Escatología (II)

Recurro con asiduidad a los pensamientos de Albert Einstein, no porque los considere una guía, ni mucho menos, sino que, como ya he comentado en innumerables ocasiones, las opiniones que pueda tener una persona, más si tiene un cierto brillo, una relevancia ineludible que lo torna en un individuo notable, pueden tenerse en cuenta para uno, ahí sí, elaborar una opinión propia, bien sea acatándola por completo, complementándola o bien derogándola con un punto de vista distinto. Eso, como nota al pie, es uno de los mayores valores del periodismo de opinión.

Bien, pues decía que leo los pensamientos de Albert Einstein porque admiro cómo el físico alemán lograba emplear parábolas de su materia de estudio con otros temas de interés de la raza humana. Hay una en particular que siempre me agradó, que cae maravillosamente bien como reflexión en esta época de malos presagios económicos, que reza así: “La fuerza más poderosa del Universo es el interés compuesto”, siendo que los grandes poderes financieros son capaces de desangrar a los menos favorecidos por un porcentaje más elevado en el margen. La otra frase es mucho más famosa y supongo que recurriría en una enorme redundancia si la menciono acá, pero lo haré de todas formas.

“Las únicas dos cosas infinitas son el Universo y la estupidez humana. De la primera no estamos seguros”.

La estupidez humana. Una carga que llevamos e inevitablemente ejercitamos como si de ir a un gimnasio se tratara. Es tan inherente a nuestra naturaleza que sería imposible si acaso concebir nuestra existencia sin ella, a pesar de lo mucho que despotriquemos de ella; si no fuera por ella este blog no existiría. Qué carajos, muchas otras no existirían

Pero divago. Sin duda, y como ya habrán deducido, esta entrada se origina por otra de las ocurrencias de esa ilimitada magnitud, de la cual ya hablé hace un poco más de un año, no siendo más que las que se refieren al fin del mundo. Yo imagino que los comentarios referentes a un escenario apocalíptico irán in crescendo según avancen los días y nos acerquemos a esa fecha tan maluca que es el 21 de diciembre de 2012 (compadezco desde hace un tiempo a los pobres que cumplen años ese día, mucho más si creen en las teorías del fin del mundo), por lo que este tema lamentablemente aparecerá regularmente en mis posts.

Como lo hice en ese entonces, señalo ahora la inseguridad que carcome a estos individuos, además de una crónica insatisfacción con su entorno. Las visiones del fin del mundo comparten un elemento en común, que es la presencia de un juicio a toda la humanidad, momento en que todos los pecados serán debidamente indicados y expiados. Todos los infieles – cifra que abarca la totalidad de la humanidad, pues todos somoos infieles de, créanme, más de una postura cosmológica – pagarán por su soberbia y pagarán por sus pecados, bla, bla, bla… Si se quisiera elaborar un estudio sociológico sobre esta comunidad proapocalíptica encontraríamos ínfulas de superioridad moral, dando clases de comportamiento basadas en un referente metahumano. Lo que también me da risa, además de muchas otras cosas, es que estas personas se creen preparadas para esa auditoría generalizada que ocurrirá en una fecha que el loco de turno considere conveniente.

Se sorprenderán al saber que yo también creo en el fin del mundo, pero ésta carece completamente de la parafernalia religiosa que adorna a todas estas teorías… bueno, salvo que encuentre mi fin en una explosión de una fábrica de fuegos pirotécnicos o algo por el estilo. El fin del mundo, para mí, será mi muerte. La mía. La de alguna persona que estime, fuera de darme muy duro, no anulará de inmediato mi existencia. Recuerdo cuando estaba en mi época de universidad es la que compartía salón de clase con un seminarista, y solíamos tocar todos estos temas, de cómo a mí me causaban tanta gracia y a él, que soportaba mis comentarios estoicamente, cómo le tocaba estudiarlas. Siempre fue interesante charlar con él porque, a diferencia de cualquier prejuicio, había mucho de racionalidad en sus pensamientos: sostenía que, a diferencia de lo que creen los deprimidos y alcornoques defensores de la “segunda venida”, el libro de las Revelaciones cristiano no es más que un extenso, complejo y casi inentendible poema sobre la muerte del individuo; lo que están escritas en esas páginas no son más que, según él me contaba y sostenía en su personalísima opinión, los últimos momentos de la vida de Juan, el autor del libro, y que alcanzó a “detallar” en el Apocalipsis. Cosa curiosa, que supongo jamás llegó a imaginar el tocayo, si acaso existió, fue que su obra se convertiría en el thriller más exitoso de la historia de la humanidad.

Así que concluyo mi escrito de hoy con una sugerencia a todos aquellos que ven este escenario como algo posible – y esperado -: vivan la vida; quítense la sudadera, salgan un día a caminar, abran su mente a las razones y busquen aquellas cuestiones que les hagan felices. No sean tarados y abracen una mórbida y macabra edición de un mundo sumergido en las llamas, con “indignos” chamuscándose, o lo que sea que ustedes imaginen que será el final. Porque de eso se trata todo eso, ¿no? De un mundo que ha ido a mal según su perspectiva, según su opinión. No sean estúpidos, por favor, pues, de empeñarse en serlo, no encontrarán techo a esa cualidad; bueno, al menos así lo decía Einstein…

~ por Juancho H. en septiembre 15, 2011.

3 comentarios to “Escatología (II)”

  1. El “thriller” más famoso de la humanidad es el de Michael Jackson.

  2. Te he leído, recordando viejas conversaciones hará año y medio… y he creído conveniente comentar algo este post. He leído varias veces el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, y aunque siempre había creído que se trataba de una profecía, una “iluminación del apóstol San Juan”, en una de las últimas lecturas que hice, constaté lo que hace ya muchos años había constatado San Agustín: el Apocalipsis es un libro litúrgico. El fin de los tiempos no tengo ni idea de cómo será, pero el Apocalipsis tiene la estructura de la Misa. Es una Misa lo que narra el apóstol Juan.

    Y sobre los nuevos “milenaristas” del siglo XXI decir que bien es seguro que el fin del mundo será un fin físico. Aunque espero (con una esperanza teológica también) que antes del fin físico del mundo (por ejemplo que el Sol “adhiera a su masa” el planta Tierra) nos haya llegado el fin metafísico, es decir, que si la segunda venida es cierta, no nos pille estando vivos.

    Un saludo.

    • ¡Hombre, pero qué agradable sorpresa! En serio que sí. Sí, ya hace mucho más de un año que no conversamos. Espero todo ande bien en tus proyectos.

      No tengo mucha experiencia en misas, por lo que considero mucho más que respetable tu punto de vista con respecto a la Revelación. Lo que sí me causa curiosidad es tu esperanza de que la segunda venida “no nos pille vivos”. ¿A qué se debe eso? Me encantaría que lo compartieras.

      Un saludo para ti también.

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