Y, ¿Qué lección se aprende?

Pre – scriptum: A la hora de escribir este artículo, salió la noticia extraordinaria de que los 50 trabajadores que quedaban en la planta nuclear de Fukushima, encargados de enfriar las barras de combustible, fueron evacuados; no pude conseguir el vínculo, pero apenas pueda lo anexaré a esta parte.

Antes que nada, quisiera darles la bienvenida nuevamente a este espacio; mi larga ausencia de la lámpara se debe, entre otras cosas, a otros compromisos que evitaron me dedicara a ella como es debido, y no estaba dispuesto a escribir sólo por el simple hecho de hacerlo. No quisiera ser, después de todo, un escritor cuya vocación se traduce de la rutina.

Foto tomada de: The New York Times

El tema que nos cita hoy es, precisamente, aquel que se deduce de esta fotografía. No es mi intención, ni mucho menos, elaborar una crónica detallada de lo que está ocurriendo en Japón, sino más bien citar a un momento de reflexión que pretende trascender a las cifras que escuchamos día tras día – entre 2.000 y 10.000 muertos, un terremoto de nueve grados en la escala de Richter, 0,8 microsieverts de radiación, etc. – y centrarnos en aquellas lecciones que podríamos tomar y que nos dejarán pensando en unas cuantas cosas.

Cuando me levanté el pasado 11 con la noticia del terremoto pensé de inmediato en mi mejor amigo, quien tiene precisamente ascendencia japonesa. Lo primero que se me ocurrió fue darle todo mi ánimo a través de un mensaje en Twitter, pues juzgué imprudente llamarlo en ese instante porque probablemente él quisiera destinar su teléfono para llamadas más importantes, por ejemplo, de su familia. No sé si habré actuado correctamente, pero si me hizo ponerme en evidencia de cómo habría actuado si el terremoto hubiese ocurrido acá y si en efecto hubiese tomado las decisiones correctas. Tuve un milisegundo de pánico y luego una lluvia de ideas. Las preguntas que vinieron a mi mente creo que las comparto con muchos otros: ¿qué hubiese pasado si dicha catástrofe hubiese pasado en mi país? ¿Estamos preparados para semejante evento? Con el paso de los días, y a medida que los sucesos se iban desarrollando, muchas otras ramificaciones que se desprendían de ese nefasto día empezaron a dejarme meditabundo, como lo es el apoyo de la comunidad internacional ante estos eventos, la viabilidad de la energía nuclear, el cubrimiento de los medios de comunicación, y la misma naturaleza humana, esa que nos parece a ratos tan familiar pero que en otros nos elude por completo.

Tomada de: The New York Times

Los que hemos estado pendientes de Japón ya hemos visto imágenes como las que se ven en esta entrada casi todo el tiempo en noticieros, en periódicos, en Internet, etc. Para aquellos que aún recuerdan Sumatra y el tsunami de hace unos años tal vez se acuerden un poco de la solidaridad que el mundo entero tuvo con una población que evidentemente no estaba preparada para afrontar un maremoto y que se vio reducida en más de 200.000 personas. Veíamos las imágenes y exclamábamos porque la ayuda llegara. Igual ocurrió con Haití. Ahora, sin embargo, con Japón, uno de los países más avanzados – si no el más – en infraestructura, cultura y población, sufre esta catástrofe, y vemos ejemplos de civismo que nos conmueve de una forma evidentemente diferente a como ocurrió con los dos casos anteriores, pero que nos conmueve de todas formas: personas que, ordenadamente, acuden a los supermercados, sin atiborrarse de cosas, para procurar subsistir; autoridades que están pendientes y recurren a planes que llevan muchos años estructurándose, como preparándose para lo peor, y un deseo de volver a levantarse, como el monje de la leyenda cuya figura ese mismo amigo mío tuvo el detalle de obsequiarme en cierta ocasión.

“Si el terremoto hubiese sido aquí seguro ya habrían habido disturbios”, piensa más de uno, independientemente de su nacionalidad; la posibilidad de una catástrofe así se nos antoja tan distante que nos parece absurdo, actitud que ahora veo ridícula viendo las campanadas de alerta que se han venido sucediendo: Japón, Nueva Zelanda, Chile, Filipinas, Haití, Sumatra… ¿debo continuar? La verdad es que, y aquí hago acopio de un poco de psicología básica, la gruesa mayoría de la población está tan aterrada ante esa posibilidad que muchos prefieren descartar la idea de que eso ocurra de sus cabezas, como si la borraran de un plumazo, y cuando llega el momento… Pues, bueno, ¿debería hablar hipotéticamente? El precio de la seguridad es la vigilancia eterna, decía un reconocido dirigente del siglo pasado, incluso si se tratan de los indetectables movimientos telúricos.

Pasando a los medios de comunicación… Bueno, pues, una decepción muy grande; sólo unos pocos se salvan a mi riguroso juicio de quién apela al auténtico periodismo informativo, quién se encuentra evidentemente parcializado e indiferente y quién desea aprovecharse del recurso sensacionalista. Los medios europeos, salvo la BBC, se “rajan” conmigo. Citaré un ejemplo que, a mi parecer, debería ser de estudio en toda escuela de periodismo: en el Corriere della Sera, el diario italiano, la información sobre Japón fue durante esta semana, si acaso, inocua e irrelevante; sólo hasta el día de ayer elaboraron un artículo completo expresando preocupación porque la orquesta filarmónica fiorentina estaba atascada en Tokyo y que no podía continuar su gira del lejano oriente… che vergogna. Como si los italianos sólo tuvieran para verse su ombligo. Recuerdo esa historia de Marco Polo de cuando le platicaba a los venecianos sobre Japón, “una isla un poco más al oriente de Santorini”…

Estimo que precisamente esos medios irresponsables se sorprendieron al encontrar tanta calma, tanto civismo, tanta preparación, cuando esperaban hallar lo que suelen hallar en zonas de desastre: niños huérfanos, personas desoladas… Claro que hay de eso, se sobreentiende, pero los afectados ven más allá de la simple lente del fotorreportero y ya piensa en cómo se van a recuperar; de antemano saben que se van a recuperar – tienen que hacerlo, así como debería cualquiera – y no se detienen o se enturbian en sentimientos que sólo los obstaculizan. Pero, por supuesto, el medio amarillista quiere enfocarse y rebuscarse la historia más desagradable, el detalle que cause furor… o pánico.

Tomada de: The New York Times

Lo que me lleva al siguiente tema. El desastre propició uno mayor en potencia, y es el de una fusión nuclear. Acá sí voy a ser particularmente estricto y riguroso porque, a pesar de que me gusta estar informado, preferiría obviamente mil veces estar presente en el lugar de la noticia para hacerme a una idea de qué es lo que ocurre y elaborar una conclusión yo solito – cosa que recomiendo que se haga en la medida de lo posible -, pero si esto no se puede, quisiera que la información me llegara sin malas intenciones. ¿Cómo es que en un canal de noticias “respetable” se llaman a tres especialistas en física nuclear, cada uno con un punto de vista diferente, y, para colmo de males, la posición del canal se queda con la más turbia? Podría rebajarse esta actitud si se recurre a una o dos fuentes y hacer un paralelo, pero no veo en qué ayuda al servicio informativo el proceder de esta forma corrupta de periodismo.

Ahora, en cuanto a la crisis nuclear en sí, pues se confirma una cosa que ya se sabía desde hace muchos años: la energía nuclear NO es confiable. Una emergencia en la cual los calificativos de las consecuencias suelen ser “incontrolable”, “inestimable”, “catastrófico” siempre deja un saldo en rojo en el ámbito humano. La catástrofe que ahora afecta a los japoneses es la del terremoto y la del tsunami, pero, en el caso en que se produzca una fusión nuclear completa, esta catástrofe empequeñecería – si me disculpan el verbo – a la anterior, pues traería consecuencias que trasciende a los límites del archipiélago. Por fortuna esto aún no ha ocurrido y se hacen esfuerzos ingentes por mentener refrigerado los reactores, pero, nuevamente, es inevitable la preocupación. En momentos así es que se recomienda algo de mesura; esta tarde llegó a mi celular en repetidas ocasiones un mensaje que decía que, si iba a salir con lluvia, que usara sombrilla e impermeable porque la crisis nuclear en Japón se había “extendido a la atmósfera” y podría causar “alopecia y cáncer”. ¿Pero a quién se le ocurre mandar una cadena así? Apelando a la ignorancia de la población… Deseé en ese momento estar al frente del cretino que inició dicha cadena para poner unas cosas claras… Esos riesgos, por supuesto, pueden llegar a concretarse, pero en este momento es imposible que acá, al otro lado del charco, pueda ocurrir, sépanlo bien.

Hace unos años, cuando fui a hacer un seminario a Pennsylvania, los lugareños que nos llevaban de paseo mencionaron en cierta ocasión el incidente de la planta de Three Mile Island; lo recuerdan como “trágico” y que ya nadie “se anima a ir por ahí a menos que se con protección”, y hasta ahí quedó la conversación. Y ni qué hablar de Chernobyl. Ambos desastres fueron consecuencia de una falla – o negligencia – humana, muy diferente a lo que ocurrió en Fukushima. Lo de las otras plantas nucleares en Japón que supuestamente presentan problemas… bueno, pues son notas tan pobres como lo es la seriedad de los que encargaron esas notas. Ojalá se esforzaran un poco más.

En fin… no tengo duda de que los japoneses, emprendedores como son, salgan adelante de esto. Lo hicieron hace 100 años… Hace 65 años… Hace 15 años… Seguramente lo volverán a hacer ahora. Yo les dejo la pregunta, a la luz de todo lo que he hablado en esta entrada de mi blog, ¿qué lección han aprendido?

Tomada de: The New York Times

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~ por Juancho H. en marzo 15, 2011.

3 comentarios to “Y, ¿Qué lección se aprende?”

  1. Juan, welcome back!!
    Los japoneses nos han dado toda una lección de cómo afrontar una situación así. Sin duda, hay que estar preparado para lo que venga. Y, si no podemos luchar contra ello, tratar de reponernos lo más pronto y mejor posible. Espero que los japoneses den muestra, una vez más, de su capacidad para reponerse. Mis mejores deseos para ellos.

    • Sin duda la situación para ellos es complicada, pero como bien dices, su cultura es perseverante y saldrán adelante, superando esta tragedia.

      ¡Gracias por la bienvenida!

  2. […] Articulos Actualizados : Y, ¿Qué lección se aprende […]

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