Crisis

De toda crisis nace una oportunidad, aseguró en alguna ocasión Albert Einstein. Su mensaje, plagado del optimismo que le caracterizó cuando opinaba de diversos temas no relacionados necesariamente con la física, es incluso un cliché en el mundo empresarial, una frase de cajón en la vida cotidiana y un éxito para crear imanes destinados a la nevera de alguna venerable anciana.

La verdad sea dicha es que la máxima del celebrado Nobel alemán está incompleta; la oportunidad se cosecha de las crisis, verdad, pero con unos requisitos que con constancia eluden el entendimiento humano: perseverancia, emprendimiento, confianza…

Estas condiciones se tornan incluso más elusivas si la crisis afecta a un grupo de personas de tamaño considerable. Entre más grande el grupo menos se asemeja a ese deseable cúmulo de colegas trabajadores enfocados en la prosperidad – común e individual – y sí se parece más al grupúsculo de hombres-masa al que tanto nos acostumbramos cuando, no sé, salimos a la calle a conducir, a caminar, a trabajar…

La verdad sea dicha es que el mundo vive en crisis. El tan citado término por esta época, superado en menciones quizá por el insoportable e irracional augurio del fin del mundo al final de este año, ha perdido todo su significado debido a su sobreuso. El hombre se ha acostumbrado a ver crisis a su alrededor y ha aprendido a convivir con ella. Ven en las noticias que un país europeo entrará en cesación de pagos en algún momento, siempre acompañada de la insalubre palabra, y se piensa, incluso en un ámbito inconciente, “estamos en crisis…¿y?”

La crisis a la que me refiero no es aquella trillada y mediática expresión de que el dinero no está siendo usado como debería, sino que esa profunda depresión en la que nos encontramos nos cobija integralmente como especie. Un día un hombre despierta y se da cuenta de que no es la persona que quisiera ser y dice “debo remediarlo”, pero por fuerza de costumbre nos hemos vuelto en una especie procrastinadora, que prefiere que el inexorable paso del tiempo determine el destino de lo que debimos tomar en rienda hace mucho.

La verdad sea dicha, quién sabe si en algún momento nos interesó tener el control de ese concepto metafísico que engloba la pregunta de “¿a dónde vamos?”. Somos la especie dominante del planeta, sí, y a la vez tenemos la noción de que lentamente nos envenenamos – en el ambiente, en telebasura, en sentimientos indeseables… – y continuamos así, viendo un alud de comedias de situación y sintiéndonos así sea por casualidad identificados con los caricaturescos personajes, inspirados en la realidad, ese guarismo que ni la ficción más elaborada puede superar.

Pero sí hay una solución a esta crisis. Es una labor monumental, pues hablo de un daño que se ha arraigado en nuestro ser desde hace muchísimo tiempo, tanto que incluso nos llega a definir; una especie de pecado original, si quisiéramos hablar en términos más exóticos y aparentemente profundos. La solución es el sentido crítico y el desarrollo de un espíritu emprendedor; no hablo de moralidad, pues pocas cosas hay tan relativas – e igualmente trilladas – como ese concepto que en la actualidad parece adoctrinar más que normalizar. El sentido crítico y el emprendimiento se adquiere, eso sí, mediante la educación, corroboración, lectura, discusión, apertura de mente…

La verdad sea dicha, la verdadera crisis es que no sabemos cuál es la verdadera crisis.

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~ por Juancho H. en febrero 28, 2012.

2 comentarios to “Crisis”

  1. La crisis, Juan Dario, es de los inteligentes. Una de las mejores frases que he escuchado en mida ha sido sobre la crisis constante de los inteligentes. “El día que deje de tener preocupaciones, preocúpese, porque se volvió estúpido” la crisis nos acmopañará mientra tengamos consciencia de nosotros mismos y un cerebro que nos relacione con el entorno. Preocupémonos el día que no haya crisis, porque va a ser muy aburrido. Excelente entrada, un abrazo y felicitaciones por tan buen blog!

    • Muchas gracias, Alejo; procuro escribir más seguido. Por cuestiones de tiempo lo había dejado, pero espero seguir sacándole tiempo. ¡Un abrazo y mucha suerte con ese estudio y ese francés! 😉

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