No te abras, Europa

Incluso acá causó conmoción la visita del Papa Benedicto XVI a España, dada la evidente cercanía entre la Madre Patria e Hispanoamérica. La voz de la cabeza de la Iglesia Católica, por ende, cruzó el océano gracias a la ayuda brindada por los medios de comunicación.

Fiel a su naturaleza de personaje polémico – todo retardatario lo es -, su discurso, por supuesto, enardeció el ambiente a su paso. No hablaré de las iniciativas de feministas y homosexuales, pues sigo manteniendo mi postura que la batalla de estas comunidades no es contra el clero, sino contra el prejuicio de la sociedad, y que es en el ámbito civil donde deben desatar estas lides.

Pero sí me detendré en ciertos detalles de su discurso, cargado hasta más no poder de teología. Citaré ciertos apartados de este artículo del diario español El País, empezando por este, el cual creo reúne la idea central:

Europa debe abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo.

Fue mencionado con cierta preocupación de fondo, proviniendo de alguien que se sabe perdedor de cierto terreno. Y es que las visitas del sumo pontífice enardecen los espíritus de los creyentes, fanáticos y prudentes por igual, y procuran llamar la atención de aquellos que, como yo, les importa más bien poco lo que este individuo pueda hacer, pues nada en él me parece interesante.

Pues bien, misión cumplida, amigo Joe.

El Pontífice ha citado diversos pasajes de la Biblia para preguntarse: “¿Cómo es posible que se haya hecho silencio público sobre la realidad primera y esencial de la vida humana? ¿Cómo lo más determinante de ella puede ser recluido en la mera intimidad o remitido a la penumbra?”. El Papa se respondió: “Los hombres no podemos vivir a oscuras sin ver la luz del sol (…) por eso es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa; que esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le son impropios. Es menester que se profiera santamente”.

Llamé “retardatario” a Joseph Ratzinger, y ese epíteto seguramente recaerá en los Papas que lo sucedan, precisamente por afirmaciones como las que señalo en el párrafo anterior. Ya que él se hace esta pregunta, yo a la vez pregunto, ¿desde cuándo la realidad primera y esencial de la vida humana NO es Dios, sino la incansable búsqueda del bienestar equitativo para todos los seres humanos, más allá de toda creencia personal? Este es un mundo muy diferente al que se tenía al del oscurantismo – incluso en épocas previas – en la que los dictámenes de la vetusta institución eran incontestables; es un mundo, valga la aclaración, en aras de la civilización y, por ende, plural. Muchas personas de diversa índole son las que habitan este planeta, cada una con su particular parecer sobre la realidad, muy respetable en cuanto la sociedad así lo permita. El afán humano ya no es el de evangelizar, sino el de buscar y asegurar consecuentemente un mundo próspero y equitativo, en el que los hombres sean libres.

Sin recordar los abusos cometidos en nombre de ese Dios, Benedicto XVI ha dicho: “La Europa de la ciencia y de la tecnología, de la civilización y la cultura tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero. Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre”.

Me tomó por sorpresa su petición de “fraternidad con otros continentes”, pero estoy seguro que no se refiere a un entendimiento ecuménico entre religiones. Recuerdo mucho las palabras de Hans Küng, quien acertadamente dijo “las religiones, entre sí, sólo ven enemigos”. La trascendencia es la recalentada idea del entendimiento de lo divino, cobijado por el milagro de la resurrección de Jesús. Esa noción está más que mandada a recoger. Es en lo cotidiano, en el esfuerzo diario por ser mejores, más provechosos y más capaces, tanto para nosotros como para los demás, donde reside la verdadera trascendencia. No hay necesidad de la idea de ningún dios en esta sencilla meta. La Europa de la ciencia, la tecnología y la cultura ha demostrado plenamente capaz de alcanzar este objetivo sin rendirle tributo a una deidad, intermediada, por supuesto, por una religión.

Que esto quede claro, entonces, de una vez por todas, para todos aquellos que pasen por acá: No es la impuesta y delirante noción de lo divino donde habita la dignidad del hombre, sino en su beneficio natural de emplear la razón y la inteligencia para su propio provecho. Es allí, con el entendimiento fundamental de los derechos humanos más fundamentales, donde debe residir la consigna no sólo para Europa, sino para el mundo entero.

Así que no te abras, Europa, a ideales lacónicos y decimonónicos, para alcanzar la auténtica virtud. Que sea el progreso del hombre y su bienestar último lo que te guíe. Que habrá escollos sí, seguramente, pero recuerda que en la Historia ha habido muchos, siendo la religión, fanática e irracional, uno de los mayores.

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~ por Juancho H. en noviembre 7, 2010.

Una respuesta to “No te abras, Europa”

  1. La pagina de tu Blog se ha actualizado…

    [..]Articulo Indexado Correctamente en la Blogosfera de Sysmaya[..]…

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