencia son en su mayoría causadas directamente por ellos o participan en el espantoso círculo vicioso que evita que estos “avatares” – qué palabra tan extraña para usar en este contexto – continúen en la vida cotidiana colombiana.

No obstante seguimos reclamando una oportunidad para la paz, no para la rendición como obstinada y estúpidamente lo piensa el régimen. Lo que reclamamos ya lo comunicó con meridiana claridad nuestro comandante Alfonso Cano: el único camino es la solución política y pacífica para el conflicto social y armado interno, y en ella somos y seremos factor determinante, las demás estrategias solo contribuyen a prolongar el espiral de la guerra.

Finalmente queremos corroborar que no nos alegra la muerte de nuestro adversario. Jamás la revista y la emisora Resistencia, órganos informativos de las Farc-EP, han celebrado muerte alguna.

Por el contrario, asumimos con disciplina el pensamiento Fariano y los lineamientos del Estado Mayor y el Secretariado Nacional, que claramente y desde siempre han lamentado la violencia, y en cambio hemos defendido y propuesto el dialogo y la paz. Acaso no fue esa la inspiración de la exterminada Unión Patriótica ¿y no son los mismos lineamientos democráticos, pluralistas y pacifistas del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia?

Estamos de acuerdo en que la negociación es la única salida a este conflicto, sin duda alguna, pero en este enfrentamiento armado la intención de cada uno de los bandos es, valga la crudeza de la afirmación, doblegar al otro hasta que se rinda. Así ha ocurrido en los principales enfrentamientos bélicos de la historia. Ningún enemigo ha sido aniquilado totalmente por el otro; siempre hubo una negociación que terminara las hostilidades y sembrara las condiciones de los tiempos siguientes. No hay otra estrategia más que la de subyugar al rival cuando no existe una auténtica disposición al diálogo.

También afirman lamentar la violencia. ¿La lamentaron cuando pusieron la bomba de El Nogal? ¿La lamentan cuando hacen llover bombas hechizas sobre pueblos casi indefensos? ¿La lamentan cuando siembran de minas los caminos usados regularmente por población civil? Los lineamientos de las Farc que conocemos, pues, los colombianos, son precisamente aquellos que enarbolan todas las formas de violencia y terror.

Convocamos a la comunidad nacional e internacional a que no se deje engañar fácilmente con los cantos de sirena que han proclamado el presidente J. M. Santos desde Nueva York y sus esbirros desde los periódicos y micrófonos de Colombia.

No es por la vía de la exterminación del contrario que Colombia encontrará la paz y la reconciliación. En su momento el Secretariado habrá de comunicar la realidad de los hechos sucedidos en las selvas del sur de Colombia, por lo mismo no agregamos nada sobre estos acontecimientos. Entretanto, nos cubre el honor y la gloria de seguir luchando y resistiendo hasta alcanzar una Nueva Colombia, en paz con justicia y democracia”.

Me causa mucha curiosidad este lenguaje. La última vez que vi la palabra “esbirro” fue en un juego de video que fue traducido al castellano por españoles, y eso fue hace muchos años.

Estaremos, pues, al tanto, a ver qué dicen estas personas sobre “los hechos sucedidos” hace unos días. Es, más que todo, por curiosidad.

Lo que sigue ahora supongo será una inevitable flaqueza en la moral de la guerrilla y en sus filas. Este golpe, ocurrido precisamente en este momento, estando tan reciente la posesión de este gobierno, no debe caer para nada bien. Yo sólo espero, así como ha ocurrido siempre, que un día pueda decir que mi país está en paz, aseveración que ningún colombiano menor de 60 años ha podido hacer nunca.

Nota del autor: El comunicado de las Farc se origina de su página de Internet de Anncol, pero yo la tomé de El Espectador, copiado tal cual con las palabras en negrita.

Anuncios

~ por Juancho H. en septiembre 25, 2010.

2 comentarios to “¿Y ahora qué? (V)”

  1. Excelente análisis.

    Es una guerra atemporal, es como si ellos siguieran en la realidad de hace 30 o 40 años. Es raro que al leer el comunicado uno siente que le estan hablando de otra Colombia que existió y que ya no tiene sentido.

    • Además de ese lugar imaginario que se extrae del texto también se ve una doctrina imaginaria. En serio sería interesante preguntarle a un guerrillero raso los “fundamentos” de las Farc a ver qué responde…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: